¿Para qué evitar la masturbación?


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Por: | 30 de enero de 2014
 
En este blog somos buenas cultoras de la autosatisfacción, en femenino, masculino y plural. Así es que, ayer, nos sentimos algo perplejas cuando las redes sociales estallaron con la advertencia del periódico ABC que, con patrocinio de la Universidad de Navarra, nos avisaba que la masturbación es una actividad poco "constructiva" que hay que evitar.

A solas
Dibujo a domicilio.

Lo primero que se me vino a la cabeza cuando leí lo de "evitar" fue la escena del niño con las manos atadas en La cinta blanca, película con la que el inefable austríaco Michael Hanecke intentaba una explicación de cómo una nación puede llegar al nazismo. La cinta... mostraba la vida cotidiana de una sociedad obediente, reprimida y represora, donde nadie se salía del único carril trazado, en los años previos al Tercer Reich. Por la grandeza de la patria, o contra la vergüenza de la familia, o para aprender a recorrer el recto camino de la disciplina, un púber estaba toda la noche amarrado a la cama, sin sucumbir a la tentación de tocarse 'ahi', puro como la nieve blanca de la desolación alemana frente al autoritarismo.
Pero no me quise poner tremenda e intenté reconstruir las fantasías de mi última sesión a solas, que había tenido lugar apenas un rato antes de leer la recomendación de ABC. Creo que, en esta ocasión, probé escenas de una peli en la que una chica se rompía las medias con un rasguño de sed (avisando a su partenaire de que no estaba dispuesta a perder más tiempo), mezcladas con palabras en rioplatense básico -seguramente provenientes de alguna charla reciente- e imágenes del chico que me gusta a esta misma hora. Sin dudas, una actividad cerebral constructiva, lúdica, creativa y que dio paso a un par de sanadores orgasmos, antes de sentarme a escribir. Una suerte de reset de placer. 
 

Tráiler de 'La cinta blanca' de Michael Hanecke. Recta disciplina de manos atadas contra la tentación, o la manera más directa de llegar al nacionalsocialismo. 

Mientras tanto, ardía Twitter y brotaban (o chorreaban, con perdón de los expertos de Navarra) propuestas 'superadoras' como esta.
Pensé en Venus y en su insistencia sobre lo gozoso y saludable que es el sexo a solas. Ayer mismo nos comentaba que intentó el 'no fap challenge' (no masturbarse por una semana) para mejorar la concentración -o algo parecido prometen los que proponen el reto- y que solo duró cinco días en el desafío... pero eso se los contará ella, con más detalles.
Pensé en la libertad de confesar las fantasías al que las provoca, porque creamos así un espacio de complicidad afectiva: decimos piropos lindos y nos acercamos, con cariño. Hace poco, le confesé a alguien que al día siguiente de una tranquila charla de café, antes de cualquier approach, me había recreado en él (en sus manos, en su boca, en su voz, en sus hombros) para mi sesión de autosatisfacción.
Pensé en lo que les pone a los hombres que les contemos que orgasmamos por nosotras mismas.
¿Puede haber algo más saludable que el orgasmo y algo más sano que saber procurárselo, conociendo el propio cuerpo? Hay, incluso, quien dice que el clímax femenino es más potente sin penetración, porque las paredes de la vagina se contraen sin el límite de un cuerpo llenando ese potente vacío.
También es compartir. A mí me encantaba que un novio lejano que tenía me contara los detalles de sus fantasías, su recuperación de los recuerdos de las veces que habíamos hecho el amor, ahora aprovechados en la singularidad de la distancia, el diálogo romántico, su estar a solas conmigo sin mí...

Natalie
Natalie Portman en 'Cisne negro'.

No nos cuesta imaginarnos a los varones masturbándose, pero deseamos que las mujeres sientan la misma libertad, sobre todo en la adolescencia. A partir de la delicada y necesaria masturbación de Natalie Portman en Cisne negro, reflexiono sobre el espacio de intimidad que a algunos chicos/as les falta en la adolescencia.
¿Con qué virtud se nos investirá en el reino de la Tierra o el cielo por evitar la masturbación?

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¡Hay que tener bolas!


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Por: | 28 de enero de 2014
 
Ahí estaba en el supermercado, haciendo cola en la caja para pagar, y justo cuando por fin me tocaba a mí, el hombre que estaba detrás tuvo la audacia de pedirme si podía pasar delante, ya que solo llevaba una botella de agua. Pues sí que me importa, pensé, aunque no podía explicarle el motivo, porque en aquel momento estaba haciendo la prueba de unas bolas chinas y sentí que se me habían empezado a caer en la sección de lácteos, y por muchos ejercicios de Kegel que hice durante la compra, una vez en la caja y a punto de pagar, ya fue demasiado tarde: me sentía como una gallina a punto de poner un huevo.

En aquel momento, lo único que deseaba era salir de ahí cuanto antes para arreglar la situación. Entonces, le expliqué que tenía mucha prisa y, mientras puse mi compra en las bolsas de plástico, noté las bolas chinas que llevaba, caer todavía más: sentí paranoia de que se salieran del todo (iba a parecer que tenía un paquete dentro de mis vaqueros).

Venus O'Hara por Lourdes Ribas

Las bolas chinas son ideales para practicar los ejercicios de Kegel, que son recomendados para evitar alteraciones comunes como la incontinencia urinaria o también para facilitar el parto (y para tonificar, en el postparto). Además, ayudan a conseguir mayor placer sexual. Son ideales para mujeres de todas las edades.


Tuve que recordar estos beneficios a la hora de introducirlas, porque la experiencia no fue nada placentera al principio (colocarlas resulta bastante más complicado que ponerse un tampón). La manera más fácil de hacerlo es tumbada, pero antes es importante lavarlas muy bien, y ponerles un poco de lubricante para facilitar el proceso.

Una vez dentro, la sensación es un poco extraña al principio, pero con la práctica, es cada vez más agradable. según mi experiencia. No vale estar sentada, hay que estar de pie para que la gravedad haga su trabajo. Recomiendo probarlas en casa antes de salir a la calle con las bolas puestas, por si pasa lo que me ocurrió en el supermercado. Gracias a las bolas chinas, tareas domesticas como barrer, pasar la aspiradora y lavar los platos, de repente se vuelven más divertidas. Pero a la hora de orinar, es importante sujetar la cuerda por si caen en el inodoro de repente...

Aquella tarde en el supermercado, no pude evitar sentirme decepcionada porque pensaba que quizás mi suelo pélvico no era tan fuerte como pensaba y después de varias pruebas de muchos tipos de bolas chinas, en cuanto a formas y pesos, personalmente tengo preferencia por las que son más pequeñas y pesadas, ya que son las más cómodas de introducir, llevar y sacar. Además si me las puedo llevar fuera de casa, sin caerse, no solo es un reto sino que es el doble de satisfactorio saber que puedo aguantar el peso.

Aquí os presento las mejores que he probado recientemente: Je joue ami 3
'Ami Je Joue'.

El Ami deJeJoue ayuda de una manera eficaz a mejorar el suelo pélvico de forma progresiva, gracias al pack de tres bolas de pesos distintos.

Ami 1 es una bola grande y ligera que pesa 47gramos: ideal para empezar o si estás fuera de práctica.

Ami 2 es una doble bola de tamaño mediano que pesa 78 gramos: ideal para usar cuando la primera ya no es un reto.

Ami 3 es una pequeña doblebola que pesa 106 gramos, pensada para las mujeres que tienen mucha experiencia con las bolas chinas. Me encanta esta por su forma y tengo la sensación de que realmente estoy trabajando la zona, al pesar tanto (y es la que llevo puesto mientras escribo esto).
 
Fifty Shades Bolas chinas
'Fifty Shades of Grey'.

Las Silicone Pleasure Balls son unas bolas chinas de la colección oficial de juguetes eróticos de Cincuenta sombras de Grey. Pesan 64 gramos y están recubiertas por una funda de silicona negra con esferas interiores de plástico en color plateado (incluyen una bolsita en tejido satinado). En la misma colección también están estas bolas chinas metálicas con un peso total de 190 gramos y anilla con la inscripción Fifty Shades of Grey. Son un reto incluso para las que tienen mucha experiencia con las bolas chinas.

Fun Factory Smartballs
Fun Factory

Las Smartballs de Fun Factory han sido recomendadas por matronas y médicos desde que comenzaron a venderse en farmacias europeas en los años 90. El Smartball uno pesa 36 gramos, es ideal para mujeres que quieren empezar el entrenamiento con poco peso. Los Smartballs Duo pesan 72 gramos y son ideales para mujeres que ya han entrenado con el Smartball uno y quieren avanzar.

Venus O'Hara Lelo Noir
'Lelo Luna Noir'.

Una edición especial, con el mismo concepto de sus hermanas Lelo Luna, se presenta en exclusivo tono negro brillante. Se compone de una correa de cuerda y dos esferas de 3 centímetros, con un peso combinado de 72 gramos. Incluye una bolsa de satén para guardarlas, además de una caja discreta. Muy fácil de utilizar por su pequeño tamaño.
¿Cuál es tu experiencia con las bolas chinas?

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Mirar, casi como tocar


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Por: | 25 de enero de 2014
 
"No hace falta tocar cuando a través de la mirada podemos conectar de un modo igual de profundo", me decía, días atrás, un amigo comprometido y fiel con su pareja. No sabemos si lo suyo es mera resignación o genuina entrega al arte de mirar. Como sea, él ha decidido que con cultivar la mirada le alcanza, por ahora, como vínculo con las mujeres que le atraen, con las que se le acercan.
Pero, ¿cómo es mirar para representar?
¿Se desea cuando se mira y se dibuja o el lienzo en medio es como poner un tabique que le quita respiración a las presencias?
¿La presión del lápiz contra el papel tiene la consistencia de nuestros dedos sobre otra piel?
¿Unas manos erectas pueden aligerar con acuarela o endurecer con acrílico las sensaciones de nuestra pelvis, de nuestro estómago, de nuestras bocas con sed?
En palabras de la ilustradora Daniela Guglielmetti: "La idea de ser expuestos pasivamente a la mirada atenta del pintor o mostrarnos rendidos y sin pudor ante él tiene un no-se-qué que emociona y un toque de erotismo. La vista, sin duda, acerca al tacto. Tímidamente, tememos que aflore nuestro morbo y que se nos descubra disfrutando de la condición de voyeur o de la de exhibicionista, pero nos sentimos aliviados de que todo ocurra en un terreno donde el arte es lo primero y donde hay permiso para que esta tímida fantasía tenga lugar. La belleza nos ha tocado".

Dibujodaniela

Sobre mirar, cómo, desde dónde se mira, hablamos hoy en este post y dialogamos con un voyeur (o una voyeuse), la ilustradora chilena Daniela Gugliemetti, creadora del colectivo 'Dibujo a domicilio'. Además, para quien quiera contextualizar y profundizar en el ojo sobre la carne de la historia, recomendamos fervientemente el ensayo 'Cuerpos sin límites. Transgresiones carnales en el arte', de Teresa Aguilar García, profesora de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Aguilar García se propone indagar en las formas de la presencia y la ausencia del cuerpo humano en las representaciones, según la "ideología de la carne a través de las épocas". Arranca, así, su obra con la mención de la "ausencia de representación pictórica del cuerpo humano en el inicio del arte, en el Paleolítico superior, suplida esta sin embargo por una profusión de la representación de la res".
Y hasta parece que al principio de los tiempos podríamos remontar las acaloradas discusiones de nuestros días sobre el objeto carne (especialmente femenino) y retomarlas con esta cierta misoginia cárnica que se le endilga a Martin Scorsese, por esos primerísimos primeros planos de pliegues sin alma en El lobo de Wall Street... 
"En algún lugar de nuestro saber tenemos una idea sobre la relación artista y modelo. Quizá las primeras formas de desnudos que vimos públicamente fuera de lo privado, las tuvimos a través del arte. Cantidad de esculturas clásicas exhiben sus sexos sin pudor, concepto que nada tiene que ver con una piedra", afirma Daniela Gugliemetti.
"Detrás de todas estas figuras -continúa Guglielmetti-, hay un responsable o al menos dos: artista y modelo. Dos conceptos que pueblan nuestro imaginario y que vamos alimentando con otras manifestaciones artísticas, pinturas, museos, películas. ¿Quién sino el pintor tiene el privilegio de mirar sin restricciones, de poseer con la mirada? Ese personaje excéntrico que asoma medio cuerpo detrás del caballete, antes de dar alguna pincelada o echar un trazo, aparece siempre seductor, distante, con una mirada devoradora que escudriña a la modelo, quien posa casi siempre tranquila, dispuesta, pasiva; otras, muy presente con una mirada complice o quizá, ensimismada".
Sin embargo hay, en el comienzo de la historia de la representación del cuerpo humano, un indicio de que los primeros cuerpos dibujados fueron autorretratos femeninos que ponen en cuestión algunas ideas de renombrados arqueólogos, que incluso aquí mismo esbozamos, sobre las deidades, la madre tierra o el culto a la vulva creadora. De las primeras Venus con cuerpos distorsionados del Paleolítico surge la idea de que aquellas estatuillas podrían haber sido talladas desde el punto de vista del propio individuo, según la hipótesis de Catherine McCoid y LeRoy McDermott, citados por la catedrática castellana.

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Venus de Willendorf. La estatuilla estatuilla data de entre 20 000 y 22 000 años a.C.

Unas primeras artistas mujeres visualizando el propio cuerpo desde arriba, antes de la existencia de espejos, podrían habernos legado estas figuras con desproporciones evidentes en su estructura corporal. Si no fueron creadas por otro que miraba de frente, se comprende que "los pechos, el vientre y los pies aparezcan representados según el escorzo de un yo", escribe Aguilar García. A sí mismas desde sí mismas, lo que daría como resultado la ausencia de rostros, cabezas pequeñas con mayor elaboración del pelo, los brazos poco desarrollados y la ausencia de pies (que podría indicar que se trataba de amuletos transportables).
"Cuando Picasso pinta Las señoritas de Avignon en 1907, obra fundacional del cubismo, han transcurrido solo diez años desde que Sautuola descubriera en Altamira los primeros ejemplos de pintura prehistórica, entre los cuales la figura humana brillaba por su ausencia. Por lo que tanto el arte paleolítico como el arte moderno aparecieron en la escena europea en la misma época", apunta la ensayista. Aguilar García habla de una suerte de 'sincronía anacrónica' en la que "las vanguardias acometen sus primeros atentados contra la representación en el arte, superando la concepción platónica de lo bello como mímesis y de lo apolíneo como perfección, e incursionándose en una nueva forma de representación que subvirtiera el clasicismo considerado decadente a base de dirigirse hacia el arte primitivo como inspiración, en su intento de volver a un nuevo origen del arte".
Para Daniela, la ilustradora, Picasso es un referente de la relación entre el modelo y su musa: "recuerdo sus series de pintor y modelo, o aquellas donde, convertido en minotauro, logra colarse en sus dibujos y poseer a la modelo".

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'Dibujo a domicilio', en acción durante el festival 'La Boca Erótica' de Madrid.

"El artista no solo posee, también se deja tomar por la contemplación. El arte transforma la seducción del modelo y la mirada atrevida del artista en una expresión que condensa la dualidad. Es capaz de transmitir la complicidad, de haber estado en un lugar al que sólo tienen acceso los más íntimos. El dibujo revela sus vestigios ofreciendo a otros la posibilidad de ser parte", anota Daniela.
"Es un lugar de confort donde el dibujo se toma sus licencias", destaca la ilustradora. "Como voyeurs, los dIbujantes acarician cuerpos con la mirada inquieta y es de los lápices el privilegio del contacto. Esta actividad, en la que parece que el tiempo se detiene, retiene los cuerpos inmóviles, pero no así las manos, que llevan la concentración a tiro preciso, a trazar casi reteniendo el aliento. Las líneas invisibles unen al artista y al modelo, una extraña intimidad compartida queda en cada uno de los dibujos. Pero esta experiencia reservada a artistas convierte en verdaderos voyeurs también a los amantes del arte erótico".

Dibujo a domicilio
Daniela Guglielmetti, la artista haciendo de modelo para uno de sus compañeros del colectivo 'Dibujo a domicilio'.

Daniela quiere más atrevidos modelos para su emprendimiento: "con 'Dibujo a Domicilio Erótico' -que nace en 2013- nuestro colectivo, que lleva tres años de recorrido visitando y dibujando en hogares de Madrid, ha declarando su gusto por los cuerpos desnudos, y la actitud de los cuerpos que se muestran a gusto y se entregan a nuestra mirada. Porque el erotismo y el deseo están vinculados a la vida y el arte, a su expresión".
Con este motor emprenden esta búsqueda de modelos que quieran posar "al desnudo" y que estén dispuestos a revelar sus secretos de alcoba. "El modelo es la motivación, la pulsión que nos hace crear y alimentarnos juntos".
Entonces, la ilustradora les pregunta a nuestros lectores: "¿Te has imaginado alguna vez en una situación similar? ¿De qué lado te has visto, como artista o como modelo?"
Y yo te pregunto: ¿te alcanza con mirar/me?

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Yuko Watanabe: a nadie le gusta la complicación cuando piensa en masturbarse


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Por: | 24 de enero de 2014
   
Por y para mujeres: Iroha es una nueva marca japonesa de juguetes eróticos , lanzada a finales de 2013 por la empresa TENGA, conocida por introducir en Occidente los famosos Ona Cups. Estos son los accesorios para el onanismo masculino de usar y tirar que pueden encontrarse por doquier en Japón y que, ¿curiosamente?, triunfan tanto en España que nuestro país supone su segundo mercado internacional, por encima de China o de Estados Unidos. Ahora les toca a ellas...


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® Foto: Patricia Anzola

I Ro Ha son las tres primeras letras del alfabeto japonés tradicional y también se utilizan para indicar los primeros pasos en una actividad, como el abecé en castellano. Aunque la erótica japonesa está de moda y aunque su peculiar visión de los fetichismos pueda resultarnos más transgresora que la que se practica en Occidente, todavía estamos a las puertas de una liberación primordial: la normalización de la vivencia de la sexualidad femenina, o de una sexualidad femenina capaz de asumir sus propios deseos.
Tras tres años de investigación y desarrollo, la marca japonesa Iroha debuta en el mercado con su particular visión de este 'abecé', presentando una línea de masajeadores externos inspirados en motivos japoneses y con un acabado ultrasuave y esponjoso, sumergibles, recargables y con cuatro patrones de vibración.
Midori (en verde pastel) está diseñado para masajear no sólo las zonas erógenas sino todo el cuerpo; Sakura (en rosa pastel) está inspirado en el pétalo de la flor del cerezo y presenta una punta diseñada en forma de V para "pellizcar" o acariciar el clítoris o los pezones; la serie se completa con Yuki, inspirado en el muñeco de nieve, con una delicada punta semi insertable para aquellas que buscan combinar la estimulación externa con una delicada estimulación interior de la vagina sin necesidad de recurrir a tamaños de campeonato.
Hace unas semanas ha llegado a España la nueva línea iroha mini, un delicado y divertido masajeador de clítoris de bolsillo que funciona con una pila AAA, ideal para llevar de viaje:

 

 

A su paso por Madrid para mostrarnos los prototipos de los próximos lanzamientos que prepara la marca, conversamos con Yuko Watanabe, jefa de Diseño y Desarrollo de Iroha, a fin de descubrir los secretos de la primera marca de vibradores femeninos Made in Japan.
Para empezar, hablemos del mercado erótico japonés al que Tenga destina el 80 por ciento de su producción. En el mundo occidental, durante la última década, las mujeres se han convertido en el target principal y en exigentes consumidoras de productos orientados al placer. ¿Sucede lo mismo en Japón? ¿Podría decirse que existe un mercado erótico japonés para todos los gustos con propuestas de calidad para mujeres y hombres?
Creo que en Japón vivimos una situación semejante desde hace poco, pero la gran diferencia en comparación con los mercados del mundo Occidental, es que los productos 'para mujeres' del mercado japonés están más dirigidos hacia el público masculino, en el sentido de que en su gran mayoría se trata de productos que los hombres utilizan en el cuerpo de las mujeres. Así que hablamos de productos que, a simple vista, pueden ser percibidos como obscenos en nuestra cultura, y que retratan una visión del sexo absolutamente masculina. No existe actualmente una gran variedad de productos que una mujer compraría para sí misma.
Hablando de propuestas para todos los gustos, la oferta que encontramos no es tan diversa como la que encontramos en el mercado occidental. En Japón tenemos un pequeño nicho para la cultura LBGT pero su evolución dista muchísimo de la relevancia cultural que tiene en muchos países de Europa o en Norteamérica.

¿Puedes describir en tres palabras las características distintivas de la sexualidad femenina japonesa de nuestros días?

Tres palabras es un reto muy difícil para el japonés coloquial, pero aquí van tres verdades que podrían ilustrar la actitud actual de la mujer japonesa en torno al sexo:
1) Las mujeres japonesas tienden a ocultar sus deseos sexuales.
2) El sexo para las mujeres suele ser algo que hacen para los hombres.
3) Mientras los hombres hablan con bastante libertad sobre el sexo y la masturbación, las mujeres japonesas no hablan de estos temas tan a menudo (según mi percepción, ¡puede que sea lo opuesto a la cultura occidental!)
 
 
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® Foto: P. Anzola

¿Por qué una marca orientada desde sus inicios a un público masculino decide ahora enfocarse en la mujer?

TENGA es una empresa fundada bajo el concepto de 'acercar el bienestar sexual a la primera línea, para que todos puedan disfrutarlo'. La marca se lanzó con la serie CUP para hombres, creada por nuestro fundador Koichi Matsumoto, como su particular respuesta a 'cómo deberían ser los juguetes eróticos masculinos', tras evaluar las opciones disponibles en el mercado. Al cabo de siete exitosos años, hemos decidido llevar nuestro concepto al siguiente paso, ya que se trata de un concepto que no se limita a lo masculino sino que busca hacer del sexo, la sexualidad y el placer algo que todos –incluyendo las mujeres- pueden disfrutar.


 
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® Foto: P. Anzola


¿Habéis puesto en marcha un equipo creativo de mujeres para desarrollar objetos íntimos sólo para mujeres?

Actualmente TENGA se encuentra en la posición de poder desarrollar ambas marcas, tanto la masculina (TENGA) como la femenina (Iroha) desde su nuevo equipo de diseño y desarrollo. Este equipo está compuesto exclusivamente por mujeres con la idea de ser realmente capaces  de diseñar productos que respondan a las necesidades de las mujeres, aportando el conocimiento personal que tal vez nuestros colegas hombres no llegan a interpretar.

Los tres productos con los que debuta Iroha son todos masajeadores externos. ¿Por qué decidisteis no dar prioridad a un juguete diseñado para la penetración?

Somos conscientes de la demanda de productos insertables que existe por parte de las mujeres. De hecho, muchas mujeres que son fans de la marca TENGA llevan años pidiéndonoslo. Nuestra intención no es ignorar sus voces, pero primero queríamos desarrollar la filosofía de nuestra empresa mediante el reto de diseñar un nuevo producto de placer femenino para mujeres que no se hayan atrevido todavía a probar estos productos. Queríamos hacer algo que moviera a estas mujeres a tocarlos, comprarlos y usarlos. Para nuestra sorpresa, Iroha también está triunfando con usuarias más experimentadas. De momento puedo adelantaros que no hay de qué preocuparse: ¡ya estamos trabajando en la línea de objetos para la penetración!

¿Cómo ha sido el proceso de creación de Iroha? ¿Nueva filosofía de empresa o una estrategia de márketing para llegar a un público numeroso y cada vez más exigente de este tipo de productos?

Más que una estrategia de márketing, se trataba de desarrollar el potencial de la filosofía original de nuestra empresa. Y tomando en cuenta el mercado japonés, donde no existe un hábito de consumo de este tipo de productos por parte de las mujeres, la primera serie de Iroha fue creada para satisfacer un nivel de experiencia de iniciación, con una funcionalidad más sencilla en comparación con las expectativas de la consumidora promedia de juguetes eróticos.
Nuestra intención es que este enfoque de desarrollar productos delicados y de fácil adopción facilite a las mujeres el acceso a los productos para la autoestimulación, productos que puedan llegar a ser comprados por ellas y para ellas.
Cuando veo el Midori, el Sakura o el Yuki no puedo dejar de relacionar la línea Iroha con postres japoneses o con algún personaje de dibujos animados. ¿En qué pensabais al diseñar las piezas?
La marca ha sido diseñada en torno al concepto japonés del 'Wa', que significa 'refinado y hermoso', pero le hemos añadido elementos modernos de la cultura japonesa, expresados en la sencillez de su diseño y en una funcionalidad fácil. Los colores elegidos también corresponden a este concepto, de allí que sean colores pasteles muy relajantes. En Japón estos colores están más asociados a una atmósfera relajante, pero es posible que en el extranjero estos colores se asocien hacia el lado más 'mono' del espectro.
El material de los productos Tenga siempre ha sido una de sus características más atractivas e innovadoras. ¿Existe alguna diferencia entre el material de los masturbadotes masculinos y el  'soft touch' empleado en la línea femenina?
Los dos materiales tienen ligeras diferencias: mientras los objetos de placer masculino de TENGA están hechos de una mezcla especial de elastómero diseñada para ofrecer las mejores sensaciones en la estimulación de los genitales, los materiales empleados en Iroha han sido elegidos para ofrecer la mejor sensación sobre la piel, suaves al tacto y capaces de adoptar fácilmente la temperatura corporal: factores que consideramos cruciales para obtener una maravillosa experiencia de autoerotismo.
 
 
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Volvamos al abecé: ¿Cómo se percibe hoy en día el autoerotismo femenino en la sociedad japonesa?



Creo que la opinión pública todavía es, en gran medida, muy conservadora y anacrónica, y que la idea de una mujer japonesa entendida como un ser refinado y asexual todavía flota en el ambiente. Por ejemplo, muchas personas pueden pensar que una mujer que se masturba es una mujer solitaria o una adicta al sexo. A pesar de lo que se pueda ver desde afuera, este tipo de imágenes negativas en torno a la sexualidad femenina son absolutamente actuales.

Sin embargo, Japón es un gran fan de los medios de comunicación occidentales (especialmente los estadounidenses), y grandes fenómenos de la cultura pop como el que supuso la serie Sex and the City lograron profundos cambios a mejor en nuestro país. ¡Será muy interesante contemplar el tipo de cambios que causará la adaptación de Hollywood de la novela Cincuenta sombras de Grey, cuando se estrene en Japón!


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Dakota Johnson y Jamie Dornan
en el set de de rodaje de "Cincuenta sombras de Grey".  Fuente: Daily Mail

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La revolución sexual masculina que nunca llegó



Por: | 22 de enero de 2014
   
Reivindicamos la libertad en la sexualidad femenina. Continuamente. Hablamos de la necesidad de entender que una mujer puede elegir cómo vivir su vida, y sobre todo, cómo vivir su sexualidad. Pero, ¿por qué no hablamos de la libertad de los hombres a la hora de elegir cómo gozar de su sexo?

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Fotografía vía CNN México (Cortesía SXC).

Últimamente, a los hombres más que dejarles elegir, no se les deja de exigir. Les pedimos que sean sensibles, comprensivos y respetuosos, pero que no dejen de ser viriles, fuertes y protectores. Les pedimos que se ocupen de nuestro placer, de nuestros orgasmos, y además, que tengan los suyos cuando más nos convengan. Les pedimos que se adentren en nuestras curvas femeninas, para que nos ayuden a descubrir nuevas formas de placer, pero nos hemos olvidado de ayudarles a descurbir sus nuevas formas de hacer. La culpa es de todos, pero también suya. Porque ellos tampoco han hecho mucho por buscar ese cambio.
Los hombres no han liberado su sexualidad, sigue encerrada en los barrotes que supone la obsesión por el pene, en todos los sentidos. Quizás el problema está en que algunos aún no saben lo que se están perdiendo. Pero mientras ellos no se abran a nuevas experiencias, nosotras no tendremos compañeros con los que adentrarnos a explorar "algo más". No podremos salir del coitocentrismo, y de las frustraciones que supone, si no lo hacemos juntos.
Pero, ¿qué es lo que quieren los hombres cuando hablamos de sexo? Sé que en muchas cabezas resonará aquello de "meterla". Vale, sí, pero mi pregunta es: ¿es solo eso lo que quieren todos? Si ya nos habló en este espacio Rubén García de las llamadas 'nuevas masculinidades', y de cómo actualmente ellos buscan algo más de experiencias vitales tan importantes como la paternidad, ¿qué hay de aquellos que también buscan algo más en su experiencia sexual?
 
Audrey Beardsley Lisistrata
'Los embajadores lacedemonios'. Ilustración de Audrey Bearsdsley para el libro Lisístrata, como reflejo de la 'obsesión por el falo'.

Deleitarse con una sesión de caricias, de besos, de palabras prohibidas. Atreverse a jugar, a incluir los juguetes dentro de sus rutinas, a explorar sus puntos sensibles o incluso a intercambiar roles con su pareja. En definitiva, dejar por un momento de lado la obsesión por el falo. Quitarse de encima las presiones por el tamaño, los tiempos, los números, y descubrir el goce por el goce, sin más.
Incluso en el placer con ellos mismos. Si hacemos continuamente campaña a favor de la masturbación femenina, de la importancia de dejarnos llevar por nuestras fantasías y de darle ambiente al momento, poco decimos del onanismo masculino. Que por norma, salvo excepciones, suele ser rápido y directo, y que, evidentemente, acaba siendo un reflejo de lo que puede ser luego la relación sexual con otra persona.
La industria ha tomado nota, y ha empezado, poco a poco, a proponer nuevos juegos a los hombres a la hora de echarle imaginación a sus ratos solitarios de placer.Ya hemos hablado varias veces de la marca TENGA y de sus propuestas para innovar en la masturbación masculina. Si no podemos cambiar la base, al menos que variemos un poco las formas. Desde cápsulas de onanismo para usar en la intimidad, a los famosos huevos que pueden dar mucho juego también en pareja, pasando por esculturas de silicona que pueden pasar por un complemento en la decoración del hogar.
 


 
No se trata de convertir a los hombres en mujeres. Si las mujeres intentamos liberarnos imitando la sexualidad masculina, y nos dimos cuenta de que ese no era el camino, la cuestión no es repetir los errores del pasado.
Se trata de tener la capacidad de elegir, de ampliar opciones. La sociedad ha cambiado, y los roles ya no son los que eran. La vía pasa por aceptar que un hombre sea como quiere ser, en todos los aspectos de su vida. Que si quiere ser eminentemente genital, y disfrutar sólo del sexo ocasional, esté igual de bien que si decide que quiere explorar su cuerpo y creer en el amor romántico. Que todos son igual de hombres, elijan las formas que decidan, y que nadie es quién para juzgar lo contrario. Que en la diversidad está el gusto, y que hay una pareja para cada tipo de hombre, porque no todos somos iguales. Y demos gracias por ello.

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Que me tenga como una reina


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Por Coral Herrera Gómez

La peluquería es el lugar donde más aprendo sobre el patriarcado. En la de mi barrio, las mujeres no hablamos de lo que nos importa: solo se dan consejos de belleza, trucos domésticos o culinarios, sobre noviazgos, casamientos y divorcios.
Yo querría ir a una peluquería feminista, o a una peluquería ecologista, o a una de intelectuales, pero no sé si las han inventado aún en mi ciudad. De modo que no me queda más remedio que resignarme y escuchar el patriarcado mientras lo sufro en mis carnes como una tortura. Y pago yo, encima.
Siempre me digo que nunca más, y siempre vuelvo porque no se me da bien autotorturarme con la cera y he de reconocer que es un espacio maravilloso como fuente de inspiración. Suelo salir de allí con menos canas, menos pelos, menos esperanza en la Humanidad y con ideas nuevas para mis artículos.
De todas las cosas espantosas que escucho, la peor es: "yo quiero un marido con plata". Y es que piden poco mis compañeras de barrio: un marido con dinero que además sea joven y guapo, tierno y sensible a la vez que viril y fuerte, inteligente, divertido, fiel, sincero, comprometido, estable…

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Mi peluquera dice siempre: "Los príncipes azules sí existen, pero se aman entre ellos". Y todas reímos. Sin embargo, la realidad es que muchas se frustran porque no encuentran a su media naranja. Por eso hablamos tanto en la pelu de los problemas que nos causa el mito del príncipe azul que te tiene como una reina.
De niñas no nos cuentan cuentos en los que las mujeres toman las riendas de su vida, estudian y se buscan un trabajo. En los cuentos que nos cuentan, el mensaje es que para que las cosas cambien tienes que esperar a que te rescaten. Y nos ponen de ejemplo a La Bella Durmiente, que tuvo que estar cien años en stand by hasta que llegó su amado príncipe azul a conectarla otra vez. O Blancanieves y Cenicienta, que estaban hartas de limpiar para toda la familia.

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Sus historias nos enseñan que los príncipes azules te llevan a un palacio con criados y criadas, y te dan su tarjetero para que compres todo lo que necesitas para ser feliz. La única condición para obtener la ansiada 'visa oro' es que seas bella y discreta, como las princesas Disney o las esposas de los futbolistas multimillonarios. Todas ellas mujeres bellas que han logrado fama y poder a través del amor.
Este deseo de encontrar "un marido con plata" no conoce de edad ni de clase social: lo he escuchado también en grupos de mujeres que se consideran feministas. Y me parece en extremo peligrosa, aunque todas riamos porque suena muy normal que las mujeres necesitemos un proveedor de recursos que aminore nuestra vulnerabilidad económica (las mujeres apenas somos propietarias de la tierra y de los bienes, cobramos menos, sufrimos más el desempleo, etcétera).
De ahí que rivalicemos entre nosotras y dependamos de ellos, económica y emocionalmente.
Esta dependencia crónica nos colocó hace siglos en una situación de subordinación que nos hace a todos profundamente infelices: a ellos, porque se sienten utilizados; a nosotras, porque la necesidad de tener pareja limita nuestra libertad.
Si unos necesitan una criada doméstica y otras necesitan un proveedor de recursos es porque seguimos inmersos en un sistema económico desigual en el que unos tienen los recursos y las otras, no. Por eso construimos relaciones de dependencia mutua y por eso en las parejas se desatan terribles luchas de poder.
A ellos les han contado que pueden comprar o alquilar mujeres, y a nosotras nos han contado que si un hombre nos ama de verdad nos tendrá como a una reina y nos concederá todos los caprichos a cambio de vivir encerradas en el palacio. Así no es posible quererse bien, pienso yo mientras me arrancan los pelos con cera hirviendo.
Siempre me dan ganas de decir en voz alta: "Chicas, la realidad es que nos juntamos a hombres corrientes y molientes que sufren la precariedad igual que nosotras. No nacimos princesas, y son muy pocos los príncipes herederos. Y además, la mayor parte de los multimillonarios de este planeta son viejos y panzones". Pero cuando se pierden en ensoñaciones romántico-capitalistas no me atrevo a aguarles la fiesta.

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Getty.

Los hombres nos maldicen en sus operas, boleros y soleás, pero desde pequeñitas se nos educa para que deseemos un marido con plata. El estereotipo de las mujeres como seres interesados que nos aprovechamos de los hombres y les rompemos el corazón ha dado muchos frutos en la poesía y el cine, pero nos perjudica porque refuerza el estereotipo de la mujer mala, de la puta. Paralelamente, nos bombardean con la utopía del amor para que deseemos ser buenas esposas, entregadas a la causa. Pero invisibilizan el coste que tiene ser mantenida por un príncipe azul mientras se engorda y se envejece a su lado.
Para que las mujeres disfruten de la vida con sus compañeros en lugar de frustrarse anhelando "maridos con plata", creo que es esencial acabar con la desigualdad de género en todos los ámbitos. El camino, creo, es ir trazando estrategias conjuntas para crear economías solidarias en las que poder construir relaciones amorosas basadas en el bien común.
Tenemos que reflexionar colectivamente por qué seguimos soñando con príncipes, por qué queremos ser las reinas, y por qué creemos que nos salvaremos a través del amor. Nuestro sistema amoroso perjudica seriamente la igualdad, y nuestro sistema económico perjudica seriamente el amor: tenemos que replantearnos cómo queremos querernos y cómo vamos a organizarnos para evitar las dependencias mutuas. A ver si entre todos y todas se nos ocurren formas más bonitas de estar juntos.

El País | 20 de enero de 2014

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¿Cómo desalojar a un hombre de nuestro cuerpo?


IR A LA NOTICIA

Por: | 17 de enero de 2014
   
"Los hombres subliman, las mujeres aman", me dijo una amiga psicoanalista con quien nos reímos mucho de nuestros romances locos y de las desventuras de amores truncos. Sublimar es un término acuñado por Freud para explicar la manera en que canalizamos la pulsión sexual hacia actividades desexualizadas, como el arte o la tarea intelectual.
De ahí nuestra reducción de charla de café a que los hombres son más propensos a desviar su libido hacia su obra, su trabajo, sus tretas financieras o artísticas y las mujeres, en cambio, volcamos nuestro impulso erótico en lo sentimental.
Claro que nosotras también creamos, y con la misma gasolina -la energía sexual- que los hombres, pero nuestra obra no completa los mismos agujeros que el amor.¿Será que las mujeres somos un metafórico hueco al que tampoco rellena totalmente el amor y que de esa falta nace la forma de nuestra creatividad y de nuestra afectividad?

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Aquello de la cultura popular que habla de venir de Venus o de Marte, según el género, contiene algunas de estas razones un poco más reflexionadas por los pioneros de nuestro subconsciente. Así es que, para ponerle un poco de humor a lo inexplicable de las relaciones humanas, la atracción y el apego, queremos elaborar una lista de experiencias, sensaciones y arbitrarias instrucciones para sobrellevar elegantemente el dolor del despecho o para que dure el menor tiempo posible.
Hay que tener en cuenta que deberemos desalojar al objeto erótico de las dos dimensiones en las que nos enamoramos: la espiritual y la del mismísmo cuerpo (que por un tiempo se nos queda habitado).

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El amor muerde? A.Heidi Rayke/Christine Petrozzo (Getty).

La primera sugerencia para el alma es la de preguntarnos si no será cuestión de hacer el camino inverso al del hombre y reconocer el deseo profundo que habíamos escondido en la ilusión romántica, por ejemplo. Para el cuerpo, nada mejor que ir a nadar o a correr o a hacer yoga, antes de ponerse el mejor escote y mudar de piel, aunque solo sea piel pasajera, de transición... En fin, volver a jugar lo antes posible.

En esto del amor y el desamor, sabemos todos la inmensa carga de subjetividad que cada una de las partes pone en el relato de las emociones y las razones propias y ajenas (que casi nunca son las explícitas). De esto hablamos largo y tendido aquí.
 

 
"¿Cómo entendemos el amor?", se pregunta el dramaturgo Claudio Tolcachir en 'Emilia', una obra sobre la locura familiar, la dependencia y las consecuencias del despecho, actualmente en cartel, en Madrid. Con tanta verdad cruda sobre los engaños de lo que llaman amor, el espectador sale sin aliento de los Teatros del Canal. La puesta española está protagonizada por Malena Alterio y Alfonso Lara.
 
Si partimos, entonces, del hecho de que todas las explicaciones serán relatos más o menos ficcionales sobre lo que nos pasa o les pasa, y como no sabemos cómo se levanta un hombre después del rechazo, intentaremos unas reflexiones y alguna tarea para el hogar de la mujer despechada, que las lectoras y los lectores podrán completar con sus propias experiencias y recetas.
1. Indagar qué fuerte deseo verdadero nos impulsa en este momento de nuestra vida. Muchas veces, el galán enmascara un deseo profundo que nos hemos impedido reconocer y que había quedado tapado en la maraña de nuestra ilusión romántica. Pues, ha llegado la hora de verse cara a cara con lo que piden las tripas, más allá de la postal romántica: por ahí andarán impulsos profesionales, artísticos, laborales y otros insuperables afectos. Una idea: dejar de proyectar en él lo que queremos hacer nosotras.
2. No revisar viejos chats ni cartas en busca de lo que pudo ser y no fue, ni de pistas de su desamor o de nuestras 'metidas de pata'. Nada de rebobinar para autoinculparse. Lo que pasa es lo que hay.
3. Por supuesto, dejar de prestar atención a sus conexiones de WattsApp o a su muro de Facebook y a los/as que comentan o le 'gustean'. Tampoco vale preguntarse a quién le dice lo que pone o ver cuántas horas o minutos lleva desconectado. En este territorio del horror de la vigilancia, cuento con el testimonio de un amigo al que una novia le controlaba el horario al que había tomado el metro (mirando el sello en el cartoncito) y lo que demoraba en llegar a casa. Una vez finalizada la relación, ella comenzó a hacerle comentarios sobre su actividad pública en internet, con minutos y segundos cronometrados.
4. Nada de obsesiones. El mundo virtual es tan amplio y portable que nunca acertaremos con ninguna suposición acerca de lo que sucede al otro lado del monitor.
5. Siguiendo el lema de que los celos son como construir el paraíso para quedarse afuera, mejor alejar cualquier fantasía no solo de lo que pasa al otro lado del ordenador sino también de lo que ocurrirá, en este preciso momento, en la vida real y el corazón del 'adversario' del amor.
6. No revisar las mejores fotos del romance hasta que estemos completamente en otra etapa y podamos verlas con la distancia del coleccionista de 'exes'.
7. Volviendo a temas serios, conviene no ahondar en las supuestas razones del otro, porque todo es relato construido (aun cuando el otro crea de que se trata de la más objetiva de las verdades). La mayoría de las veces, esas razones no tienen que ver directamente con nosotras ni con nada que pueda explicarse, sino con sus neurosis (entendiendo la neurosis como esa manera individual de organización de la psique de todos los seres humanos).Y para que quede claro que respetamos su/s neurosis (y las nuestras), diremos que todos tenemos derecho a padecerlas, disfrutarlas y/o quererlas y defenderlas (y si no, miren lo que ha hecho Woody Allen con la suya).
 
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Getty.
 
8. Volver a jugar, lo antes posible. Para desalojar al ex del cuerpo, nada mejor que ponerse otras pieles encima de la suya. Banalidad, sí, pero que a veces sirve hasta que uno recobra la sensatez. Entonces, sí, vestirse sexy y dejarse contagiar por otro deseo, volver a sentir que provocas ganas y jugar con esas sensaciones. Me pasó una vez en un vuelo Lisboa-Madrid, de donde regresaba con una cierta sensación de derrota emocional: cuando subí al avión, vi a un chico guapísimo sentado en mi asiento; le indiqué que era el mío, porque "yo siempre elijo pasillo para sentirme libre de salir, bla, bla..." y él se movió hacia la ventanilla, como haciéndome saber que no necesitaba tanta explicación de mi neurosis. Así que me callé todo el resto del viaje. Era verano, disimuladamente mejoré el escote en función de su perspectiva y pronto las respiraciones fueron acompasándose. En algo más de una hora, que es lo que dura el vuelo hasta Madrid, fuimos transitando un erotismo sin gestos exteriores visibles, compartiendo las ganas sin palabras, sintiendo incendiarse nuestros brazos sin rozarse, totalmente en las nubes y con la sangre bullendo. Cuando llegamos, esperando las maletas, nos presentamos y me acompañó a casa, aunque él estaba de paso: otro trayecto con la respiración agitada que quedó sin resolución, porque nos despedimos en la puerta de mi edificio, con un beso corto en los labios y la promesa de una vuelta suya a la ciudad, la semana entrante. Al siguiente jueves, cuando volvió a Madrid, creo que la cita fue tan romántica y hermosamente apasionada por las muchas ganas y por tanto morbo acumulado desde Lisboa, en el avión con olor a plástico, en el pulcrísimo coche de alquiler (daba lo mismo si era el metro) y en los mensajes intercontinentales de texto y sed que la antecedieron. 
9. Para seguir desalojando a alguien del cuerpo: bailar.
10. Para seguir desalojando al otro del cuerpo: volver a disfrutar de la masturbación, una actividad que solemos abandonar cuando nos viene la penita de amor.
¡Buenos desamores y larga vida!
 
 

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Ocho escenarios sexuales para mantener la chispa


IR A LA NOTICIA

Por: | 14 de enero de 2014
 
No hace falta ser infiel para acostarse con alguien que no sea tu pareja. Solo hace falta ser otra persona por una noche a través de un juego de rol, y así acceder a un mundo de fantasías, sin salir de casa.

En cualquier juego sexual hay que recordar que es imprescindible tener deseo y consentimiento mutuos. Y, sobre todo, en los juegos de rol, es muy importante saber distinguir entre la realidad y la fantasía. Por ejemplo, en la vida real sería totalmente inaceptable si un médico o una doctora te manoseara para tratar un dolor de cabeza, sin embargo dentro de un escenario de un juego de rol, estas cosas son esperadas y ansiadas.

Para el juego de rol es necesario tener confianza con la pareja y mucho sentido del humor. Interpretar un papel puede darte la libertad para hacer o decir cosas que no harías o dirías habitualmente. Además, es una manera ideal para romper con la monotonía y mantener la chispa en una relación larga.


Venus O'Hara por Lourdes Ribas
Venus O'Hara por Lourdes Ribas.
 
Aquí os propongo algunos de mis escenarios favoritos:
 
1. Entrevista de trabajo
 
Primero hay que decidir quién va a entrevistar a quien, así como el puesto de trabajo en cuestión, las habilidades y la experiencia que buscas. Prepara preguntas típicas acerca de la experiencia profesional, lo que puede aportar a la empresa y, quizás, algunas preguntas personales que estarían prohibidísimas en una verdadera entrevista de trabajo. El candidato tiene que estar dispuesto a hacer 'cualquier cosa' para conseguir el trabajo.
Necesitarás: un curriculum, anuncio de trabajo, ropa de ejecutivo/a.


2. Escort/ gigoló y cliente
 
Este es un juego de rol ideal para realizar tus fantasías más salvajes. Hay que pensar en los servicios y tarifas. Ya que es solo un juego, recomiendo precios muy simbólicos (con monedas).
Necesitarás: dinero, una lista de deseos sexuales, ropa provocadora.


3. Policía – criminal
 
En este escenario, el/la policía tiene que arrestar a el/la criminal. Primero hay que decidir cuál es el crimen y quién será el culpable y el inocente. Personalmente. me encanta el escenario de agente de seguridad en el aeropuerto que, al abrir la maleta, se encuentra una colección de juguetes y / o pornografía. 
Hay que interrogar, cachear, hurgar con guantes de látex... pero si el/la policía es corrupto/a, quizás el/la criminal puede pensar en algún soborno...
Necesitarás: esposas, una gorra de policía, una maleta, juguetes eróticos, guantes de látex y una consciencia de culpabilidad.


4. Informático
 
Imagina que se te ha estropeado el ordenar y durante la reparación, el técnico de repente descubre tu colección de pornografía y fotos íntimas, y empieza a excitarse... Antes de este juego, es imprescindible esconder todas las cosas que tu pareja no debería ver, para que el juego no se convierta en una discusión.
Necesitarás: un ordenador y fotos íntimas.


5. Jefe y secretaria
 
Un escenario clásico consiste en dejar caer bolígrafos al suelo e inclinarse para buscarlos, lamer sobres, dictar textos eróticos...y equivocarse.
Necesitarás: ropa de oficina, gafas, sobres, papel y bolígrafos.


6. Sexólogo/a-paciente
 
Una posibilidad sería imaginar que nunca has tenido un orgasmo y buscar ayuda a un/a sexólogo/a.
En lugar de explicarlo con diagramas, el sexólogo prueba varias técnicas manuales y orales, además de juguetes eróticos para ver cuál es más eficaz.
Necesitarás: juguetes eróticos y lubricante.
 
Venus O'Hara por Sebas Romero
Venus O'Hara, por Sebas Romero.


7. Entrenador personal
 
Este es un juego de rol ideal para quemar las calorías después de las fiestas. Una vez que hayas decidido quien va a ser el entrenador, se trata de hacer ejercicios y estiramientos provocadores y ¡sudar mucho! Se puede hacer en ropa deportiva o quizás... desnudos. Sin duda es una manera sexy y divertida de ponerse en forma.
Necesitarás: toallas, esterilla de yoga, ropa deportiva (o no).
8. Doctor(a)-paciente
 
Entre las posibles escenas se puede representar un examen general mientras el paciente explica sus síntomas. Puede ser un simple dolor de cabeza, o algo con los genitales (excitación, por ejemplo). Por supuesto, hay que hacer un chequeo completo para poder hacer un diagnóstico correcto. Después se puede ofrecer una 'curación milagrosa'.
Necesitarás: una bata blanca, guantes de látex, termómetro.

Y a ti, ¿te gustan los juegos de rol?

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Sexo para los kilos de más y la depresión postvacacional


IR A LA NOTICIA

Por: | 12 de enero de 2014
 
Lo miras pero no te acercas. Le temes. Sabes que debes hacerlo, pero una parte de ti se resiste. Al final, te armas de valor, te subes al peso y compruebas cuántos kilos has ganado con las comilonas de estas navidades. La conclusión siempre es la misma: "tengo que apuntarme al gimnasio". Pero la economía doméstica no está para más gastos, y para qué engañarte: lo que de verdad falta son las ganas. Sabes que si te apuntas al final no irás y será un dinero desperdiciado. ¿Hay alguna otra forma de perder peso? Quizás no sea la panacea, pero no está de más tenerlo en cuenta: tener relaciones sexuales ayuda a perder calorías.

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La campaña 'Sports make you health', de la marca de condones chinos Elasun, fue todo un éxito durante los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

O al menos eso dicen los últimos estudios. Concretamente, el de Gasto energético durante la actividad sexual en la pareja sana joven, publicado en la revista norteamericana PLOS ONE. Para realizarlo, la Universidad de Québec (Canadá), reclutó a 21 parejas heterosexuales, de entre 18 y 35 años, con el objetivo de evaluar si la actividad sexual puede llegar a considerarse como un ejercicio físico significativo, en cuanto a la reducción de peso.
¿El resultado? Bastante prometedor. Según las conclusiones del estudio se estima que, en general, el gasto de energía durante la actividad sexual se sitúa aproximadamente en 85 kcal o 3,6 kcal / min, si esta es realizada con una intensidad moderada (5,8 METS). Diferenciado por sexos, se calcula que en el caso de los hombres se perderían unas 101 kcal o 4,2 kcal / min, mientras que las mujeres alcanzaríamos las 69,1 kcal o 3,1 kcal / min. Todo ello tras una sesión de alrededor de 25 minutos, en la que también se evaluó la percepción del esfuerzo, la fatiga y el placer. De hecho, si en algo estuvieron de acuerdo todos los participantes es en que disfrutaron mucho más de este tipo de ejercicio que de 25 minutos en la cinta de correr.
 
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Ese famoso 'dicho popular', representado en uno de los carteles de Desmotivaciones.es 

La actividad sexual puede aportarnos muchas más cosas aparte de la reducción de peso. Y es que los expertos están cansados de repetirnos aquello de que "el sexo es salud". Pero es que es cierto. De entre los beneficios más comentados de la actividad sexual en nuestra salud, destacan algunos como la longevidad, la mejora del aspecto de nuestra piel, la ayuda para conciliar el sueño, o incluso su uso como analgésico para mitigar el dolor. Qué mejor que una sesión de masturbación para paliar el dolor menstrual, o incluso, para acabar con un dolor de cabeza (así que no, esa no es excusa). Pero, desde luego, dos de los grandes beneficios del sexo en nuestra vida son que mitiga el estrés y ayuda a mejorar nuestro ánimo.
Todo tiene una explicación química. Durante la excitación, y más concretamente en el orgasmo, el cerebro libera una serie de moléculas al riego sanguíneo que producen efectos beneficiosos en nuestro estado anímico. Estas tres sustancias son la dopamina, la oxitocina y la serotonina, y son de hecho las responsables de ese bienestar, físico y mental, que sentimos en el momento 'post' (tanto si ha sido a solas o bien acompañados).

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La felicidad durante y después del sexo, vía Revista She Knows Love.

Más concretamente, la dopamina se relaciona con cuestiones como los ciclos del sueño, mientras que la oxitocina, también conocida como la 'hormona de la monogamia', tiene más que ver con crear empatía y vínculos de afectividad con nuestra pareja, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres. Por último, la serotonina, denominada también la 'hormona de la felicidad', ayuda a mejorar el estado de ánimo y a reducir la ansiedad, entre otros factores. De hecho, es uno de los componentes de los antidepresivos más comunes.
Puede que 'la vuelta al cole' se nos esté haciendo un poco más dura de la cuenta, tanto en lo físico como en lo mental, pero una buena sesión de eso que tanto nos gusta, no solo no viene mal, sino que en esto de los kilos y el estrés también tiene mucho que aportar.

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Confesiones entre hombres desnudos


IR A LA NOTICIA

Por Rubén García Sánchez |  09 de enero de 2014

Puedes mirar pero sin ser visto. Más te vale evitar que te pillen con la mirada puesta en otro. Puedes hablar pero solo con aquellos a los que ya conocías vestidos: no es lugar para entablar conversación con desconocidos. A la hora de quitarte la ropa y guardarla en el armario debes ser rápido y práctico. Bajo ningún concepto puedes rozar a alguien. No deberías mirarte demasiado en el espejo, solamente lo justo para peinarte o afeitarte (si es el caso). La seriedad es elegante, no la estropees con una sonrisa. Evita tocar el suelo con los pies desnudos y, sobre todo, no uses una pastilla de jabón para ducharte.
Estas podrían ser las reglas no escritas para aquellos lugares donde actualmente se permite la desnudez. En ocasiones, tímida; otras veces, rauda o incluso vehemente, pero desnudez al fin. Este lugar es el que usaban los griegos clásicos para admirar la belleza en el hombre. Se trata del gimnasio; en concreto, su vestuario. En nuestra sociedad, se mantiene dividido por sexos. El vestuario masculino es uno de los escasos lugares donde está socialmente permitido que los hombres desnudos estén reunidos.

Hombres dibujo a domicilio


Hay quien se quita la ropa con mucha rapidez y pudor, incluso hay quien no llega a desnudarse completamente en ningún momento, porque ya lleva la ropa para hacer deporte debajo y no tiene que cambiarse. Estas personas, las más pudorosas, se duchan incluso con la ropa interior y se tapan en todo momento con la toalla. En el polo opuesto están aquellos a los que no les importa mostrarse desnudos. Hay quien lo hace con cierta indiferencia (llamémoslos 'los naturistas') y otros lo hacen con cierta gala ('los exhibicionistas'). De estos se diría que incluso disfrutan de este momento.
Una vez desnudo, tu comportamiento cambia; tu actitud corporal es distinta. Ahora eres más consciente de tu cuerpo porque estás desnudo frente a un público extraño. Da igual tu poder adquisitivo o tu elegancia al vestir, tu formación o profesión; en este punto tu cuerpo está en el mismo estado que el resto: empujado a una relación íntima no deseada y que, en muchos casos, resulta incómoda. Tu carta de presentación serán tu cuerpo y tu relación con él frente a la mirada oculta del resto de los presentes.

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Tus movimientos y tu actitud nos dirán de ti si mantienes una buena relación con tu cuerpo, si lo aceptas por completo o, por el contrario, si hay partes que quieres esconder (o tergiversar, metiendo tripa, por ejemplo). También sabremos si cuidas lo que no es fácil de ver, si te depilas, si usas crema, si te detienes a usar desodorante con mesura o lo haces en un suspiro, si usas colonia… Somos espectadores de un momento íntimo y personal: quitarse la ropa y volvérsela a poner. Un evento que suele ocurrir en casa, quizá compartido con la pareja o familia, pero normalmente a solas en el baño.

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Imagen del interesante corto noruego 'Shower' ('ducha'), de Christian K. Norvalls, que participó en el certamen 'Queer Lisboa' y en la última edición de 'La Boca Erótica', en Madrid. 

En el vestuario, lo único que tenemos en común con el resto es el sexo, aunque como podrás comprobar (y lo harás), también hay diversidad en ese aspecto. Quizá sea el mayor atractivo o la cuestión más incómoda: nuestros genitales y los de los demás están al descubierto. Poder comprobar la diversidad de tamaños y formas (en contra de los estereotipados cuerpos que solemos ver en las pantallas) es el mayor valor de la desnudez en grupo. Y aun así, hay quien se empeña en tocarse, sin ser visto, para conseguir ostentar una seguridad inflada.
Cada uno tiene sus rituales, sus formas de proceder, su orden (o desorden) en hacer las cosas. Poder compartir, incluso sin desear, un momento tan íntimo entre hombres es enriquecedor por ver cómo otros hacen lo mismo que tú, pero diferente. Sobre todo, aquello que no debe ser visto como es quitarse la ropa o enjabonarse, actos que sólo se permiten a los ojos de unos elegidos en la intimidad o, en este caso, de cualquiera que pase por el vestuario.
 

La pieza promocional de un pase de cortos en Honolulu: "¿Corto es mejor?", se pregunta el eslogan.
 
Y al final a mí me queda la duda de por qué mantenemos los vestuarios divididos por sexos. Me pregunto si aumentar la diversidad de los cuerpos y de los rituales de cada uno conllevaría algún peligro. Al fin y al cabo no deja de ser una norma basada en la heterosexualidad normativa y en la creencia de que el hombre no podría frenar su impulso sexual… ¿No hemos superado ya eso o acaso tenemos miedo a nuestros cuerpos?

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¿Qué sexo desean las mujeres?

 
IR A LA NOTICIA

Por: Anne Cé | 07 de enero de 2014
 
Me llama mucho la atención que aún hoy se siga hablando del deseo femenino como un tenue anhelo, algo pasivo, ligado fundamentalmente al sentimentalismo y siempre a la espera del fervor masculino para despertarse.

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Hay hombres que todavía piensan que a seducir se aprende en un manual de técnicas exclusivamente masculinas, que ellos son los que tienen que conseguir activar una respuesta afirmativa de la renuente dama porque, al parecer, creen que las chicas no tienen ganas de sexo, salvo que los varones se lo trabajen mucho.
Y que ellos lo crean, vaya y pase, pero ¿hasta cuándo vamos a disimular las mujeres que sí nos gusta desatar la pasión, que sí jugamos y que lo hacemos activamente desde el inicio de los tiempos? ¿Quién puede sostener, a esta altura del mundo, que las mujeres somos naturalmente pasivas, que el instinto es de los otros? ¿Resulta creíble fingir que todos nuestros impulsos eróticos (y hablo de todas las veces en que nuestros genitales se irrigan en sangre encendida) son más elevados que los meramente testosterónicos?
Claro que habrá quien no se lo note, porque la represión cultural de siglos y siglos ha hecho su parte en nuestro desconocimiento de las sensaciones del propio cuerpo pero, ¿no es hora de empezar a reconocerlo y salir de la jaula familiar, social y cultural en la que permanecemos aunque nos abran la puerta?
Como dice Lars Von Trier en Nymphomaniac, las mujeres hemos logrado desembarazarnos de algunos mandatos (entre ellos, los religiosos) pero no del pecado, un concepto por el que seguimos autoimponiéndonos castigos desde la Edad Media, cuando éramos las brujas lujuriosas que lo contaminábamos todo o que dejábamos "lisos" a los hombres, despojados de sus genitales.

Es cierto, somos esquivas con los que no nos gustan. Y quizá nos hagamos las 'difíciles' en alguna otra oportunidad, porque nos han formado largamente para serlo. Por su parte, a los maridos les ha convenido pensar que la mujer es difícil de convencer (para qué crearse fantasmas si la promiscuidad ya se ha decretado como una característica puramente masculina, ¿no?)
Si las señoras no tienen necesidades que excedan el lecho matrimonial, la sociedad luce bastante menos caótica. Luce, porque las mujeres han aprendido a negar o maquillar sus ganas para sobrevivir (literalmente, si recordamos la caza de brujas de la Edad Media y, metafóricamente, si tenemos en cuenta el descrédito actual con que carga una chica a la que se acusa de ser 'ligera de cascos' o 'casquivana').
Y aquí entra en escena Lars Von Trier y su proclama contra la misoginia que ya lleva al menos tres películas: Antichristo, Melancholia (de la que hablamos aquí) y Nymphomaniac.
En Antichristo, la pareja en cuestión (Willen Dafoe y Charlotte Gainsbourg) pierde a su bebé en un accidente doméstico que ocurre mientras ellos se encuentran en plena sesión de sexo. En esa danza de rencores, reproches y flagelos que sobreviene a semejante tragedia, el psicólogo al que interpreta Dafoe le faltan herramientas para combatir los monstruos que hay en las tripas de ella: madre, amante y bruja milenaria, heredera de todos los maleficios de la historia de la persecución a las mujeres. De fondo, música de Haendel y un follaje infernal que podría haber pintado El Bosco para decorar el paisaje culpógeno.

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Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe en 'Antichristo' (2009) de Lars Von Trier.

A poco que indaguemos en nuestros sentires, las mujeres advertimos toda la verdad que hay en esto que cuenta el danés: la culpa femenina está fosilizada en nuestro ADN, asociada a nuestros impulsos eróticos, desde vaya a saber cuándo. Sin restar un ápice del valor artístico intrínseco que tiene su cine, Lars Von Trier está gritando alto y firme que ha llegado la hora de repensar el lugar de la mujer. Es inteligente y atrevido de su parte hacerlo como lo hace, de nuevo, en Nymphomaniac, escandalizando; alternando a Bach y a los heavies alemanes de Rammstein, atronadores en el callejón de las "viciosas"; contratando a actores porno para que hagan de dobles de cuerpo en las penetraciones...
En esta primera parte de Nymphomaniac (esperamos con ansias la segunda para finales de enero) ya nos advierte de lo que va la cosa: las mujeres nos culpabilizamos de todos los males propios y ajenos si usamos nuestro sexo en lugar de cubrirlo y retacearlo. Si lo ponemos al servicio del disfrute o de viriles empellones, ¿podemos llegar tan lejos como para condenarnos a dejar de amar y de sentir?
 

Tráiler de 'Nymphomaniac Volumen I' de Lars Von Trier.

Ojalá que lo de pedirle demasiado a la vida no sea un pasaje hacia algunas adicciones, hacia algunas locuritas, como la de Joe (interpretada de nuevo por Gainsbourg en esta película), que se autodiagnostica ninfomanía: "quizá la única diferencia entre la otra gente y yo es que yo le pido más a las puestas de sol".
Ciertamente turbador, este loco inspirado cineasta de todos los demonios (del inconsciente colectivo). Un crítico dijo, contundente, que ese pulso artístico provocador es el único camino posible a la excelencia.
Pero volviendo al asunto de lo que de verdad quieren las mujeres, vale insistir en la recomendación del libro de Daniel Bergner, que da cuenta de las últimas revelaciones de la ciencia sobre el deseo sexual femenino y se pregunta: "¿sería posible pensar que el valor que se le da al recato femenino en todo el mundo no tiene tanto que ver con absolutos biológicos como con las culturas patriarcales y las suspicacias y el miedo que provoca en estas la sexualidad femenina?"
Entre las investigaciones científicas que cita el periodista de The New York Times Magazine, habla de una de laboratorio, a cargo de Meredith Chivers, sobre fantasías sexuales en hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, con el fin de medir y observar la coincidencia entre las respuestas conscientes y las contracciones vaginales e irrigación de los genitales de los participantes.
Uno de los datos que da que pensar es que las contestaciones de las mujeres a las que se les garantizó una estricta confidencialidad, y sobre todo las de aquellas que creían que estaban conectadas a un detector de mentiras, "eran casi idénticas a las de los hombres". Algo similar ocurría cuando se les preguntaba cuántos compañeros sexuales habían tenido: "las mujeres que pensaban que estaban conectadas a un polígrafo no solo mencionaban a más compañeros que el resto de las participantes femeninas, sino que también, a diferencia de los varones, dieron números bastante más altos que los hombres". El estudio arrojaba otro aspecto interesante: "las mujeres están menos conectadas o conocen peor las sensaciones de sus cuerpos que los hombres, y no solo eróticamente sino también en otros sentidos".

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También el amor. 'Dibujo a domicilio'.

Hay que dedicarle al libro de Bergner un par de tardes de buena lectura, porque todo lo que cuenta resulta muy interesante (empezando por las dificultades de los investigadores para conseguir fondos para asuntos considerados poco "serios" como la sexualidad). Pero, para terminar, voy a transcribir una de las conclusiones de otro trabajo, en este caso del Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana: "...las mujeres mantenían que los extraños las excitaban menos que cualquier hombre conocido, y el pletismógrafo decía lo contrario (...) El sexo con extraños desataba una tormenta de sangre. Esto no encajaba nada bien con la suposición inicial de que la sexualidad femenina prospera con la conexión emocional (...) En lugar de eso, el erotismo parecía funcionar mejor con algo más crudo".
Dicho esto, también es justo confesar que aunque nuestras vulvas laten con algo "crudo", nos encanta enamorarnos y tener otras conexiones, porque no solo de sangre bullendo en los genitales está hecho el amor... ni el erotismo. ¡Salud!

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