Abre las piernas

 
ENLACE A LA NOTICIA

Por: Anne Cé | 30 de diciembre de 2013
   
¿Podríamos abrir nuestro blog con imagen más tentadora que la de esta pierna flexionada que deja intuir regiones y roces? Cómplices, pícaras. Piernas. Las chicas sabemos frotarnos las piernas en situaciones sociales formales, con disimulo; con los muslos en tensión podemos acariciarnos por debajo de la falda. Sonreímos: ya no nos regañarán como a las niñas a las que les corrigen el tic todo el tiempo, para que no sean "impúdicas".

Piernas_Eros_tex
Ilustración original de Daniela Guglielmetti (del colectivo 'Dibujo a domicilio'). 

A veces nos ponemos medias con ligueros y sentimos cómo se cuela el aire fresco en el último tramo de las piernas y su recorrido final. Qué placer. Eso, sin siquiera rozarse con alguien. Ni hablar del goce infinito de hacer el amor con las medias puestas, con las ligas apretando los muslos y de ahí hacia arriba, el contraste de la libertad.
Empezamos por las piernas y acabamos en las piernas. ¿Qué hay de las posturas eróticas en que las piernas son las protagonistas?

Sus piernas, mis piernas. Tocarlas por debajo de la mesa, distraídamente, sin querer o queriendo; en cualquier caso, detenerse. Chocar rodillas y quedarse o estirar los tobillos -frotar ligeramente tobillo contra tobillo-.
 
Christopher Robbins_Photodisc_Getty Images
Cristopher Robbins (Getty).

También sueles tocarle la pierna, suave, mientras conduce, por ejemplo, y subes por el borde interior de los muslos... O, ya entrada la noche y los bares, en un buen largo beso, él se atreve a deslizarse con mano erecta por dentro de tu falda, haciendo de cada centímetro de tu pierna una travesía inmensa para tus urgencias, pero necesaria.
Comenzamos en piernas y terminamos en piernas cuando, después de orgasmados, ambos boca arriba, dejamos la mano en su pierna y él en la nuestra. O simplemente nos hace un mimo final, postclimático, con dedos cariñosos sobre nuestras piernas que vuelven a erizarse.
Hoy no vamos a abundar en teorías algo demodées acerca de orgasmos clitoridianos y vaginales, pero sí sobre posturas, sobre las que nos gustan a las mujeres. A propósito, interesantísimo el libro ¿Qué quieren las mujeres? de Daniel Bergner, sobre las últimas revelaciones científicas en torno al deseo femenino (volveremos a él en futuros posts). Bergner reseña un estudio de Komisaruk y Whipple que sostiene que el origen principal del orgasmo femenino es la "capa exterior acolchada de la uretra" y que han comprobado empíricamente cómo algunas mujeres pueden alcanzar el orgasmo sin tocarse, simplemente pensando en su amante o escuchando música. Dicen los investigadores que para estimular el llamado punto G durante el coito vaginal, una de las mejores posiciones es con la mujer encima.

Daniela Guglielmetti LEGS_shoes
Ilustración de Daniela Guglielmetti.

Claro, nosotras arriba: eso es lo que preferimos para nuestro placer, pero también gozamos con el disfrute de nuestro compañero cuando adoptamos posiciones de 'receptividad', una 'pasividad' que suele seguir a la seducción y los juegos previos, en los que las hembras de todas las especies toman la iniciativa y son muy activas (como lo confirman los estudios que cita Bergner en su libro).
Entre las posiciones de receptividad, hay una en que las piernas son protagonistas absolutas y es la que suelen describir como 'profunda' -o su variante, la 'mariposa'- cuando, boca arriba, apoyamos nuestras piernas en sus hombros y, así, vemos al partenaire en un plano contrapicado, en todo su esplendor erótico (Daniela Guglielmetti no podría haberlo plasmado mejor en la ilustración de apertura del post). Y sabes que a tu compañero le encanta porque te siente profundamente, que goza de un ángulo de abordaje perfecto para sentirse libre y poderoso, y entonces te besa el tobillo, que ha quedado pegado a sus labios.
'Tornillo' le llaman a una variante de legs-on-shoulders, y desde esta misma posición, él flexiona tus piernas y sin dejar de penetrarte las coloca juntas, ambas a un lado y el ángulo de abordaje sigue siendo perfecto y puedes seguir mirándolo, y mirándote.
Volvemos a ser proactivas: montamos su pierna, la humedecemos. O lo dejamos dormir entre las nuestras, como cantan Gustavo Cerati y Andrea Echeverri (acompaño estas líneas con una de las canciones más sexies de las que he disfrutado nunca).


 
El argentino Gustavo Cerati, líder de Soda Stereo, y la colombiana Andrea Echeverri -Aterciopelados- encuentran 'entre tus piernas' el refugio en la 'Ciudad de la furia' (versión 'unplugged' de 1996). Una de las canciones más sexies de los últimos 80 o primeros 90. Y Andrea es toda piernas en tensión.

Por cierto, el tercer libro de la serie de Dian Hanson para Taschen sobre las partes eróticas del cuerpo es un interesante recorrido por las piernas como icono de la liberación femenina, desde la Revolución Francesa a los 60, pasando por los primeros shows de cabaret del siglo XIX, la minifalda y las medias de seda de los 20 o los tacones de aguja (Venus habló, hace unas semanas, del fetichismo de los tacones).
Pero hoy aquí solo queríamos rendir un tributo a las piernas y explayarnos en sus virtudes estéticas y funcionales. No queremos hablar de besar zapatos de charol ni de cómo erotizarse con los espacios entre los deditos de los pies, ni de piernas a rodajas (aquí comentamos aquella bárbara moda adolescente de intentar hacerse un hueco entre los muslos con cirugía), queremos hablar de piernas desnudas, las suyas y las nuestras. Las tuyas y las mías, mojadas. 

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