La revolución sexual masculina que nunca llegó



Por: | 22 de enero de 2014
   
Reivindicamos la libertad en la sexualidad femenina. Continuamente. Hablamos de la necesidad de entender que una mujer puede elegir cómo vivir su vida, y sobre todo, cómo vivir su sexualidad. Pero, ¿por qué no hablamos de la libertad de los hombres a la hora de elegir cómo gozar de su sexo?

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Fotografía vía CNN México (Cortesía SXC).

Últimamente, a los hombres más que dejarles elegir, no se les deja de exigir. Les pedimos que sean sensibles, comprensivos y respetuosos, pero que no dejen de ser viriles, fuertes y protectores. Les pedimos que se ocupen de nuestro placer, de nuestros orgasmos, y además, que tengan los suyos cuando más nos convengan. Les pedimos que se adentren en nuestras curvas femeninas, para que nos ayuden a descubrir nuevas formas de placer, pero nos hemos olvidado de ayudarles a descurbir sus nuevas formas de hacer. La culpa es de todos, pero también suya. Porque ellos tampoco han hecho mucho por buscar ese cambio.
Los hombres no han liberado su sexualidad, sigue encerrada en los barrotes que supone la obsesión por el pene, en todos los sentidos. Quizás el problema está en que algunos aún no saben lo que se están perdiendo. Pero mientras ellos no se abran a nuevas experiencias, nosotras no tendremos compañeros con los que adentrarnos a explorar "algo más". No podremos salir del coitocentrismo, y de las frustraciones que supone, si no lo hacemos juntos.
Pero, ¿qué es lo que quieren los hombres cuando hablamos de sexo? Sé que en muchas cabezas resonará aquello de "meterla". Vale, sí, pero mi pregunta es: ¿es solo eso lo que quieren todos? Si ya nos habló en este espacio Rubén García de las llamadas 'nuevas masculinidades', y de cómo actualmente ellos buscan algo más de experiencias vitales tan importantes como la paternidad, ¿qué hay de aquellos que también buscan algo más en su experiencia sexual?
 
Audrey Beardsley Lisistrata
'Los embajadores lacedemonios'. Ilustración de Audrey Bearsdsley para el libro Lisístrata, como reflejo de la 'obsesión por el falo'.

Deleitarse con una sesión de caricias, de besos, de palabras prohibidas. Atreverse a jugar, a incluir los juguetes dentro de sus rutinas, a explorar sus puntos sensibles o incluso a intercambiar roles con su pareja. En definitiva, dejar por un momento de lado la obsesión por el falo. Quitarse de encima las presiones por el tamaño, los tiempos, los números, y descubrir el goce por el goce, sin más.
Incluso en el placer con ellos mismos. Si hacemos continuamente campaña a favor de la masturbación femenina, de la importancia de dejarnos llevar por nuestras fantasías y de darle ambiente al momento, poco decimos del onanismo masculino. Que por norma, salvo excepciones, suele ser rápido y directo, y que, evidentemente, acaba siendo un reflejo de lo que puede ser luego la relación sexual con otra persona.
La industria ha tomado nota, y ha empezado, poco a poco, a proponer nuevos juegos a los hombres a la hora de echarle imaginación a sus ratos solitarios de placer.Ya hemos hablado varias veces de la marca TENGA y de sus propuestas para innovar en la masturbación masculina. Si no podemos cambiar la base, al menos que variemos un poco las formas. Desde cápsulas de onanismo para usar en la intimidad, a los famosos huevos que pueden dar mucho juego también en pareja, pasando por esculturas de silicona que pueden pasar por un complemento en la decoración del hogar.
 


 
No se trata de convertir a los hombres en mujeres. Si las mujeres intentamos liberarnos imitando la sexualidad masculina, y nos dimos cuenta de que ese no era el camino, la cuestión no es repetir los errores del pasado.
Se trata de tener la capacidad de elegir, de ampliar opciones. La sociedad ha cambiado, y los roles ya no son los que eran. La vía pasa por aceptar que un hombre sea como quiere ser, en todos los aspectos de su vida. Que si quiere ser eminentemente genital, y disfrutar sólo del sexo ocasional, esté igual de bien que si decide que quiere explorar su cuerpo y creer en el amor romántico. Que todos son igual de hombres, elijan las formas que decidan, y que nadie es quién para juzgar lo contrario. Que en la diversidad está el gusto, y que hay una pareja para cada tipo de hombre, porque no todos somos iguales. Y demos gracias por ello.

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