Adictas a los amores interminables - 27 de diciembre de 2013



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Preparas tu nueva felicitación de navidad y te dispones a mandársela por WhatsApp a todos tus conocidos. Pero según vas pasando contactos, llegas a ese nombre: el innombrable. Y te paras, ¿se lo mandas o no se lo mandas? Es cierto que felicitar el cumpleaños y las fiestas navideñas siempre ha tenido algo de mínimo de cordialidad en cualquier relación, pero sabes que ese mensaje puede ser peligroso. Porque será una nueva ocasión para ponerse en contacto, para hablar con él, y la tentación puede volver a llamar a tu puerta.
 
Sex-in-the-city
Carrie Bradshaw y 'Mr. Big'. Esta pareja de 'Sexo en Nueva York' es una referencia de amor adictivo e interminable. 

Es casi como dejar de fumar: aunque lleves tiempo sin probarlo, basta una sola calada para volver a caer. Casi todos hemos sido alguna vez víctimas de uno de esos amores interminables. Esas historias que, por más que te alejes, vuelven una y otra vez a tu vida, y parecen no acabar nunca. Es muy difícil definirlas. No acaban de ser un 'noviazgo' que puedas medir en una medida de tiempo estable, porque se alargan en vaivenes. Pero tampoco son estrictamente un 'rollo', porque lo que os une, sea lo que sea, desde luego, es intenso. A mí me gusta simplemente llamarlas 'historias', porque son ese tipo de relaciones que marcan la historia de tu vida.
Son amores adictivos, porque se basan en el viejo de refrán de "una de cal y una de arena". Son juego y diversión, pero también son relaciones que nos hacen sacar ese lado masoquista que todos llevamos dentro. Suelen ser amores intensos, pero con la persona inadecuada. Y es que ese es el problema, por mucho que os empeñéis, no conseguís funcionar como pareja. Los motivos pueden ser muchos. Sois tan diferentes que los polos se atraen sin remedio, pero también son esas diferencias las que os hacen del todo incompatibles a la hora de construir algo juntos. Puede ser que el vínculo que os une sea muy emocional, pero por norma general, la química tiene mucho que ver al respecto. Son historias en las que lo más adictivo es el sexo.



El problema de estas relaciones es que, aunque en el corto plazo sean muy placenteras, a largo siempre acaban por lastimar a alguien. Y es que jugar con fuego es lo que tiene, que a veces quema. Puede que, incluso, a una tercera persona, si él tiene pareja, o si la que está comprometida en una relación es una misma. Pero sobre todo os acaban provocando dolor a ambos, aunque a veces a uno más que al otro. Porque duele querer estar juntos, pero no saber cómo. Y, sin embargo, a veces, ese dolor es parte de la misma adicción, y es la causa que os impide separaros definitivamente.
Otras veces, lo que los hace adictos es la aventura, el reto. La necesidad de conseguirlo, de pensar que podemos hacer cambiar a esa persona y convertirla en nuestra pareja ideal, sin entender que el amor consiste en amar al otro tal y como es (salvo algunas manías que siempre podemos limar, claro está), y que por muy especial que seas para alguien, eso no implica que deba de cambiar su forma de ser y de pensar por ti. A veces es tan simple como entender que no estáis hechos para estar juntos, por mucho que os empeñéis en lo contrario.
 

 
Aun así, aun sabiendo que es dañino, que os volveréis a enganchar el uno al otro, y que acabaréis lamiéndoos las heridas en soledad una vez más, no se puede evitar pensar en todos esos buenos momentos que habéis compartido juntos. Y cuesta pensar en porqué lo dejasteis la última vez, en si el motivo era lo bastante bueno como perder todo eso, en si es posible que hayáis madurado lo suficiente como para volver a intentarlo, en si las segundas, terceras o decimocuartas oportunidades pueden ser buenas, o en si quizás estés dejando escapar al amor de tu vida.
Cuesta asumir que no puedes tener algo que deseas con todas tus fuerzas. Pero en realidad, madurar es eso. Asumir que hay gente que se cruza en tu vida para hacerte aprender y experimentar muchas cosas  pero que no lo hace para quedarse para siempre. Que debes dejarlos ir, para dejar espacio a todo lo nuevo que aún está por venir. A veces las historias son intensas, precisamente porque tienen fecha de caducidad, pero si las consumes después de esa fecha, acaban por sentarnos mal.
Hay que aprender a decir 'adiós', y no quedarnos siempre en un ambiguo 'hasta pronto', para guardar con cariño los mejores recuerdos. Puede que Mr. Big y Carrie tuvieran su final feliz, pero en la vida real no todo es como en las películas. Fuera de la ficción, a veces cada cual debe hacer su propio balance, sacar sus conclusiones, y ser valiente a la hora de tomar decisiones difíciles.  Y si es necesario, en Navidad, pasar de largo de ese nombre en tu lista de contactos de WhatsApp, y pensar que el año nuevo te deparará muchas nuevas sorpresas, por las que sí merecerá la pena volver a arriesgarse.

Adios carrie mr. big
Escena de la serie Sexo en Nueva York

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