El día en que los hombres perdieron su erección


 
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Por: | 31 de octubre de 2013
 
 Por Oswaldo de Rivero
 
En las entrevistas de prensa sobre mi novela La isla de Príapo, la pregunta común fue: "¿cómo un diplomático que ha escrito libros sobre relaciones internacionales ha llegado a escribir una novela tan insólita sobre una pandemia que hace perder la erección a todos los hombres de la Tierra?
La isla de Príapo no está desconectada de mi experiencia diplomática, porque los últimos años de mi carrera estuve involucrado en las infernales guerras civiles de Liberia, Sierra Leona, Somalia, Dafur y el Congo. En todos ellas, la atrocidad más constante tenía que ver con la erección. Eran violaciones seguidas de muerte y cuando no lo eran, las mujeres sobrevivientes y sus niños se convertían en parias que terminaban poblando los campos de refugiados.
 
 
Priapo
En la mitología griega, Príapo era un dios de la fertilidad. En este fresco pompeyano, Príapo pesa su miembro junto al fruto de su tierra. 
 
Cuando preguntaba a las organizaciones humanitarias ¿por que la violación es la atrocidad más frecuente en los conflictos?, la respuesta era siempre más o menos la misma: "para combatir se necesita testosterona y el combate armado produce más testosterona. En un mundo así, no hay seguridad para las mujeres".
Entonces me pregunté cómo sería el mundo si la testosterona no funcionara, si todo el género masculino se volviera impotente y perdiera su arma más poderosa.
 

Y entonces me reinventé y en vez de escribir otro libro sobre relaciones internacionales, disciplina que no puede explicar por qué se viola a las mujeres en los conflictos armados, me lancé a escribir esta ficción donde se narra un mundo atacado por una pandemia global de disfunción eréctil grave.
Para imaginármelo, consulté a urólogos, sexólogos y psiquiatras amigos.
Lo primero que me dijeron fue: "Oye. Oswaldo. ¿te pasa algo?". Y yo les contesté que solo quería escribir ficción.
Lo cierto es que no me dieron información alguna porque ninguno de ellos se imaginó un mundo sin erección.
Entonces tuve que imaginármelo yo, a través de mis personajes. Al aparecer, cada uno de ellos me iluminaba sobre este nuevo mundo lleno de situaciones inimaginables y apocalípticas que me sorprendían y también me divertían.
Uno de mis personajes, el famoso sexólogo Magnus Boler, me ayudó mucho a desarrollar la novela con su escueto mensaje sobre la nueva situación mundial, que decía:
1. Homo sapiens masculino que producía en una sola eyaculación unos setenta millones de espermatozoides, cada uno con veintitrés cromosomas y unos 30 mil genes, ha dejado de funcionar atacado por una extraña disfunción eréctil grave.
2. Sexo masculino impotente y sin agenda reproductiva comienza a perder el control social que ejercía después de más de diez mil años de poder patriarcal.
3.Homo sapiens femenino, que dedicaba 266 días al embarazo, se encuentra liberada de esta función reproductiva y está cada vez más activa en todos los ámbitos de la sociedad y la política.
4. Desde hace seis meses no se oye en la Tierra un solo llanto de recién nacido.
Este mundo que deriva hacia el matriarcado y sin reproducción humana me inspiró una travesura narrativa: hice que se descubriera, en una isla perdida en el Océano Índico. a tres hombres que no estaban afectados por la pandemia de impotencia -tres científicos eréctiles y seductores-, los únicos en todo el planeta.
 
 
  Portada-isla

Entonces, la narración devino en un torrente de aventuras y desventuras de tres eréctiles en un mundo con 2.000 millones de mujeres en edad reproductiva y, además, en abstinencia.
Y aquí me detengo, no sin adelantaros que ninguna droga resultaba efectiva y que el pánico ante una posible extinción de la raza humana crecía y se expresaba en manifestaciones de protesta que exigían medidas a sus gobiernos. 
 
 

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