Manía beatle o la erótica del rock - 01 de octubre de 2013


Por: Anne Cé  
     
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"Una vez tuve una chica... ¿o debería decir que, una vez, ella me tuvo a mí?", canta John Lennon en la primera estrofa de Norwegian Wood, la canción de la madera barata y la chica que lo manda a dormir a la bañera. La 'madera noruega' del título solo es una elegante manera de decir 'pino barato', porque de pino barato estaban hechas todas las casas de la clase media británica en los 60, como cuenta Paul McCartney.


Groupies beatles
Desborde 'hormonal' por The Beatles a las puertas del Buckingham Palace, en 1965.


Según parece, John escribió la canción, en 1965, recordando una noche algo torcida en la casa de una chica que no tenía ni una silla. Y puede que, efectivamente, lo de quemar el pino barato porque a uno le han dejado solo, abandonado en el baño, no sea más que un metafórico remate producto de la imaginación de Paul. En tanto, de George fue la idea de acompañar los potentes rasguidos de John con sitar (el primer sitar de Los Beatles, el primer sitar del rock, el que pondría la piedra fundacional de la música psicodélica). Y de Haruki Murakami, la ocurrencia de titular una novela de amores contrariados con el título de aquella canción de The Beatles, porque al narrador le recordaba los tiempos de su educación sentimental.
Y aunque en la noche de marras John no tuvo suerte, cierto es que, en 1965, los veinteañeros ya tenían sexo sin casarse en Liverpool, Londres y puede que en buena parte de Occidente. Pero no hacía mucho que habían estrenado semejantes libertades...

En estos días de homenaje a The Beatles (la semana que viene, John cumpliría años), recordamos en este blog un post en el que nos atrevimos a poner un mojón en el devenir del eros contemporáneo. El origen del sexo dataría de 1963, según reza la contraportada de Chesil Beach, la novela de Ian McEwan en la que relata el encuentro/desencuentro de dos jóvenes "instruídos y vírgenes" de luna de miel en la playa de Chesil. En el libro, publicado por Anagrama, los editores adhieren a la idea de este preciso y curioso punto de partida: "Es un día de julio de 1962, un año antes de que, según Philipp Larkin, en Inglaterra se empezara a follar, cuando El amante de Lady Chatterley aún estaba prohibido y no había aparecido el primer LP de los Beatles".
Por regla de tres, Los Beatles marcarían nada menos que el antes y el después del sexo en Occidente.


Groupies
'Groupies' de los chicos de Liverpool. 


Ilustrativo es el fragmento de las memorias de Pattie Boyd, la primera mujer de George Harrison y luego esposa de Eric Clapton, sobre la generación anterior: "Mis padres se casaron siendo jóvenes e inexpertos y, como cientos de otras parejas casadas durante la guerra, apenas sabían nada el uno del otro cuando llegaron al altar. Mi madre tenía 17 años cuando conoció a Jock Boyd en el baile de Somerset. El tenía 23 y estaba despampanante con el uniforme de la RAF (Royal Air Force), con sus relucientes botones de latón y las alas doradas en el hombro izquierdo. Bailaron toda la noche y después de dos breves encuentros más, Jock le escribió y le propuso matrimonio".
Un par de décadas después, los europeos tenían encima los irreversibles tiempos del swinging London, con fondo de más guitarritas acústicas, alguna distorsión, flequillos mod y canciones de amor en british english. Hedonista, el swinging London, bautizado así por la revista 'Time' en 1966, desafiaba la flema británica y agitaba a los jóvenes para que disfrutaran de la vida y el sexo.
Plenos 60. John, Paul, George y Ringo tampoco paraban pero también se casaban, como buenos Lords. Eran los más sexies del planeta (o gozaban de todo el plus fálico que les da el rock a los que lo empuñan) y a eso le añadían esa bonhomía nueva de la espiritualidad y de querer cambiar el mundo... como para no provocar fervores.

 

'Take four ', 'No, ok... wrong' ('Toma 4', dice alguien. 'No, ok -dice John, arranca y vuelve a cortar- incorrecto'). Deliciosa guitarra acústica, la de John, que canta, acompañado por George al sitar.


Dicen que, por entonces, su manager Brian Epstein intentaba evitar que las fans supieran que los chicos tenían novias firmes, a pie de altar, pero la cosa igual se filtraba y entonces las gritonas odiaban con uñas y dientes a Maurenn Cox, la novia de Ringo Starr; Cynthia, la mujer de John Lennon; Jane Asher, la novia de Paul McCartney, y por supuesto a Pattie Boyd, la guapísima novia de George Harrison.
A propósito, cuenta Pattie Boyd en Un maravilloso presente, su autobiografía, publicada en 2009: "Los fans nos hacían la vida inaguantable. Solía recibir cartas insoportables, sobre todo de chicas norteamericanas. Cada una decía ser la novia legítima de George y que si no lo dejaba en paz, me echaría una maldición o me mataría. Una noche fuimos a ver a The Beatles al Hammersmith Odeon. Al salir por una de las puertas laterales nos siguieron unas cinco chicas. Yo iba disfrazada, pero debieron de reconocerme porque tan pronto como nos metimos en el callejón que había a un lado del edificio, se abalanzaron sobre mí y empezaron a darme patadas. Uno de seguridad agarró a una de ellas y me la sacó de encima, pero ella forcejeó como una gata salvaje y le arrancó un buen puñado de pelo. Casi me mata".


Pattie george
George y Pattie. El 'glamour hippie' de los 60.


George, el más joven de The Beatles, tímido, siempre con varios frentes abiertos, intentando colar alguna canción suya entre la delgadísima brecha que dejaban los egos de los dos líderes, compensaba su condición de segunda línea en la música con sus dotes de Don Juan adorable e irredento, quizá el que más. Mujeriego incansable, aunque su segunda esposa y madre de sus dos hijos, Olivia, soslaye el tema en George Harrison: living in the material world, el imperdible biopic de Martin Scorsese que ella misma financió.
Pattie Boyd sí que lo comenta al hablar del declive de su pareja, en parte provocado, según ella, por la inmersión hinduísta de George: "Me había dejado atrás, o tal vez yo había elegido quedarme atrás. No quería pasarme todo el día salmodiando. George lo hacía obsesivamente durante tres meses y luego se volvía loco. Quería alcanzar el plano espiritual al que aspiraba, pero los placeres de la carne eran demasiado tentadores".
De aquel amor quedaba Something, una canción de amor a Pattie que por fin puso a Harrison en el Lado A de un single de The Beatles y que tiene una cadencia erótica que la ha hecho la segunda más versionada del grupo de todos los tiempos, después de Yesterday.



'Something', la canción de George que Pattie asegura que le dedicó a ella, mientras él decía que al componerla había estado pensando en Ray Charles. Esto, después que cortaron, claro.


Pero volvamos al momento culminante de la 'tentación de la carne' y el afán coleccionista de mujeres de Harrison que fue,  según la leyenda, el romance de George con la novia de toda la vida de Ringo, Maureen. Lo comenta Diego Manrique en este diálogo con Carlos Boyero: "... destroza a Ringo Starr con un affaire con su primera novia, la de toda la vida, Maureen. Su gran amigo, el que hace pandilla con él frente a Lennon y McCartney, va y le cuenta que aunque puede tener a la mujer que le dé la gana se ha encaprichado precisamente de la suya. Tremendo. Al final, lo que ves es que entre ellos había algo realmente indestructible. Basta con el detalle final de Ringo relatando cómo se despide de él antes de morir".
Pattie también 'cambió de manos', de las de un guitarrista a las de otro, del tercero en discordia al Dios blanco del blues, o sea, Eric Clapton.
Justamente de la adopción de la erótica masculina por parte de las chicas de los 60, hablábamos en este post  y a propósito del trío Harrison-Boyd-Clapton. Porque en el documental de Scorsese, Clapton cuenta que él le confesó a George el amor por su mujer, a lo que George respondió: "Quédatela" (un imperativo frente al que cualquier mujer de esta época exclamaría: "¿Pero quién eres tú para cederme?").
Y así fue como Pattie inspiró no solo Something de Harrison, sino también Layla de Clapton. Una musa del pop fundacional que también puede haber inspirado aquel duelo de cuerdas en el el Friar Park que ella misma relata: "En cuanto cruzó la puerta, George le dio una guitarra y un altavoz, como un hombre del siglo XVIII podría haber ofrecido una espada a su adversario, y durante dos horas, sin pronunciar una sola palabra, tocaron a dúo. Se notaba el aire electrizante y la música desbordaba de emoción. Cuando terminaron, no dijeron nada". Eric venció a George y ella se convertiría en la mujer de Clapton. Algo más de una década después, sin embargo, se juraría a sí misma no volver a salir con un rockstar.



Tráiler de 'George Harrison: living in the material world', de Martin Scorsese.


A propósito, en la entrada en la que comentábamos el filme de Harrison, citábamos a Elena Lasheras, la librera feminista de Mujeres de Madrid para el portal periodismohumano.com: "(...)Yo sostengo que el Mayo del 68 y el amor libre fue muy deslumbrante, pero que lo que se estaba sosteniendo era una sexualidad masculina. Y con el paso del tiempo hemos descubierto que son sexualidades distintas...".
Los tiempos han cambiado, ciertamente, pero la erótica del rock sigue enhiesta (baste ir a un recital de los Arctic Monkeys, por ejemplo, y ver a las groupies desfalleciendo de pasión por ellos, en postales sin tiempo).
Y ellos siguen saliendo con modelos, aunque difícilmente tengan que encerrarse en los baños de los hoteles "para esperar a las chicas", como dijo alguna vez Lennon. De nuevo, el baño.

Fuentes: http://blogs.elpais.com/eros/2013/10/beatles.html#more


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