Confesiones entre hombres desnudos


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Por Rubén García Sánchez |  09 de enero de 2014

Puedes mirar pero sin ser visto. Más te vale evitar que te pillen con la mirada puesta en otro. Puedes hablar pero solo con aquellos a los que ya conocías vestidos: no es lugar para entablar conversación con desconocidos. A la hora de quitarte la ropa y guardarla en el armario debes ser rápido y práctico. Bajo ningún concepto puedes rozar a alguien. No deberías mirarte demasiado en el espejo, solamente lo justo para peinarte o afeitarte (si es el caso). La seriedad es elegante, no la estropees con una sonrisa. Evita tocar el suelo con los pies desnudos y, sobre todo, no uses una pastilla de jabón para ducharte.
Estas podrían ser las reglas no escritas para aquellos lugares donde actualmente se permite la desnudez. En ocasiones, tímida; otras veces, rauda o incluso vehemente, pero desnudez al fin. Este lugar es el que usaban los griegos clásicos para admirar la belleza en el hombre. Se trata del gimnasio; en concreto, su vestuario. En nuestra sociedad, se mantiene dividido por sexos. El vestuario masculino es uno de los escasos lugares donde está socialmente permitido que los hombres desnudos estén reunidos.

Hombres dibujo a domicilio


Hay quien se quita la ropa con mucha rapidez y pudor, incluso hay quien no llega a desnudarse completamente en ningún momento, porque ya lleva la ropa para hacer deporte debajo y no tiene que cambiarse. Estas personas, las más pudorosas, se duchan incluso con la ropa interior y se tapan en todo momento con la toalla. En el polo opuesto están aquellos a los que no les importa mostrarse desnudos. Hay quien lo hace con cierta indiferencia (llamémoslos 'los naturistas') y otros lo hacen con cierta gala ('los exhibicionistas'). De estos se diría que incluso disfrutan de este momento.
Una vez desnudo, tu comportamiento cambia; tu actitud corporal es distinta. Ahora eres más consciente de tu cuerpo porque estás desnudo frente a un público extraño. Da igual tu poder adquisitivo o tu elegancia al vestir, tu formación o profesión; en este punto tu cuerpo está en el mismo estado que el resto: empujado a una relación íntima no deseada y que, en muchos casos, resulta incómoda. Tu carta de presentación serán tu cuerpo y tu relación con él frente a la mirada oculta del resto de los presentes.

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Tus movimientos y tu actitud nos dirán de ti si mantienes una buena relación con tu cuerpo, si lo aceptas por completo o, por el contrario, si hay partes que quieres esconder (o tergiversar, metiendo tripa, por ejemplo). También sabremos si cuidas lo que no es fácil de ver, si te depilas, si usas crema, si te detienes a usar desodorante con mesura o lo haces en un suspiro, si usas colonia… Somos espectadores de un momento íntimo y personal: quitarse la ropa y volvérsela a poner. Un evento que suele ocurrir en casa, quizá compartido con la pareja o familia, pero normalmente a solas en el baño.

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Imagen del interesante corto noruego 'Shower' ('ducha'), de Christian K. Norvalls, que participó en el certamen 'Queer Lisboa' y en la última edición de 'La Boca Erótica', en Madrid. 

En el vestuario, lo único que tenemos en común con el resto es el sexo, aunque como podrás comprobar (y lo harás), también hay diversidad en ese aspecto. Quizá sea el mayor atractivo o la cuestión más incómoda: nuestros genitales y los de los demás están al descubierto. Poder comprobar la diversidad de tamaños y formas (en contra de los estereotipados cuerpos que solemos ver en las pantallas) es el mayor valor de la desnudez en grupo. Y aun así, hay quien se empeña en tocarse, sin ser visto, para conseguir ostentar una seguridad inflada.
Cada uno tiene sus rituales, sus formas de proceder, su orden (o desorden) en hacer las cosas. Poder compartir, incluso sin desear, un momento tan íntimo entre hombres es enriquecedor por ver cómo otros hacen lo mismo que tú, pero diferente. Sobre todo, aquello que no debe ser visto como es quitarse la ropa o enjabonarse, actos que sólo se permiten a los ojos de unos elegidos en la intimidad o, en este caso, de cualquiera que pase por el vestuario.
 

La pieza promocional de un pase de cortos en Honolulu: "¿Corto es mejor?", se pregunta el eslogan.
 
Y al final a mí me queda la duda de por qué mantenemos los vestuarios divididos por sexos. Me pregunto si aumentar la diversidad de los cuerpos y de los rituales de cada uno conllevaría algún peligro. Al fin y al cabo no deja de ser una norma basada en la heterosexualidad normativa y en la creencia de que el hombre no podría frenar su impulso sexual… ¿No hemos superado ya eso o acaso tenemos miedo a nuestros cuerpos?

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