Desde mi primera vez (y con un ginecólogo), yo decido

Por: | 26 de febrero de 2014
 
Por María Paz Ruiz Gil 

Llegué a mi primer encuentro sexual por una enorme curiosidad. Esto hizo que desde esa primera vez yo tuviera en mi cerebro dos parcelas: una para el contacto físico y otra para el amor.
El sexo tiene un componente placentero; y no todo placer está asociado al compromiso que hay entre los dos que se entregan a la relación física. Es falso que solo los hombres puedan separar eso y sólo ellos puedan gozar con el sexo casual, esporádico o sorpresivo. Las mujeres también pueden, lo hacen, y es maravilloso disfrutar del cuerpo sin importar si se es hombre o mujer. De hecho, a veces tengo la sensación de que la distinción de géneros nos ha afectado mucho. No todos somos hombres-hombres ni mujeres-mujeres.

Furores íntimos
'Furores íntimos', de María Fernanda Guerrero.

Mi primera relación sexual no ocurrió con un novio. No me pareció grave, nunca me culpé por eso y, en cambio, pude aprender a tener una relación sexual liberada y placentera con él. Hoy pienso que tuve suerte al comenzar mi actividad sexual con un estudiante de ginecología.
También hoy soy consciente de que él me hizo la inducción y las prácticas. Yo no sabía nada, y solo recordaba el libro de sexualidad que mi mamá me había mostrado en la cama el día que me explicó, con dibujos en blanco y negro, cómo era eso de fabricar hijos. Recuerdo también que mi papá cerró la puerta con mirada confusa: su hija de once años ya sabía que el sexo existía. Su pequeña ya no era tan inocente. Pero es igual, porque después del libro en blanco y negro me siguieron tapando los ojos cuando salían dos amantes besándose en las películas, y en mi casa no se dijo la palabra sexo ni sonaron jamás los Sex Pistols.
Mi primera vez no fue idílica ni satisfactoria. Yo no comprendí muy bien lo que hacíamos; y sentía que no había estado relajada ni un segundo mientras duró esa penetración. Con el tiempo la experiencia mejoró, y en cada encuentro aprendí hasta poder tener una relación sexual divertida y muy placentera. Cuando descubrí que el sexo me encantaba, supe que yo misma tenía que convertir lo prohibido y esas incertidumbres que me había dejado el libro de dibujos de anatomía en algo fantástico.
Mi seducción como casilla de salida. Debo decir que mi vida sexual está emparentada con una condición que desarrollé muy joven: un crónico deseo de conquistar hombres. A diferencia de algunas mujeres que encuentran placentero que las conquisten y las seduzcan, a mí, desde muy corta edad, siempre me ha gustado ir a la carga y jugar al Risk con los hombres. Llevar mis soldaditos y empezar a jugar una partida con su cabeza.
Primero se seduce, luego se conquista, y este es el juego más divertido que conozco. Seducir o conquistar no implican relación física; y, es más, creo que con la cabeza se llega a puntos de excitación muchísimo más insondables, al hermoso juego dialéctico entre humanos que se gustan. Cuando entramos de lleno en él, las respuestas inteligentes y el sentido del humor son los aliados más dignos para alzarnos con una verdadera conquista, que puede ser tan intensa y excitante como lo es recorrer los laberintos del deseo; que empieza a dibujarse en la sugerencia y en el conocimiento de las armas de la sensualidad.
Algunas partidas de este Risk seductor duran menos de media hora, se convierten en historias de película y se desarrollan en diferentes escenarios donde el sexo estará tan presente como el sol o la luna. Puede deberse a la química que hay entre organismos, pero lo cierto es que yo he conocido hombres que con solo vernos y bailar tres canciones ya nos sentíamos novios, y dos de estas personas constituyeron las relaciones más largas de mi vida. Eso, en el pasado, me convertía en una mujer que no se fiaba de esos tontos consejos populares que recomendaban a las mujeres no besar al hombre que acababan de conocer porque eso las convertía en fáciles. No hay mujeres fáciles o difíciles. Hay mujeres con ganas o sin ellas.

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Getty.

Otras de mis conquistas llevan décadas abiertas y jamás han pasado al momento piel. Esos amantes imposibles son muy divertidos porque se empiezan a convertir con el paso del tiempo en personajes de mis novelas y de mis fantasías eróticas. Cuando los veo siempre me tiembla el alma y no soporto tenerlos cerca de mí por más de un café. Y a ellos, confidencias mediante, también les ocurre algo parecido, porque se comen las uñas, o me preguntan si creo que algún día pasará lo que ambos queremos. En ese momento, unas risas cierran la pregunta y seguimos coqueteando hasta que se junten los cinco continentes. Como dato curioso puedo apuntar que estos hombres que han caído en el cajón de amantes imposibles son rabiosamente inteligentes y que, con ellos, el juego verbal es tan intenso y sexy que hace que nunca hayamos pasado a hablar entre cuerpos.
Para mí es importante darme cuenta de lo siguiente: desde mi primera vez, me he acercado al sexo en todas las ocasiones como acción voluntaria. Nunca he tenido que acceder a ningún contacto que no estuviera aprobado por mi cabeza y he vivido así mi vida sexual, eligiendo cada pareja con la que compartir mi sexualidad.
Yo decido quién besa mi cuerpo, quién lo ve desnudo y quién no. Una de las primeras condiciones que hacen que pueda hablar sin ninguna censura, pero también sin dolor o vergüenza sobre sexo reside en este principio. Yo decido sobre mi vida sexual y no ella sobre mí.


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Conciencia o sistema operativo, da igual: inventándonos el amor


Por: | 24 de febrero de 2014
 
A ella, de ella, el suyo: her. Her es la película de Spike Jonze que habla de lo que sucede en torno a ella, aunque ella no exista. No es she, es her.
¿Quiere esto decir que ella/she no importa? No, de ninguna manera. Pero ella/she no tiene identidad y solo adquiere presencia como her/la (I knew her/ la conocí; I talked with her/ hablé con ella), en función de su relación con él, Theodore (Joaquin Phoenix).


Vaya presencia la de esta interface: la que le ha tocado a Theodore tiene nada menos que la voz sexy y ronca de Samantha/ Scarlett Johansson, mimándolo a través de su auricular, comprendiéndolo, alentándolo y sorprendiéndose, la voz, de la vida que él le cuenta. ¿El sueño masculino? Hmmm, como toda mujer, esta interface también tiene reclamos, no creas...
Entre Shangai y L.A., una ciudad luminosa pero siempre velada por el smog, con sus habitantes portando auriculares todo el día: son/somos hombres y mujeres sobre el cable, cableados, aunque wireless, porque ya ni siquiera el cordón umbilical nos hace falta para depender de la matrix digital. Deambulan/deambulamos con bolsos con forma de laptop o tableta, cruzados o al hombro... Y con pantalones tiro alto, que parecen muros, quizá levantados para dificultar la penetración (¿un mundo sin penetración y con puros contactos virtuales es posible?).
En ese paisaje entre irreal y absolutamente cotidiano, Joaquin Phoenix interpreta a un sensible chico solo, de treinta y tantos, que no puede terminar de despegar su corazón del de la mujer con la que creció. El presente de Theodore -por cierto, un experiodista- transcurre entre la redacción de vidas prestadas (escribe cartas de amor por encargo) y el entretenimiento a solas, con videojuegos, alguna sesión de sexo por internet o una breve visita a sus amigos, tan hiperconectados como él.
El amor y la inteligencia artificial, con interfaz Scarlett, eso sí. Conciencia o sistema operativo, ¿qué más da la contraparte? Los procesos se reproducen, solamente basta una -una única- persona para desatar el recorrido de la seducción al enamoramiento, desde el primer intercambio verbal, con la primera respuesta ingeniosa (o que nos arranca una sonrisa al cabo de tanto cinismo), el primer piropo, el halago más espiritual, hasta las ganas de tocarse, decir tocarse, decir amarse y también el conflicto, el malentendido... Pero volver a pensarse, acompañarse a la distancia, informar "tengo novia" o saber que alguien te preguntará "¿cómo te fue?", al final del día.
Escuché a gente quejarse a la salida del cine. Algunos iban a ver la última del director de Cómo ser John Malkovich esperando un buen exponente de fantaciencia, una Blade Runner de romance de escritorio. Otros esperaban algún capítulo en pantalla grande que ampliara una entre las miles de historias de cada noche en Meetic o Badoo o Facebook: hombres casados o solitarios fóbicos al contacto físico que chatean con desconocidas (y viceversa) y con eso les alcanza para sostener la abulia matrimonial o laboral continuada.
Pero, no: Her es una reflexión hermosamente melancólica y verdadera sobre la pareja, no importa su formato. Y sobre el individuo y su necesidad de encajar sus bordes en otros bordes contenedores, adaptar los ajenos a nuestras salientes y concavidades... y limar los propios para encastrarse en otro cuerpo, otra conciencia, otro sistema operativo. Para no sentirse solo aun estando solo.

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Joaquin Phoenix en 'Her' de Spike Jonze. 

Un físico teórico dijo, alguna vez, que este universo quizá fuese un holograma, que todo esto -incluidos nosotros- podíamos ser reflejos de alguna proyección lejana. Jonze juega con la idea de las tretas de la mente y el manejo de las emociones -cualquiera sea su fuente generadora- y algunos inevitables límites: ¿cómo reemplazar por píxeles o músicas una caricia suave de esas que nos erizan a ambos, por la mañana, después del sexo arrebatado, mojado, chocándose, frotándose con otro ser humano?
No tenemos respuestas, pero es cierto que los tiempos ya dan cuenta de infinidad de relaciones virtuales, con sexo a ambos lados de una pantalla, autoprocurados orgasmos vía Instagram, largas sesiones de erotismo dicho por Skype o cantado por WattsApp, autosatisfacción en primerísimos primeros planos pixelados, guitarras tocadas por teléfono y mitades heladas de muchas camas lejanas.
Her de Spike Jonze conmueve y nos envuelve en la hipnótica ciudad de los amores no correspondidos y los deseos insatisfechos, con bella música de Arcade Fire. Y moviliza, revuelve, porque no habla únicamente de soledad y vínculos cibernéticos sino (y fundamentalmente) porque construye una alegoría sobre las relaciones humanas, que tienen tanto o más de diseño y proyección individual que el vínculo hombre-máquina.


Tráiler de 'Her' de Spike Jonze. 

¿Acaso no nos inventamos a la otra persona cuando interactuamos con nuestras expectativas o contra nuestros fantasmas? ¿No dibujamos siluetas románticas en nuestros paisajes desolados y con ellas vestimos a otros seres?
Ilusión fallida, delete. 
¿No ha sido muchas veces el nuestro ese andar derrotado de Joaquin Phoenix cuando nos falta la ilusión amorosa o nuestra su desesperación ante la 'caída' del sistema operativo?
Ringtone de piano y aparte.
Desinstalar.
Download (un nuevo amor se está descargando).
Ejecutar.

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Fidelidad y ventas: lo erótico y lo romántico triunfan


EL PAÍS

Por: | 23 de febrero de 2014
 
Las ventas de libros no pasan por su mejor momento, como casi todo en este país. Sin embargo, la novela erótica, aún en plena crisis, ha conseguido alcanzar su punto álgido de éxito. La clave para revolucionar un género, que antes se encontraba algo "denostado", según las propias autoras, es tener unas lectoras fieles, comprometidas y entregadas tanto con las obras, como con quienes las escriben. Es por ello que, desde hace cuatro años, unas y otras se reúnen en el llamado Encuentro RA, para debatir temas como el repunte de lo erótico o la relevancia de la era digital.

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Noelia Amarillo firmando sus libros en el IV Encuentro RA.

La idea de los Encuentros RA nace de Merche Diolch, administradora de la página 'Yo leo Romántica Adulta (RA)'. Merche, que también escribe, explica que cuando comenzaron, hace ya cuatro años, "las autoras españolas eran muy pocas y la promoción que tenían desde las editoriales, era escasa". Por eso tomó las riendas y montó esta iniciativa para dar mayor difusión al producto nacional. Desde entonces han cambiado muchas cosas. Si antes, pese a existir demanda, la oferta era escasa, ahora, según Diolch, "la novela romántica puede publicar al mes más de 20 libros". En tan solo un año, las ventas han pasado de 140.000 a 2.826.000 ejemplares; concretamente en novela erótica. La diferencia la han marcado las lectoras, y así lo subraya una de las escritoras eróticas más conocidas del panorama nacional, Noe Casado. "Nos han dado su apoyo incondicional desde el minuto uno, me sorprende ver cómo con una novela que va a salir un determinado día, a las doce y un minuto ya hay gente comprándola, o incluso en preventa".
La relación entre las escritoras de novela romántica o erótica y sus lectoras es bastante especial y, de hecho, si algo la caracteriza es su cercanía. Por eso, en un encuentro como este, además de ir cargadas de buen humor y siempre con una sonrisa puesta, las lectoras también van teléfono móvil y libro en mano, buscando esa foto y esa dedicatoria de sus autoras favoritas. Sin embargo, también hay tiempo para las críticas y los reproches: "Se enfadan contigo pero aprendes mucho con lo que te comentan", relata Noelia Amarillo. La autora explica que otro factor clave para que estas novelas estén entre las más vendidas es el haber quitado por fin de sus portadas  a "las chicas desmayadas y los hombres descamisados", y el hecho de que las escritoras españolas "tenemos otras ideas, escribimos con nuestros usos y con el carácter español".
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Autoras y lectoras se encuentran en este evento, en el que también destacó la presencia del escritor Javier Romero

Si hay algo que ha despertado del letargo al género ha sido, sin duda alguna, el boom de Cincuenta Sombras de Grey. Y es que si el amor enganchaba a las mujeres, con las escenas sexualmente explícitas la cosa no hace sino mejorar. Incluso lo que puede llegar a mejorar es la propia vida sexual. "Me han escrito cantidad de maridos y mujeres para decirme que han reactivado su vida sexual, y que se están atreviendo a hacer cosas que antes no hacían", cuenta entre sonrisas Megan Maxwell, una de las autoras que crea tendencia, gracias a su trilogía Pídeme lo que quieras, en la que narra las pasiones de una española con mucho carácter. "Para que guste una novela erótica hay que llegar a un equilibrio, el que ellos manden gusta, pero también es bueno que ellas manden un poquito; por eso en mi nueva bilogía erótica intento que sean un poco los dos: va a estar plagada de juegos y fantasías".
Sobre si este boom de novelas eróticas ha podido suponer un cambio o no en las rutinas de pareja, Noe Casado comenta: "no sé lo que hace cada uno cuando cierra el libro y apaga la luz, pero hay mucha gente que dice que la imaginación ayuda. Estos libros no son un manual, pero si leyendo un libro de romántica erótica se activa de nuevo esa parte de nuestras vidas, desde luego mal no está".

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Megan Maxwell y sus 'guerreras', y la organizadora del evento, Merche Diolch.

Otro de los factores que ha permitido que el viento soplase a favor ha sido la revolución de lo digital. "Internet es una plataforma para llegar a los lectores, porque las escritoras se mueven mucho en las redes sociales y, por otra parte, la publicación digital llega a mucha más gente, y no solo en España", aclara Merche Diolch.
Sin duda, al final, tal y como exponía en una de las mesas de debate Consuelo Olaya, editora de Ediciones Versátil, "lo importante es dar con una historia que emocione y unos personajes que lleguen". Y en esto ya no somos expertas únicamente las mujeres. Javier Romero presentaba en este encuentro el próximo lanzamiento de su propia novela romántica, Estaré donde tú no estés. "No me considero un hombre entre mujeres, me considero una más, y estoy muy orgulloso", afirmaba el autor, insistiendo en que "cuando escribes desde el punto de vista de un hombre, escribes con tu propio romanticismo; los hombres por muy duros que queramos aparentar ser, en ocasiones, también estamos encantados de recibir amor". Y cada día son más los lectores masculinos de este tipo de novela.

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No era la única novedad que se anunciaba en este encuentro. Jodi Ellen Malpas, la autora de la famosa trilogía Mi hombre (Planeta), presentaba la novela con la que cierra la misma, Confesión, en la que por fin se conocerá cuál es el secreto del seductor Jesse. Aunque en esta, como en otras muchas sagas, volvemos a tener una boda a modo de final feliz.
¿Qué hay de este hombre torturado y posesivo de las novelas? "No creo que haya demasiados hombres corrientes en la ficción erótica, yo por mi parte he creado unos personajes complejos y he conseguido que las lectoras se enamoren de ellos", dice Jordi Ellen. "En mi novela, la protagonista no se siente atraída al principio por el lado oscuro de Jesse, se siente cautivada por un hombre muy intenso que le hace sentir un deseo irresistible. Después, cuando se enamora de él, y conoce esa parte oscura, decide que cuando amas tanto a una persona, la aceptas como es y la ayudas".
Y vosotros/as, ¿qué novela erótica os habéis leído? ¿Creéis que el amor y el sexo romántico necesitan dar un paso también en la vida real?

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Días rojos: en el amor nos deslizamos


EL PAÍS

Por: | 21 de febrero de 2014
 
"A mí no me importa", me dijo un hermoso compañero, una mañana, después de una noche de reencuentro, cuando le dije que me acababa de venir la regla. "¿A ti te molesta?", preguntó. "Claro que no", le dije, apenas. Pero no solo es que no me importa sino que cada vez me gusta más la sensación de hacer el amor en los primeros días de la menstruación.

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Sin embargo, como nadie debe imponerle nada a nadie, siempre aviso y pregunto, por las dudas. La verdad, jamás sentí rechazo frente al tema, ni con ni sin pareja estable.

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Y espero que los/as lectores/as tampoco sientan 'asco': entiendo que tocar un tema tan ligado a lo fisiológico puede parecer vulgar, pero hay más de una razón que nos induce a mojarnos (o enchastrarnos, como decimos gráficamente los argentinos). No solo es natural que las mujeres sangremos cada tres o cuatro semanas, sino que todavía hay que defender a algunas chicas, especialmente las muy jóvenes, a las que todavía suelen hacerles sentir "sucias" o "impuras" durante su periodo menstrual.

Nada hay bello en el sexo seco.

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De primera mano. Una adolescente española me contó hace poco que su novio, el mismo con el que unos meses antes había perdido la virginidad, la amenazó un día cuando, después de haber planeado un fin de semana romántico juntos, ella le advirtió que quizá le viniera la regla. Al parecer, aún nacen hombres que tienen que familiarizarse con la cuestión, buscar alternativas o renunciar al sexo, sin culpabilizar a su pareja.

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Después de oir aquella historia, que me pareció fuera de época y lugar, recordé las recomendaciones y del Antiguo Testamento sobre los fluidos y la necesidad de evitar contactos con ellos, pero tanto si estos provienen de los hombres como de las mujeres. Estos consejos levíticos han ido siendo recogidos y reescritos hacia la evitación de la mujer menstruante, a la espera de su 'purificación', pero la verdad es que si uno se detiene un instante en los textos originales, las advertencias y fatalidades no son del calibre que luego han difundido sus intérpretes y vigías.
Más allá de la Biblia, el Talmud y el Corán (por cierto, vale la pena saborear algunas de las historias sensuales del profeta), el deseo ocurre aquí y ahora, y si habitualmente es difícil poner una valla, mucho más complicado es resistirse precisamente en las horas en que empieza la curva ascendente de libido en la mujer, hacia la ovulación.
Como he confesado ya, en las primeras horas rojas mi deseo aumenta, y como la turgencia de los pechos llega a su máxima expresión, todo se pone un poco más a flor de piel, digamos... Incluso he comprobado esto que dicen algunos ginecólogos: los dolores menstruales pueden aliviarse con una buena sesión de sexo. En cuanto a la prevención de las ETS, cada uno ya sabe tomar sus medidas, ¿no?.


Tráiler de 'Fuck for forest'.

En el marco de la última edición del Festival de La Boca Erótica se estrenó una película-manifiesto ecoporno llamada Fuck for forest. En el filme hay una escena erótica que nadie olvidará, en la que uno de los protagonistas exhibe su deleite con los fluidos mientras su novia menstrúa. A raíz de tan explícita puesta en escena, un amigo argentino recordó a alguien que se llama a sí mismo 'Draculín', mientras hace elocuentes gestos que dan cuenta de lo que disfruta del cunnilingus en días rojos.
Todo muy hippie, sí, pero sin llegar a estas fronteras anegadas que suelen cultivar los amantes de la vida natural, podemos disfrutar de casi todo, y más, por el maravilloso efecto de las paredes mojadas y resbaladizas de nuestros genitales. Al respecto, consulté a otro amigo, que me confirmó que esa sensación de gozosa humedad que percibimos de este lado, las chicas, también es un marco de recepción incomparable para ellos. Además, me dijo que él ha notado que el nivel de excitación femenino suele ser superior al normal.

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El amor embadurna.

Algo de esta hambre de sexo debemos de transmitir de un modo no consciente, le comenté, porque una vez, de visita en casa de amigos, me pasó que un gato muy arisco estuvo toda la noche restregándose en mí y maullando, el día 1 de mi periodo; los dueños no daban crédito a la actitud del gato, habituamente remiso a estar cerca de la gente.
Así, los días rojos: desprendemos deseo, olores, más ganas, humedad, sangre. Nada hay bello en el sexo seco. Secos somos ásperos, raspamos. Mojadas nos deslizamos. El amor embadurna.


Bonus track, en femenino:
Valgame dios
 

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Oda a los dioses domésticos


EL PAÍS

Por: | 19 de febrero de 2014
 
Me sorprendió al leer los comentarios en mi post ¡Hay que tener bolas! y descubrir que la frase "Gracias a las bolas chinas, tareas domésticas como pasar la aspiradora, de repente, se vuelven más divertidas", fue interpretada por algunos(aunque pocos) como "pasar la aspiradora es una tarea de las mujeres". Pero no era eso lo que implicaba en absoluto, sobre todo porque no hay nada que más lejos de lo que pienso.

En teoría,creo que las tareas domésticas deben ser compartidas por la pareja, y no solo por la igualdad, sino por el sentido común porque, a cuatro manos, ¡el trabajo se acaba en la mitad de tiempo! Pero confieso que esto es solo en teoría porque, en la práctica, no puedo negar que prefiero que el hombre se ocupe de casi todo. Entonces, confieso que en parte me alegro por esta malinterpretación, ya que me ha inspirado para escribir esta oda a los dioses domésticos.

Venus O'Hara by Yuky Lutz Shoes by Ainsley-T
Venus O'Hara por Yuky Lutz. Zapatos por Ainsley-T.

Desde siempre he sido una desastre doméstico; es decir, soy increíblemente desordenada y odio limpiar. Incluso cuando era niña, me costaba recoger mis juguetes y hacerme la cama todos los días y no me imaginaba nunca que lo haría para otra persona cuando fuera mayor. Pero por mucho que odie ordenar mi propio desorden, reconozco que se ha de hacer. Además, me gusta disfrutar de un ambiente ordenado y limpio. Por ello, gracias a las bolas chinas, ahora no tengo tanto pavor a hacerlo y, como resultado, mi casa está más ordenada y mi suelo pélvico, más fuerte. A pesar de esto, para mí no hay nada mejor que un auténtico dios doméstico. Es decir, un hombre que sea ordenado, buen cocinero y al que,encima, le dé placer servir a una mujer. No solo me gusta por conveniencia, por las ventajas obvias de disfrutar de un ambiente ordenado sin tener que esforzarme, y de comida que no he tenido que preparar, sino que es algo que realmente me seduce.

Un dios doméstico limpia y cocina de forma meticulosa y siempre con orgullo. Su habitación está impecable con la cama hecha, en fin su casa es un lugar donde me hace sentir como una reina. Pero más importante es que un hombre así no se siente menos hombre a la hora de ponerse un delantal y fregar o cocinar. Y después de una cena casera deliciosa, mientras yo me relajo en el sofá con una copa de vino, él está en la cocina limpiando los platos (o cargando la lavavajillas). Por supuesto, los dioses domésticos suelen ir recogiendo mientras cocinan, y no tardan tanto como las desastres domésticos como yo, que dejamos todo hasta el final e. inevitablemente, tardamos mucho más.
Desarrollar las habilidades de un dios doméstico no es algo que se aprenda de un día para otro. Para mí es una muestra de un hombre que lleva años haciéndolo solo, que hace años que ha dejado de hacerle todo su madre, por lo tanto es una muestra de independencia que encuentro muy sexy.
Un amigo que se considera un dios doméstico me confesó recientemente que su motivo principal para ser así era porque no quería convertirse en su padre (un hombre que consideraba que entrar en una cocina era como entrar en la "zona de la mujer") y, sobre todo. porque ni siquiera era capaz de alimentarse si su madre se encontrara fuera de casa: su padre prefería pasar hambre en lugar de prepararse algo... Mi amigo odiaba ver todo lo que hacía su madre sin recibir las gracias de su padre ni una sola vez. Entonces cuando va a su casa, él cocina para su madre. "Me gusta mimarla porque se lo merece", dice.

Para algunos hombres, el deseo de ser un dios doméstico va mucho más allá. En el Femdom ('dominación femenina') hay hombres que consideran que limpiar el desorden de una mujer es un verdadero privilegio. A menudo se practica con el hombre desnudo con solo un delantal, y a veces con herramientas que hacen que el proceso de limpiar tarde y cuesta más de lo habitual. Además, si lo hacen mal, puede recibir broncas y castigos de su dominante.


También hay mujeres que contratan a mayordomos desnudos para fiestas de despedidas de soltera, cumpleaños o cualquier celebración entre mujeres. Es un concepto que nació en los 2000 en Inglaterra y ahora es popular en muchos países. Los mayordomos desnudos suelen ser muy atractivos, musculosos, educados y van vestidos con delantal y pajarita. Su función es servir a las mujeres y entretenerlas. Incluso están dispuestos a recoger después y lavar los platos, pero por mucho que alegren la vista, está prohibido tocarlos.
Aunque me gusta que un hombre se ocupe de pasar la aspiradora, fregar, planchar, cocinar y lavar los platos, lo que más me importa es cómo se ocupa de mí.

Y tú, ¿qué opinas de los dioses domésticos?

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Basta de erotismo bienpensante


El País

Por:  


"Dios le castigó, poniéndole en manos de una mujer", se oye una y otra vez en La Venus de las pieles, la última película de Roman 'el terrible' Polanski. A partir de esta frase bíblica, Polanski se regodea en un crescendo de tensión sexual y, paradójicamente, en un empoderamiento de la figura femenina.
Ella, la que recrimina el sexismo de la sentencia del Antiguo Testamento al adaptador teatral (Mathieu Amalric) es Emmanuelle Seigner, poniéndole piel de mujer de verdad al personaje de Wanda, el ama de la novela de Leopold Von Sacher-Masoch.

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Fotografía de Irene Díaz.

Esta nueva Venus de las pieles no es más que una piecita teatral de cámara que permite que los actores se luzcan sin 'montura' cinematográfica y que digan, sin aditivos, un par de cosas que el director polaco quiere gritar para defenderse de la vulgaridad ambiente: no toda obra debe ser convertida en mensaje social.
Si solo fuéramos capaces de mirarnos en un espejo naturalista (y bienpensante, agrego), se acabarían la creatividad y la reflexión, la sexualidad creadora y, por supuesto, la libertad para vivir.
A propósito del espejo, hoy ilustramos nuestro post con esta fotografía de Irene Díaz, que desafía la esperanza de realismo o -si se quiere- la inquietud cuando las cosas que nos rodean no nos devuelven la imagen más adaptada de nosotros mismos. El vacío del espejo abre infinitas posibilidades, porque ya no hay reflejo fiel del que asirse.
Aquel enfant terrible que fue Polanski recrea una nueva puesta teatral de la novela decimonónica que dio origen a lo que hoy se llama sadomasoquismo. Y lanza unos buenos dardos contra el bienpensismo social que suele denostar al arte. 
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La Venus de Tiziano se mira al espejo. En este cuadro pintado a mediados del siglo XVI parece haberse inspirado Severin, el protagonista del libro de Leopold Von Sacher-Masoch

En la escena en que el adaptador lee, conmovido, el pasaje de Severin niño, azotado por su tía envuelta en pieles y descubriendo en ese instante cuán cerca están, en él, el placer y el dolor, la actriz le habla de "maltrato infantil". "¿Por qué todo tiene que ser reducido a una cuestión social?", le rebate.
Los 'ismos' -algunos benévolos dogmas de fe de nuestros días- suelen reducir la emoción de la obra y del artista a un tema estadístico o a un asunto social a solventar. Reducir y no ampliar, decimos, porque con el rótulo puesto, esa experiencia individual y creativa queda aplastada en un mero dígito entre las cifras de la actualidad. 


Tráiler de 'La Venus de las pieles' de Roman Polanski, con Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric. 

Hay algo de evangelizador en esta militancia sin descanso contra todo lo que no resulte apropiado a los dictados de la corrección política. Esa es la tensión en la que se cuece la revancha de esta Vanda del siglo XXI, potente Emmanuelle Seigner, como portavoz de todos los siglos de humillación femenina, que busca con voracidad a su dominador-dominado.
Imaginenos por un momento que Leopold Von Sacher-Masoch hubiera escrito un ensayo sobre las consecuencias del castigo físico en la sexualidad adulta de Severin. O que Polanski se dedicara a hacer reportajes para el informativo del mediodía sobre las obras literarias con indicios de sexismo a lo largo de la historia. Ambos nos hubieran privado del disfrute de su arte.
De ahí la proclama por la libertad de expresión, sin los corsets que imponen los crecientes 'ismos' (sin restar la validez de importantes luchas que hay que dar en la calle, en los medios y en la vida cotidiana). Hay sitio para todas las sexualidades y hay sitio para todas las expresiones. Imaginemos que, aquí mismo, en el blog EROS, estas crónicas sobre el amor, con humor, o las desventuras del sexo y las relaciones que contamos las escribiéramos contemplando todas las perspectivas y combinaciones posibles entre ellos y ellas, ellas y ellas, ellos y ellos, en singular y plural... De hecho, alguna vez, algún lector ha hablado de 'heterodeterminismo", y todo porque -a veces- narramos experiencias individuales limitadas a apenas alguna de las combinaciones posibles del erotismo humano.

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Tony Chapton exhibe sus fotografías en la muestra 'Desiderium', hasta el 22 de febrero, en 'El dinosaurio todavía estaba allí' de Madrid.

Entonces, insistamos: si todo lo que les pasa a los seres individuales (o todas las obras que ellos crean) fueran objeto de moraleja social, tendríamos que olvidarnos del arte, de la poesía y hasta de la libertad de vivir.

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¿Vuelven la censura y los tabúes sexuales?


El País

Por Eli Yaakunah 

Pese al boom actual de la literatura erótica, la libertad de expresión en materia sexual está hoy amenazada por una serie de tabúes que incluso Cincuenta Sombras de Grey y sus seguidoras deben observar sin cuestionarlos.

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Arte de portada original de Karina Vagradova, para 'La mujer que desató el mayor escándalo sexual de todos los tiempos'.

El primero, y más evidente, pide ocultar en toda imagen la partes "vergonzosas" o "pecaminosas" del cuerpo, que vuelven a incluir las mamas. Eso puede causar sorpresa e incredulidad en España, que se lleva muy bien con los pechos femeninos y los exhibe con orgullo en las portadas de Interview, en las pantallas de la tele, en los periódicos, en las playas y en los bares. Desde la península, cuesta entender que, en los Estados Unidos, un seno destapado durante medio segundo, aun con el pezón cubierto, le causara a Janet Jackson un bombardeo de críticas airadas, denuncias y multas.
Descubrí la nueva vigencia de este tabú cuando Amazon me pidió que cambiara la portada de mi novela La mujer que desató el mayor escándalo sexual de todos los tiempos para no censurarla en las búsquedas. El problema era que el diseño estaba basado en el cuadro de la pintora Karina Vagradova  que abre este post, en el que -como véis- aparecen dos mujeres semidesnudas.
No me valió de nada protestar, con firme cortesía, y argumentar que se trataba de una obra de arte y que por la misma regla de tres se deberían considerar obscenas La maja desnuda o La Venus de Botticelli. Al final, cedí y cambié la portada usando solo un detalle de un rostro del mismo cuadro, que en todo caso se adapta muy bien al libro.

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'La Maja desnuda' (1795-1800) de Goya. 

Recientemente, me tuve que enfrentar también a una censura más radical sobre el contenido: Booktango, una de las mayores empresas distribuidoras de libros electrónicos del mundo anglosajón, rechazó comercializar la edición inglesa de mi novela por considerarla "pornográfica". Acababa de chocar con el tabú de la pornografía con una obra de ficción que no contiene ninguna imagen gráfica. Para justificar su decisión, Booktango puntualiza que ellos distribuyen novelas eróticas, pero ninguna es tan explícita como la mía. Lo irónico es que, aun con su contenido sexual, mi obra es una distopía "que transmite, ante todo, mucho amor", como observan en este blog.
Afortunadamente, la competencia de Booktango, Smashwords, sí ha aceptado distribuir mi novela, así es que, de momento, me he librado también de esta forma de censura sin tener que hacer ningún cambio.

Nacimiento de Venus
'El nacimiento de Venus' (1484), de Botticelli

Lo preocupante es que las directivas sobre contendido de Amazon y de las otras grandes librerías anglosajonas también incluyen la prohibición de la pornografía y, por lo visto, lo que cabe en tal categoría no está bien definido. Así, incluso una novela de ficción que ya está publicada puede caer en desgracia de un día para otro, si alguien la denuncia.
De hecho, esto es lo que les ocurrió recientemente a otros autores: todo empezó el pasado 9 de octubre, día en que apareció un artículo en la revista inglesa The Kernel acusó a una serie de autores del género erótico de promover la violación, el incesto, la pedofilia y la zoofilia, criticando a Amazon por lucrarse con sus ventas.
Pocos días después, la BBC sugirió que Amazon podía tener problemas legales en Gran Bretaña por no tener un filtro sobre el contenido para adultos. Eso provocó que algunos de los mayores portales de venta de libros electrónicos en Gran Bretaña, incluyendo Amazon, eliminaran sin ningún preaviso algunos títulos de sus catálogos, junto con muchas otras novelas eróticas e incluso de otros géneros.
Muchos libros 'inocentes' han desaparecido, al menos por un tiempo, como efecto colateral de esta nueva caza de brujas. Además, en los casos en que sí aparecían violaciones, incesto, pedofilia o zoofilia, tampoco está claro que el propósito fuera, en todos los casos, promover esas conductas en la realidad. De otra manera, todas las ficciones policíacas que hablan de asesinatos deberían estar prohibidas.
El resultado es que se está imponiendo un estándar de ficción 'sexualmente correcta'. Ahora que la fortuna de un libro se determina en internet, y las mayores librerías online son anglosajonas, ese estándar y los tabúes que implica van penetrando poco a poco también en el resto del mundo, incluida España. Y vuelven los tiempos de la censura y las hojas de parra.

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Ideas para un San Valentín inolvidable


EL PAÍS
 
Por: | 07 de febrero de 2014

 
Conozco pocas parejas que celebren San Valentín, pero en las tiendas eróticas parece que es big business... entonces, habrá alguien que está por celebrar el día de los enamorados en la intimidad. Por supuesto, hacer un regalo erótico como, por ejemplo, un juguete sexual, lencería u otros accesorios para mejorar las relaciones sexuales, no debería depender de las fechas.

Venus O'Hara

A pesar de ser probadora de juguetes, confieso que mi experiencia con los juguetes en pareja está bastante limitada por varios motivos. Primero, por falta de inspiración propia, porque después de hacer tantas pruebas, naturalmente, cuando tengo la oportunidad de estar con alguien, quiero olvidar mis juguetes en sus cajas y disfrutar del calor de la piel, los besos, y sentir manos y dedos expertos: cosas que ni siquiera el mejor vibrador del mundo puede proporcionar. Segundo, porque, según mi experiencia por lo general pocos hombres realmente desean explorar los juguetes en pareja. Para algunos, mi gran colección resulta intimidante; mientras que los pocos que han sentido curiosidad, normalmente desean ver mi vibrador favorito 'en acción' y el juego en pareja acaba siendo una sesión de masturbación mutua, que está muy bien, hasta el momento en que llegue a mi clímax y me dicen: "no te corres nunca así conmigo..." y, entonces, su curiosidad inicial se convierte en susto.

Recuerdo las ganas que tenía hace años por probar los anillos de pene.  Al ser una gran fan de los vibradores de estilo rabbit, es decir parte pene, parte conejito para estimular el clítoris, estaba convencida de que un anillo de pene iba a ser una alternativa perfecta, porque era parecido en cierto modo, salvo que la parte pene sería real. Sin embargo, mis experiencias con anillos de pene siempre han sido decepcionantes, porque a pesar de mis esperanzas, en la práctica, se ha convertido en una carrera para ver quien dice primero: "¡quita el cacharro ese!".

La lencería es otra opción popular para regalar en San Valentín, pero en lugar de quitársela en dos minutos, es excitante llevarla puesta lo máximo que puedas. Por ello, conviene tener un buen sistema de calefacción para el gran momento del estreno, porque estar escondida debajo la colcha no tiene sentido. Además, puede ser desastroso si lo compra tu pareja y se equivoca de talla. Si no sabes las tallas de tu pareja, una manera de saberlas de forma discreta sería mirar las etiquetas de su lencería porque si luego no cabe, lo último que una se va a sentir es sexy...

Otra cosa que puede ir mal es que te compren algo que no te gusta. Esto me pasó el año pasado y, al principio, no supe cómo reaccionar. Después de dudar entre la respuesta educada o la honesta, aposté por la honesta y lo que iba a ser una sorpresa acabó siendo un desastre. Para evitar repetir, personalmente prefiero comprarlo yo, porque así puedo estar muy segura de que se trata de algo que realmente me gusta y le puedo decir que es su regalo.

Mientras los enamorados estarán abriendo sus regalos eróticos para San Valentín este año, he decidido tomar un descanso de los juguetes. Sin embargo, no puedo negar que me están entrando ganas de probar más juguetes en pareja. Por supuesto, este descubrimiento dependerá de la otra persona, y no de las fechas.

Aquí os presento algunas cosas que todavía tengo por probar:

Fresh grupo
Hot grupo

Erogens Hot lipstick vainilla y Fresh lipstick menta son pintalabios con efecto calor y frío
para uso externo. Un regalo ideal para sorprender a la pareja con besos en los pezones, los muslos, o ¡donde quieras! Además, al no tener pigmentación, también se lo puede aplicar un hombre sin que se vea. Una idea interesante es la de combinar los efectos; es decir, aplicar el efecto calor en el labio superior y el frío en el inferior o viceversa. Puede ser tu secreto y tu pareja pensará que tus besos son todavía más inolvidables, sin saber por qué.

Sex Boxes

Sex Boxes, un concepto nuevo para jugar con la pareja que consiste en recibir una caja diferente cada mes. Recientemente, recibí la caja Cincuenta sombras de Grey para principiantes y la verdad es que da para muchos juegos diferentes. Con un Sex Box al mes, el elemento de sorpresa no sólo dura para la noche de San Valentín, sino para cada mes del año. Es una manera eficaz de probar cosas que quizás nunca habías considerado antes, además viene completo con unas ideas sobre como aprovechar todo su contenido.

Hulabeads11_large

Las Hula Beads de Lelo son un juguete ideal para la cena de San Valentin, o cualquier otra cena en pareja, o ¿por qué no con la familia? Llevar bolas chinas fuera de casa siempre es una experiencia y con este mando a distancia dan mucho juego.  Sorpréndele y dale el mando al principio de la cena. Cuando las colocas, su discreta esfera superior rota contra el punto G, mientras la esfera inferior proporciona potentes vibraciones muy silenciosas. Para una sensación totalmente nueva, introduce suavemente la esfera rotadora y siente las vibraciones a lo largo de la zona de los labios vaginales hasta el clítoris, para disfrutar del clímax más exquisito y satisfactorio.

Soft Paris
El decálogo de la seducción de Soft Paris

Soft Paris es una marca francesa de lencería, acsexorios, cosmética íntima y juguetes sexuales (número uno en venta a domicilio en Francia). En sus Soft Parties con asesoras formadas, nos desvelan los secretos y las curiosidades de sus reuniones a domicilio. Su forma original de recrear la venta directa a domicilio que ahora está teniendo éxito en toda Europa. El objetivo de los Soft Paris es "hablar con las mujeres de manera diferente y personalizar las reuniones de acuerdo con sus expectativas". Hay cuatro temas: donde empieza la felicidad, Conviértete en la amante de tu pareja, From Grey to La vie en rose y Una noche de bodas exitosa. Para los que no tienen tiempo para organizar un Soft Party, o que prefieren hacer estas compras con su pareja, en su web hay muchas cosas interesantes para despertar la imaginación.


Y tú, ¿qué vas a regalar a tu pareja este año?


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Acumulación de sexo versus encuentro erótico


 
Por: | 05 de febrero de 2014 
   
Scorsese y su estridente lobo capitalista nos dejan exhaustos. Salimos del cine como si hubiéramos ...... (elija usted el verbo) durante tres días seguidos, con poco placer, algo irritados (con la cabeza y los genitales necesitados de descanso). Podrían ser Tinto Brass, Gore Vidal y Calígula, con Malcolm MacDowell, pero son Martin Scorsese y Leonardo Di Caprio gritando, gesticulando y aturdiéndonos con el desenfreno consumista en un país que marca el rumbo de occidente, ese, el que usted sabe, el de los dos chicos con apellido italiano.
Alguien dijo que hay misoginia de El lobo de Wall Street. Escuché argumentos, y no solo en boca de mujeres, que daban cuenta de algo de 'asquito' frente a tanto pliegue en primer plano, como exhibido en la nevera de la sección carnicería del súper. Me llamó la atención que incluso algunos hombres confesaran haber salido empalagados ante la carne femenina embestida en sacudidas de machos compulsivos, adictos al dinero (robado a los pobres o a cualquiera), a los yates y las casas con mucho mármol, al crack, al sexo rápido y colorinche. Scorsese nos ofrece el retrato de un ..... (ponga usted el adjetivo) broker de los 90, llamado Jordan Belfort, que hoy da conferencias para enseñar a "vender".

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Di Caprio en uno de sus personajes más gesticuladores. 'El lobo de Wall Street'.

Aunque me agotaron esas tres horas desaforadas, mi impresión es que el registro responde a una expresa y vandálica voluntad del brillante Scorsese, que ha decidido que estas obscenidades llamadas 'finanzas' o 'bolsa' o 'capitalismo financiero' se merecen una protesta a su altura. Creo que el director ha hecho esta película como quien quema contenedores en la puerta del banco. Y ese sexo comprado, banal, otra vez compulsivo, expresa -solo con algo más de crudeza- este acelerado proceso de mercantilización de la vida entera, en las últimas décadas. Ya no hay escrúpulos para decir que los medicamentos se producen para blancos occidentales que pueden pagarlos, ¿por qué va a haber pudor en organizar orgías con chicas de diferentes honorarios, si las hay para todos los bolsillos?
La hipersexualización mercantil de nuestro cotidiano ha llegado a tal punto que de lejos se vislumbra como algo contrario a la libertad de la emoción verdadera.
Erotizar la frivolidad, leer novelas eróticas que escribe gente que no sabe escribir (que no corrige nadie en editoriales de libracos superventas con brillantina); despojar al erotismo de las emociones del alma, comprar y vender a destajo cachivaches de todos los colores para que no haya necesidad de crear ningún sentimiento en el vínculo humano; colgarse como en una fiambrería -en pose sexy- en las ventanitas del amor virtual al paso;  mandarse fotos de penes erectos sobre abdominales duros con el grupo de vecinas del WattsApp para luego quejarse del marido que "quiere todos los días" o, al revés, chatear con desconocidas en la madrugada, mientras la esposa insatisfecha duerme al lado... todo forma un poco parte de esta existencia pirotécnica, competitiva, de consumo de todo lo que se pueda abarcar en el afuera y ningún espacio para la reflexión interior.

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Margot Robbie y Leonardo Di Caprio en 'El lobo de Wall Street'. 

Acumular es la palabra que está en la base de nuestro sistema económico. Y como acumulamos patrimonio, también nos estamos acostumbrando a hacer acopio de éxitos simbólicos y de carne tersa para exhibir. Si alguien viaja a Argentina en verano, puede echar un vistazo a las portadas de las revistas de actualidad, todas ilustradas con primerísimos primeros planos de literales culos de chicas en tanga (ninguna cara importa puesto que estamos en la playa). O presenciar -también en el país en el que nací, en cualquier época del año- tertulias televisivas en las que los que opinan de fútbol o política son hombres de cuarenta o cincuenta años y las que adorman el plató, mujeres (modelos muy jóvenes y muy escotadas, que sonríen y se someten a las bromas subidas de tono de sus compañeros, los opinadores). Digo Argentina porque es el país cuyos medios conozco un poco más, pero seguro que habrá cientos de ejemplos de este tipo.
En este sentido, Scorsese es un contemporáneo, según la definición del filósofo Giorgio Agamben en uno de los ensayos de Desnudez: "contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo, para percibir, no sus luces, sino su oscuridad. Todos los tiempos son, para quien experimenta su contemporaneidad, oscuros". 
 

'El lobo de Wall Street' (2014), de Martin Scorsese. El desenfreno de la década del 90 en Wall Street.
 
La atmósfera de esta película de Scorsese, aunque de una claridad color chicle, me evocó aquellos densos ambientes orgiásticos del todopoderoso y caprichoso emperador Calígula, versión Tinto Brass. Pero también pensé en otras denuncias sociales, políticas e históricas que han puesto algo fundacional como el sexo en el centro de la escena. Por ejemplo, Saló o los 120 días de Gomorra (1975), de Pier Paolo Pasolini, que fue un alarido desgarrado contra el fascismo, puesto en imágenes metafóricas de sadismo y explotación sexual.
 
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Me acordé de Paul Thomas Anderson, dando cuenta del fin de fiesta en la inolvidable Boogie Nights, hablando en lenguaje de cine porno de la vuelta a las políticas del pudor y la represión que supuso la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de EE.UU., en 1980.
Por cierto, me olvidaba de Dos hombres y medio, a mi criterio una sitcom muy lograda sobre esta época algo ruin, hipersexualizada o de erotismo mercantil, de seres exitosos que acumulan (lo que sea que haya que acumular) o perdedores sin remedio. Sé que a muchas mujeres les espanta; yo me río muchísimo con Charlie Harper/Sheen -hacedor de jingles publicitarios en Hollywood-  y su exposición de miserias al por mayor. 
 


'Klip', un excelente largo serbio que se vio en el festival 'La boca erótica' 2013, sobre la adolescencia hipersexualizada y exhibicionista, en estos días y en esos lugares de posguerra. 

Lejos de un alegato puritano, o del rescate de aquella idea de la "gracia divina" del cuerpo anterior al pecado -excelentemente expuesta por Agamben en el mencionado ensayo Desnudez-, nos alegraríamos si frente a tanta mercancía erótica, objetual y humana, pudiéramos expresarnos con la saludable rebeldía de Eva en el paraíso. Según el filósofo, aquella mujer "resiste con todas sus energías la violencia divina" y no quiere vestirse: no cree tener nada impúdico que tapar, aunque finalmente se viste, a regañadientes. Y no se deja comprar ni compra. Se encuentra con otro ser humano. Siente.

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Las palabras mágicas: el otro lenguaje sexual


Enlace a la noticia

Por: | 03 de febrero de 2014
 
Ya hemos hablado aquí de las palabras que utilizamos para seducir, e incluso de ese sexo oral que nunca deberíamos practicar o de los diálogos de pareja como cuchillos. Está claro que el lenguaje, dentro y fuera de la cama, es importante, pero ¿conocemos realmente el lenguaje del sexo?

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Sólo hace falta darse un paseo por internet o las redes sociales. Cada vez aparecen más palabras dedicadas a explicar técnicas o tendencias en el ámbito sexual, la mayoría importadas del inglés, que nos hacen mucho más complicadas cuestiones a veces bien simples. Parece que hoy todo tiene un nombre.
Hablamos por ejemplo del dogging o 'cancaneo', esa práctica que consiste en tener relaciones sexuales al aire libre, en coches o paisajes naturales apartados, donde pueden unirse más invitados para mirar o participar, y que en su versión homosexual es denominada cruising. Del cine porno aprendimos también lo que significaba el squirting, ese momento en el que la mujer llega al orgasmo eyaculando de forma llamativa; y del mundo del BDSM, que el trampling es lo mismo que pisotear o dejar que te pisoteen, por puro placer.
Incluso nos 'reeducamos' sexualmente gracias a las nuevas tecnologías. Si comenzamos hablando del bluetoothing, que se basaba en establecer contacto para tener relaciones sexuales a través del bluetooth, la cosa ha ido evolucionado hasta el sexting. Es decir, intercambiar imágenes o vídeos con contenido sexual explícito a través del móvil, o del propio ordenador.
De hecho, el lenguaje del sexo ha llegado incluso a marcar tendencias. Decimos, por ejemplo, que está de moda el vajazzling, que no es sino el arte de decorar con cristales y diamantes el pubis; o que ahora mismo son muy corrientes las relaciones precop, que es lo que toda la vida se ha llamado tener amigos con derecho a roce.
 
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Un ejemplo de la tendencia 'vajazzling', de la mano de Bijoux Indiscrets.

Esto de poner nombre a nuestras formas de relacionarnos sexualmente no es nada nuevo. Ya aprendimos mucho en las antiguas páginas de contactos de los periódicos, donde los mensajes acababan por parecer un mapamundi. Que si especialistas en griegos (penetración anal); o que si se me da bien el francés (sexo oral) o el tailandés (un masaje usando todas las partes del cuerpo). Para expertos, teníamos 'nacionalidades' más rebuscadas como el ruso (masaje del ano con el pene sin llegar a penetrar), el turco (con las manos atadas, para dar placer o recibirlo) o el japonés (se realiza el coito en posturas en cuclillas y suelen ayudarse para ello de cojines y almohadones).
Aprendimos incluso que los besos podían tener diferentes colores que iban del blanco (intercambiando el semen en el beso) al negro (sexo oral anal). Pero lo que nunca nadie nos ha explicado bien es qué significa realmente la palabra sexo. Así, tal cual.
Sexo: No es el sexo que se practica sino el sexo que se es. Por tanto, se definiría como la forma en la que nosotros nos sexamos (o sexuamos) como hombre o mujer. Viene determinado por lo que siente la propia persona, y no por la sexación social, que suele basarse solo en la observación genital. No existe nadie sin sexo, porque todos somos seres sexuados. Esta definición no es algo cultural: se nace con ella y luego evoluciona con la propia maduración del individuo.

Conceptossexologia

Muchas veces, el problema a la hora de expresar, o de entender nuestro propio cuerpo y nuestras relaciones, se basa en que no conocemos cuáles son las palabras adecuadas para utilizar. Hay que tener en cuenta que el poner nombre a las cosas ayuda a colocarlas en el lugar correcto de nuestra mente. Es por ello que desde la Sexología se entienden como fundamentales los siguientes conceptos:
Sexuación: Es el proceso por el que nos vamos formando como el hombre o la mujer que somos. Comienza con la concepción y acaba con la muerte de la persona; es decir, dura toda la vida. En un primer lugar viene determinado de forma natural por las hormonas que hacen que el embrión sea de uno u otro sexo, pero luego continúa con la sexuación social que realiza el individuo por sí mismo. Algunos puntos clave en los que el individuo se define o se redefine sexualmente son la adolescencia, la maternidad o la paternidad, la menopausia, etcétera.
Sexualidad: Define la vivencia de cada persona como ser sexuado. En otras palabras, es la parte de la vida que describe cómo nos sentimos con el hombre y la mujer que somos, y las vivencias que tienen que ver con este hecho.
Erótica: La palabra clave para hablar de erótica es 'deseo', es decir, que la erótica es aquello que define la orientación de nuestros deseos. Tiene una relación directa a la hora de hablar de homosexualidad y heterosexualidad, por ejemplo, pero también a la hora de explicar las peculiaridades eróticas; es decir, con todo aquello que pueda despertar el deseo de un sujeto sexuado.
Amatoria: El ars amandi o el arte de amar tiene que ver con el encuentro entre los sexos, y con su manera de expresar esos deseos en lo físico. Es el concepto que la gente confunde con 'sexo'.
Si estamos dispuestos a ponernos al día en las últimas tendencias, o incluso a aprender idiomas para poder seguir una conversación de contenido sexual, nunca está de más aprender también los conceptos básicos, y más reales, que influyen directamente en nuestra sexualidad.
Desde Eros, os animamos a aportar otras palabras o conceptos que queráis compartir, bien desde un ámbito educativo, o incluso a veces, desde un punto de vista más divertido. ¿Quién da más?

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