Dándonos placer nos autoexploramos - 11 de diciembre de 2013


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Por: Anne Cé | 11 de diciembre de 2013
 
 
El tabú de la masturbación femenina ha ido unido a la reticencia de muchas mujeres, sobre todo las mayorcitas, a reconocer que usan juguetes eróticos o, directamente, su resistencia a usarlos. Yo misma era de las que creía que "eso" no me hacía falta de ninguna manera. Escribir en este blog y asistir a eventos promocionales me ha puesto frente a frente con el objeto y ya puestos, para qué quedarnos con la duda ¿no?
Es cierto que para empezar el día con uno o con dos orgasmos -algo que me parece que he recomendado ya en este espacio- no hace falta ningún accesorio. Y en esto no hay vallas generacionales, aunque creo que solo las muy jóvenes hablan abiertamente del asunto.

Atosatisfacionfemenina-elrubencio
Ilustración original de El Rubencio. 

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?, es la típica pregunta en redes sociales y páginas de contacto y la mayoría de las veces las respuestas son olvidables. Sin embargo, un día reparo en dos o tres, del Tuenti, porque me hace gracia el desparpajo femenino.
Las chicas, tan sueltas, largan allí cosas como: "quedar con colegas, masturbarme, vamos, lo normal a los 18 años". Sonrío: por fin las mujeres ya pronuncian la 'masturbación' sin ruborizarse, como una palabra y una actividad que les pertenece tanto como a los chicos. Y seguro que, gracias a sus juegos sin repre, saben 'escuchar' a su cuerpo.
Entonces, pruebo el artefacto: sí, por curiosidad y porque ya he advertido la cara de desconcierto de mis amigas más jóvenes (sobre todo, las chicas gays) frente a mis argumentos en contra de aquellos "plásticos innecesarios" para la autosatisfacción.
"Si es que podemos autocomplacernos sin necesidad de juguetes", les decía, y "en todo caso, siempre habrá frutas y verduras para quienes necesiten suplementos", alegaba yo, como salida de las cavernas. A propósito, y esto fuera de broma: ya hay un aparato llamado dildomaker que 'modela' frutas y verduras para fines eróticos (como aquellos cortadores de zanahorias en forma de flor y huevos en rodajitas). También hay cajas personalizadas y casi lo que se nos ocurra, como bien sabe Venus, que es probadora de juguetes sexuales.
No está de más recordar que la invención del vibrador femenino marcó un hito en la historia de la (in)comprensión del sentir femenino, de sus deseos y sus habilidades, tal como nos contó Tatiana. Esa brecha que comenzó a abrirse con algunas señoras burguesas insatisfechas yendo al médico a aliviar sus 'neurastenias' en la Inglaterra victoriana se volvió abismo hacia los años 60 del siglo XX, cuando las mujeres europeas y americanas proclamaron su derecho a la libertad, y al disfrute.
Para los que quieran recordar un poco el asunto, allí está la amable Hysteria, una película de Tanya Wexler, con Maggie Gyllenhaal, que narra con picardía parte de nuestra Historia como sociedad. Ambientada en torno a 1880, año del que data el diseño del consolador eléctrico femenino de Joseph Mortimer Granville, la cinta da cuenta de la generalizada necedad masculina de aquellos tiempos y de la llegada del plumero adaptado, sí, un plumero, fácil de manejar y transportable.

Hysteria
Llega un médico nuevo, de muñeca hábil, para atender a las señoras insatisfechas de la Inglaterra victoriana, según 'Hysteria'.

Aquí hemos hablado de la edad de piedra de la autocomplacencia femenina y de los 'masajeadores', en varias ocasiones, y he de reconocer que llevamos unas cuantas semanas muy 'onanistas', con los tests de Venus y las propuestas de Silvia, empezando por la recomendación de dejar de llamar 'consolador' al vibrador.
A lo que iba yo es a confesar que, ya en los albores del siglo XXI, probé el vibrador y que no está nada mal... Y aunque no pertenezco de la generación que rinde culto a la juguetería erótica, puedo asegurar que tan errados no están los fabricantes ni sus usuarios/as. Resulta saludable sacudirse algunas certezas pasadas de moda, dar al botón de refrescar y desafiar todos los "monos", como dice la terapeuta norteamericana Esther Perel: "la monogamia, la monotonía, el monopolio, el monteísmo, el monolingüismo, lo monolítico, el monólogo", porque "lo erótico es una invitación a lo plural", con o sin juguetes.

Black-swan-cisne-negro-natalie-portman-masturbandose
'Cisne negro'. La bailarina que interpreta Natalie Portman en una escena de autosatisfacción, en la misma habitación que tiene desde niña.

Y además de sacudirnos el mono o los monos, los juguetes sexuales pueden ser aliados para el autoconocimiento y la exploración de nuestro cuerpo. Días atrás, leyendo el interesantísimo post Dos tipos de eyaculación femenina: uno sí es pis, de Pere Estupinya, me di cuenta de que los momentos en que más conscientes somos de nuestras sensaciones físicas es cuando tenemos un orgasmo a solas.
La autosatisfacción nos permite prestar atención a las inmensas ganas de hacer pis que nos provoca la turgencia de la zona genital, seguramente presionando la vejiga, y lo excitantes que suelen ser 'esas' ganas de hacer pis (¿alguna vez hemos hablado de esta fantasía que a muchos parejas les gusta llevar a la práctica?). Como si esto fuera poco, dándonos placer a solas podemos constatar que nuestra eyaculación es otra cosa: un líquido mucho más denso y escaso (como confirma Estupinya) cuyo punto de origen podemos rastrear en los juguetes y que no está lejos de la zona del llamado Punto G. Pura evidencia.

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