Tamaño XXL


Por: | 31 de marzo de 2014
 
Sí, de penes grandes, de eso hablamos. El título es lo que parece, porque el tamaño a veces nos importa. Y aunque para nosotras el tema siempre tiene un "depende", dicen que donde más importa el tamaño es entre hombres.

 Dibujo hombres
           Dibujo a domicilio.

En efecto, el asunto del tamaño del pene tiene mucha relevancia entre los hombres, y precisamente para establecer jerarquías y liderazgos en los vestuarios que comparten los equipos deportivos, según un estudio hecho con jugadores de fútbol, rugby, tenis y cultores del fitness y el fisicoculturismo, algunos heterosexuales y otros gays, en Gran Bretaña, y que recogía un artículo publicado unos días atrás por The Independent.
Pero empecemos por nuestros "depende". Lo primero que tengo que decir es que nuestra mirada al respecto es tan subjetiva que un mismo partenaire estará, para nosotras, más o menos dotado, según el grado de idealización al que lo hayamos sometido, su generosidad para el disfrute mutuo, su ternura o su cuidado en el trato (o las características que para cada una sean relevantes). Yendo al grano: el mismo sujeto puede tenerla "normal" o "pequeña", según nos hayamos sentido en cada sesión de sexo.
Cosas de la perspectiva que cambia con las emociones
Llegué a esta conclusión (provisoria, por supuesto) un día que, sin proponérmelo, advertí que en ocasiones anteriores había hecho una valoración muy a la baja de las virtudes de un compañero. Me sorprendí de que los mismos ojos que habían hecho una tasación magra en ocasiones anteriores, admiraran aquellos atributos de una manera tan diferente: dignos de elogio y fuentes de placer, aquellos aparecían ante mis ojos nuevos para mi grata sorpresa y la constatación de la subjetividad.
¿Cuál era la verdad? Ninguna, o ambas, o la segunda, quizá, que era la que menos teñida estaba del gusto amargo de un malentendido, una cierta rivalidad o esa mezquindad que se da entre gente que se conoce poco.
Sin duda, cuando el cariño se afianza ya no medimos con la misma vara. Aunque hay escasos casos en que el afecto no puede hacer demasiado.


'Alabama Monroe': triste pero muy sexy la película del belga Felix Van Groeningen. 

Carne subjetiva hasta un punto, hasta el punto en que algo duele... eso no es que parezca, es que es. Suele haber momentos fálicos fuera de lo común en que uno no sabe con qué regla medir, pero advierte que hay que condicionar los movimientos para que la penetración no sea tan profunda porque, si llega demasiado lejos, molesta. Ojo, nada más lejos de una queja: hay muchísimo placer en casi todo, especialmente en los preliminares, cuando tu compañero está así de bien dotado, empezando por la enhiesta imagen primera del underwear que difícilmente contiene su pasión, hasta el sexo oral y sus adyacencias.
Mucho mejor que las piezas de un puzzle, nuestras concavidades y sus convexidades encajan. Femeninas bahías cóncavas se adaptan para abrazar diferentes diámetros y formas (dicen que hay formatos especiales para distintas actividades, aquí una guía y, esta, una página con preguntas frecuentes sobre salud y medidas).

Y vamos a los vestuarios. El caso es que este especialista en pies y sociólogo del deporte llamado Christopher Morriss-Roberts (el que inspiró el artículo de The Independent) habla de una pollacracia ('cockocracy') en las instalaciones deportivas.

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Thompson, Brittain, Smith y Novolu conformaban el equipo sudafricano de remo que ganó el oro en la prueba olímpica de cuatro sin timonel de peso ligero en Londres 2012. 

Morriss ha indagado, como decíamos, entre un grupo de deportistas del Reino Unido y ha concluido en que los hombres se miran siempre los penes unos a otros y comparan, independientemente de su orientación sexual. Las comparaciones les llevan a establecer jerarquías de 'masculinidad'. Los mejor dotados adquieren inmediatamente liderazgo en el equipo y, a la vez, se les asignan sobrenombres que se utilizan también fuera del territorio deportivo. Sin embargo, el individuo con grandes atributos tiene que hacer gala de su actividad sexual para mantener la buena reputación. El singular investigador comenta, entre otras varias cuestiones, que llegó a constatar que los compañeros de un rugbier con un pene grande afirmaban que esa era la única razón por la que el chico permanecía en el equipo, porque "en el rugby no es muy bueno".
Creo que las mujeres no establecemos este tipo de jerarquías, ni entre nosotras ni con los hombres, aunque a veces sí jugamos a adivinar los atributos escondidos de los chicos. Y casi nunca acertamos porque (también hay en esto 'jurisprudencia') no hay parámetros físicos externos que tengan correspondencia con el tamaño del pene, aun con los ríos de tinta que hablaban de que si las manos, si los dedos, si la nariz, si es alto, si es bajo... En la hermosa, triste y sexy Alabama Monroe del belga Felix Van Groeningen, la chica tatuada da a entender que con los atributos de su inmenso chico, el del banjo, ella dará luz a un "potro".

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Pero la verdad es que no hay nada que pueda ayudarnos a saber algo de los atributos sexuales de un hombre vestido (o en reposo). Nada hay en su físico que pueda orientarnos a simple vista, aunque intuyo que algunas actitudes sí están vinculadas con ciertas compensaciones... Por ejemplo, días atrás bromeábamos con la empleada de una tienda de móviles sobre los hombres que entraban, con necesidad imperiosa, a comprarse el teléfono más grande y vistoso del mercado. Por no hablar del símbolo más fálico de todos: la moto de gran cilindrada. Nada de ciencia, solo humor al paso.
Y para olvidarnos de tanta letra, lo mejor será visitar este site del festival La Boca Erótica y disfrutar de la obra del videoartista Eloi Biosca. A pedir de boca.



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El sexo de 'El príncipe'


Por: | 24 de marzo de 2014
 
Mañana llega el séptimo capítulo y el interés no decae. El príncipe, la serie de Telecinco, está resultando un éxito de audiencia que no sé si alguien se esperaba. Hay morbito por el descubrimiento de unos márgenes desconocidos para la mayoría peninsular (aun con algún estereotipo non sancto) y morbito también por las relaciones cristiano-musulmanas que van subiendo de tono: en Ceuta, un grupo de agentes del CNI se infiltran en la policía para descubrir al 'topo' aliado con una célula terrorista. Resulta ciertamente oportuna una trama de amor y balas en la frontera africana de España, en días en que las horribles vallas, la represión y el tema del regreso de combatientes de la guerra en Siria abren casi todos los informativos y webs de periódicos.

Faruq y leila
Faruq y Leila son marido y mujer en 'El Príncipe'. 

Cuando me contaron de qué iría la serie, yo pensé que sería una especie de Homeland a la española: en la serie norteamericana, un marine retornado de Irak (y convertido al islam) le da 'dolores de cabeza' a la CIA, especialmente a una eficiente agente (Carrie/magnífica Claire Danes), que está convencida de que él está integrado a Al Qaeda y ha vuelto a su país a cometer atentados. Entre tanto, como no podía ser de otra manera, la tensión sexual entre Carrie y Brodie (Damian Lewis) nos contagia una cierta agradable inquietud de este lado de la pantalla. Nada más sexy que aquella escena primera de amor en una cabaña, lejos de las cámaras de la CIA. ¿Se acuerdan? Fue cuando, en plena mutua complacencia post-cama, ella mete la pata y él se da cuenta de que ella lo está investigando: "¿Cómo sabes cuál es el té que bebo?".

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El amor prohibido de 'Homeland' entre la agente de la CIA y el sospechoso marine retornado de Irak y convertido al islam.

Todo esto para decir que nos 'ponen' las historias de suspense donde el erotismo se cuela en territorio del deber. Pero, no, El Príncipe no es Homeland, porque es un policial, sí, pero mucho más virado a la telenovela que hacia el thriller político, aunque no faltan la sangre a borbotones, las corridas y los estruendos.
"A ver si alguna vez me toca otro papel además del de terrorista o del moro que pasa haschís", me decía un actor marroquí, hace no mucho tiempo. Pero, bueno, hacer el yihadista da trabajo y ya sabemos que hasta los intérpretes canarios o andaluces reclaman este encasillamiento que sufren en la ficción ibérica.

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Morey y Fátima (o Álex González e Hiba Abouk): en la tele o en Ceuta, un  beso cristiano-musulmán.  

Decíamos, entonces, que más allá de algunos grupos humanos aplanados por el peso del prejuicio o del cómodo lugar común, la serie funciona muy bien como un folletín de los de toda la vida. O atrapa como un Shakespeare en trazos gruesos, donde en lugar de Capulettos y Montescos hay musulmanes (marroquíes y también españoles, por cierto) y cristianos que se gustan y se enamoran, se encuentran y se desencuentran, entre explosiones, sospechas y familias que se llevan las manos a la cabeza, porque "esto no estaba previsto" y porque "no te criamos para que nos decepcionaras".
También hay sexo entre musulmanes, como la primerísima escena hermosa y contagiosamente erótica de la serie, aquella entre el derrite-glaciares Faruq (convincente Rubén Cortada) y su bella Leila (María Guinea). Por cierto, sé de primera mano que la escena generó alguna incomodidad entre el numeroso público del país vecino, porque "la gente no está acostumbrada a ver momentos tan hot "en la tele, a la hora de la cena, y en familia".
A propósito, he escuchado en las calles de alguna ciudad marroquí, con cierta ironía, "está bien que los norteamericanos y los europeos tengan sexo en pantalla; pero nosotros, no". Y es que muchos marroquíes prefieren no verse reflejados en la intimidad recreada por el cine o la TV.

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Morey y Fátima, con Ceuta entrando por la ventana. 

Sea para criticarla o para disfrutar con los romances -los legales o los escondidos- en una telenovela donde todos tienen algún amor prohibido (desde Faruq, el narco musulmán, hasta Fran/José Coronado, el policía corrupto, todos tienen mujer legal y líos), parece que somos muchos los que sabemos de qué va la trama. Y la seguimos a pie juntillas, porque no queremos perdernos ningún festival de contoneos (con o sin velo), desnudos cuerpos tersos, besos sin inhibición y roces (con) infieles (a la religión). Confesado queda.


Carrie/ Claire Danes que, como Morey (A. González) no saben si es el amor o el deber lo que les lleva a buscar tanto ese  otro cuerpo.

Párrafo aparte merece la historia de amor central, la de Morey (Alex González) -policía/agente del CNI- con Fátima (Hiba Abouk), hija de una familia ceutí atravesada por el dolor de un hijo desaparecido (al parecer, captado por una célula de Al Qaeda) y otro hijo narco, el mentado Faruq. Ella es maestra, solidaria con los niños pobres del barrio de El Príncipe y está prometida con Khaled, un buen chico tangerino, pero sufre hasta por los codos... y, por tanto, se merece todo el goce que hoy le propone esta historia romántica y prohibidísima con el cristiano que acaba de llegar a Ceuta. De él se sabe poco, ni siquiera podemos asegurar si hay verdadero amor o solo deber (y ambición profesional) en ese cortejo a Fátima.
Desde aquella primera vez en que él le quitó suavemente el velo a ella y, en una metáfora de todos los tabúes que derribaba, besó su pelo, y lo olió, las escenas de sexo entre ellos han sido profusas (nos anuncian que las veremos repetidas en los próximos capítulos, por el chantaje del que serán objeto). Hemos visto con bastante detalle los contornos generosos de la voluptuosa Hiba (española hija de libio y tunecina) y el trabajado torso de González... aunque al acabar de hacer el amor, ella le pida a él si puede darse la vuelta, para vestirse sin ser mirada.
He escuchado a alguna gente criticar por inverosímil el hecho de que una chica (supuestamente) virgen, musulmana y prometida se metiera, diligente, en la cama del hombre que la llama por teléfono y por toda pregunta le espeta: "¿vienes en una hora a mi apartamento?"... Y ella: "vale".
¿Es lo que queremos creer? ¿Queremos creer que las chicas musulmanas no tienen deseo sexual o que todas se resisten en su fortaleza de virtud a disfrutar del amor y del erotismo con el chico que les pone más que nada en el mundo?

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Irresistible Faruq, también para la compañera de trabajo de su hermana. 

Lo que no nos cuentan (y no creo que ningún guionista de TV vaya a meterse tan hondo en lugares de verdad conflictivos) es qué tipo de sexo se supone practican Morey y Fátima. Sabemos que, empujadas por las tradiciones árabes, hay bastantes chicas que prefieren preservar su himen intacto para mostrárselo al futuro marido y, hasta la boda, practican exclusivamente sexo oral y anal. ¿Se sienten de verdad vírgenes o se adaptan como pueden a un hostil mundo de apariencias? De estos corsets culturales habla precisamente la escritora Shereen El Feki, autora de Sex and the citadel.Intimate life in a changing arab world, y es que efectivamente muchas cosas se están moviendo en el mundo árabe, pero esto es motivo de otra entrada.
Volviendo a los guionistas de El príncipe: lo que sí se permiten es la gracia de una secuencia en que Fátima, la misma del tórrido romance con el policía, le abre la puerta al bueno de Khaled, su prometido, y le dice: "No puedes pasar, estoy sola en casa". Y es que eso parece tan humano y tan femenino, y casi una verdad de perogrullo; es decir, poner excusas al que no te gusta y dejar pasar al que te gusta, más allá de cualquier dogma y promesa social o divina.
Por fin, damos por descontado que no se le puede pedir verosimilitud o naturalismo a una serie de tiros, flagelos y muertos de a ramilletes por capítulo (es de admirar la capacidad para recuperarse de los duelos que tienen los personajes en esta telenovela). Pero sí podemos gozar con algunas escenas sexies y bien construidas, por no decir, disfrutar del placer voyeur de erotizarse con el apetecible vientre o la mirada arrogante que derrite del cubano Rubén Cortada. Bromeamos con un amigo (abusando de los tics y clisés con que carga cada nacionalidad): imposible no decirle a Faruq Cortada un "Uaja, miamol' (uaja es la fonética del "OK, de acuerdo" en árabe).


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Tecnología para amantes a distancia


Por: | 22 de marzo de 2014
 
Julia y Luis llevan dos años juntos. Pese a tener carrera y un máster, Julia no encuentra trabajo, así es que, como muchos otros españoles, ha decidido irse a Londres a probar suerte y, de paso, aprender algo de inglés, para tener más oportunidades. Pero Luis se queda en Madrid: él sí tiene empleo, y no está la cosa como para dejarlo. Se dice que el amor es más fuerte que la distancia, pero ¿y el sexo? Skype ha abierto muchas perspectivas, es cierto, pero a Julia y a Luis, en ocasiones, les gustaría poder cerrar los ojos y llegar a sentirse el uno al otro por un instante. Quizás no sea un deseo tan difícil de realizar.

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Klic- Klic, para él  y para ella.

Se supone que la tecnología existe con el objetivo de hacernos la vida más fácil. Pero también más placentera. Es por ello que la Industria de la juguetería erótica ha sabido adaptarse a nuevas circunstancias, y también a nuevas necesidades. Entre ellas, la de conseguir que el sexo virtual sea un placer un poco más físico.
Lo más revolucionario, sin duda, son los juguetes sexuales interactivos para jugar en pareja. Entre ellos destaca Klic-Klic, el primer gadget sexual 3. 0, diseñado en España, para todo tipo de parejas, indistintamente de su orientación sexual. Se trata de dos artefactos: un juguete para hombres y otro para mujeres, a fin de que ambos se puedan conectar con el suyo a internet, y ser 'tocados' por la pareja a distancia (aunque los aparatitos tienen múltiples funciones). Lo más importante es que la vibración permite una conectividad bidireccional simultánea y en tiempo real. Así, uno siente diferente según dónde y cómo esté tocando el otro.
En el caso de no tener pareja, o de buscar nuevas experiencias, la herramienta está vinculada a una web propia que permite conectar tu propio juguete para ser controlado a través de videochats, o programarlo para que vibre al compás de algunos de los vídeos eróticos que pone a disposición la compañía.

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Si bien conectarse al ordenador parece lo más obvio, hay otros elementos diarios de nuestra vida a los que podemos darle un toque más erótico. Entre ellos nuestro mp3, o nuestro smarthphone. Esa es una de las ideas claves de la marca OhmiBod, y más concretamente aplicada a su vibrador Freestyle W. Es un vibrador doble, que tiene la opción de vibrar al ritmo de la música que está sonando, bien desde tu mp3 o desde unos altavoces.
La novedad, es que, además, permite hacer tus propias combinaciones a través de una App que la marca tiene disponible para iPhone o iPad. De esta manera, tu pareja puede controlar la aplicación a distancia, modificando la intensidad, los ritmos o los modos de vibración desde cualquier lugar, o bien preparar una lista de reproducción para vuestra cita, sabiendo qué vibraciones son las que vas a sentir en cada momento.

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Freestyle W, está disponible también en tiendas españolas como La Juguetería.

Si esto de estar siempre conectados os agobia, y queréis jugar dejando algo más librado a la imaginación, otra de las propuestas es disfrutar de una buena sesión de sexo oral, aunque tu pareja se encuentre a kilómetros de ti. No hablamos de infidelidad, sino de introducir en vuestras videoconferencias, o conversaciones telefónicas, a otro invitado. Un ejemplo sería el nuevo ORA de la marca LELO. ORA es un simulador de sexo oral cuyo funcionamiento clave es un masajeador para el clítoris, con unas curiosas rotaciones. Se trata de cerrar los ojos, escuchar la voz de tu amante, y dejar que el vibrador y tu imaginación hagan el resto.
Desde luego no iba a ser todo para ellas, y es que los juguetes masculinos también han sufrido su revolución tecnológica. Si ya hemos hablado de diferentes onacups en el blog, quizás más manuales, en esta ocasión hay que reseñar el A10 Piston. De nuevo con origen en Japón, pero esta vez creado por la marca Rends, este juguete se diferencia de otros masturbadores masculinos en que se enchufa a la corriente para producir movimientos arriba abajo, con 8 modos de vibración a elegir. Además, su copa se adapta a diferentes tamaños de pene (pueden comprarse posteriormente diferentes modelos interiores de silicona para darle diversidad al asunto).

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A10 Piston, disponible también en España en tiendas Amantis.

Si bien el precio de estos productos, por norma general, suele ser elevado, pueden considerarse una inversión si tenéis en mente darles bastante uso. Ya se sabe: 'no hay mal que por bien no venga', y es quizás un tiempo distanciados también os suponga una manera de obligaros a salir de las rutinas, y de buscar nuevas formas de placer, que quizás tras vuestro regreso, os hayan abierto un nuevo mundo de posibilidades.




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Rosa, barro y azahar: un relato erótico


Por: | 22 de marzo de 2014
 
Presentamos, a continuación, el relato que ha resultado ganador del II Concurso de Relatos Eróticos 'ayquegusto'.
Por Rafael Blasco López (*)
Con el abatimiento y el cansancio diario, el hombre tiró de la puerta del ascensor y entró en él. A los problemas habituales de su excesiva carga laboral se le sumaron las facturas que acababa de sacar de su buzón; pero ese día, nada le importaba.
El cielo gris y excesivamente nuboso no le beneficiaba, aunque hubiera salido antes del trabajo. La inminente amenaza de lluvia le impedía dar un simple paseo por la calle, pero sus planes eran otros.
La tardanza del ascensor le dio tiempo a compararlo con la lentitud con que transcurría su aburrida vida de los últimos años: la rutina había abierto una brecha entre él y su mujer, provocando un distanciamiento letal para el amor.
Con la mano izquierda entreabrió la bolsa de papel que sujetaba con la derecha, comprobando que las dos cosas que había en su interior seguían allí, con ellas todo terminaría.
Imaginó la entrada a su vivienda: como todos los días, abriría la puerta, depositaría las llaves en el cenicero del recibidor, se miraría la cara, un poco más vieja, y vería la de su mujer, afectada también por la dureza de su trabajo. No comprendía de dónde sacaba ella las fuerzas para recibirlo con una sonrisa (él solo tenía fuerzas para una mueca forzada).

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Getty.

Entró en su casa. Su mujer lo esperaba de pie en el comedor, con expresión alegre, y contestando al gesto forzoso que traía él. Le ordenó silencio con la palma de la mano sobre su boca, en un rápido movimiento, se situó detrás de ella, con la izquierda sujetó con fuerza las manos de su mujer a la espalda y, sacando una cinta de seda de la bolsa, anudó sus muñecas. Sin darle tiempo a la más mínima explicación, vendó sus ojos con un pañuelo. Segundos más tarde, sus manos sujetaban las tijeras del cajón del mueble más cercano: con ella cortó la bata que vestía su mujer y desgarrando su ropa interior, la dejó totalmente desnuda, temerosa y asombrada.
Con voz grave, casi agresiva e inusual, le susurró al oído: "mi bella flor de azahar. Este podrido mundo me hizo dejarte en el olvido. Pero te juro por nuestro sino que nunca jamás volverá a pasar".
Alcanzó una rosa del interior de la bolsa y empezó a rozar sus labios. La besó con suavidad. Bajó despacio por el cuello y rodeó sus pezones totalmente erectos, creando una senda de excitación que aumentó al límite cuando descendió a su ombligo. Ella lanzó un gemido de placer cuando rozó su sexo, su temperatura corporal había aumentado con la tersura de los pétalos; con los labios y la lengua rodeó sus nalgas y ascendió despacio por la columna vertebral, creando una descarga eléctrica unida a un sinfín de sensaciones.
Cuando la empujó hacia atrás estirando sus hombros, ella casi lanza un grito, pero sus manos en la espalda la depositaron sobre la chaise longue con sumo cuidado. En un brusco movimiento, separó sus piernas después de bajarse los pantalones. La penetró con un solo empujón, fuerte, rápido. Ella emitió un gemido. Las acometidas se sucedieron una detrás de otra, veloces, intensas, acompañadas por los alaridos de placer de ambos. Las terribles convulsiones de ella terminaron en un orgasmo infinito: por primera vez en mucho tiempo, los dos acabaron al unísono, con una expresión de sátiro y placer en la cara de él.

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Getty.

Se levantó repentinamente y la alzó con la misma ternura con que la había tumbado, pero exigiéndole sigilo absoluto. Desanudó sus muñecas y el pañuelo de su rostro, caminó hasta el dormitorio y regresó con un abrigo largo con el que cubrió el cuerpo de ella, luego la ayudó a calzarse unos zapatos que encontró en el armario de la entrada y guardó la rosa y la cinta en la bolsa.
Aunque intrigada, ella se dejó llevar en volandas hasta el ascensor, allí él pulsó el botón hasta el garaje. Con la misma urgencia, la ayudó a entrar en el vehículo y arrancó. Salió a la avenida. La lluvia que ya caía sin cesar golpeaba constante el cristal dificultando la visibilidad. El limpiaparabrisas era el único y monótono sonido que se escuchaba en el interior del coche. Intrigada por el destino, ella tan solo lanzaba alguna mirada furtiva entre fogonazos de vergüenza que enrojecían su rostro, mientras el hombre conducía obsesivo, ansioso y con la mirada puesta al frente.
Recorrieron veinte kilómetros. Dejaron atrás la ciudad para internarse en una carretera comarcal. Los primeros campos de naranjos aparecieron cuando redujo paulatinamente la velocidad. Pulsó la palanca del intermitente y se desviaron por un camino rural entre dos parcelas de cítricos. Giró nuevamente por un sendero en el que apenas cabía el vehículo, las ramas rozaban los cristales y arañaban la carrocería como brazos tratando de advertir y detener la marcha del coche.
Detuvo el vehículo y se desnudó, descendió y lo rodeó. Abrió la puerta del copiloto, tomó la muñeca de la mujer y le quitó el abrigo. Le indicó que se descalzara. Caminaron despacio hasta quedar entre dos filas de naranjos en mitad del campo. Se miraron a los ojos un segundo y chocaron con violencia uniendo sus cuerpos como un símbolo del yin y el yang. Se besaron con pasión, sin importarles el diluvio que ya los bañaba, creando un aura líquida entre aromas de tierra mojada y árboles.
Unidos en el pensamiento, se dejaron caer en la tierra ya hecha barro líquido. Se ensuciaron la piel con la suavidad del fango, arrastrado a trozos por el agua y vuelto a pintar en un salvaje cuadro sexual de una lucha sin tregua.
Ella quiso mandar y dominó: lo consiguió rodando sobre el fango, se apoderó de él, por encima, a horcajadas y con el miembro ya dentro de ella, aplastó sus muñecas sobre la cabeza de él y luego las hundió en el barro. Sus movimientos de cadera se tornaron violentos e irracionales, rozando con sus senos el pecho del hombre y ambos fueron presas del placer.
El éxtasis llegó entre los gritos de los dos apagados por el sonido de la lluvia torrencial. La mujer se dejó caer extenuada sobre él, para luego arquear su espalda hacia atrás y abrir la boca, tratando de retener el agua que relajaba ahora sus cuerpos.
Cogidos de la mano, regresaron al coche, el hombre le abrió amablemente la puerta del copiloto dándole a ella paso con su mano. Corrió hasta el árbol más cercano y arrancó la rama con la flor más grande y bella que encontró. De la bolsa del asiento trasero extrajo la rosa y el trozo de seda para anudar con él ambas flores. Se inclinó y recogió un puñado de barro, rodeando y cubriendo tronco y tallo. Entró en el vehículo y se lo entregó a la mujer: "la rosa es para que no olvides este día: tu belleza es la flor de azahar, el barro soy yo, la tierra que se deshace por ti, mi torrente del cielo; la seda es la ilusión que nos permite seguir unidos para siempre".
Casi conmocionada, ella le respondió con una leve sonrisa de complicidad: "estás muy loco, ¿lo sabes?".
"Sigo igual de loco desde el día en que te conocí", le contestó él. Se abrazaron y se fundieron en un beso infinito. Desecharon por siempre la monotonía.



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Protocolo para infieles


Por: | 20 de marzo de 2014
 
Para muchos, el simple hecho de ser infieles es inaceptable; para otros, es algo inevitable en una relación de larga duración. Sin embargo, yo creo que hay cosas aún peores que el simple hecho de ser infiel, porque lo que más duele es la mentira y la humillación.
A menudo, no es necesariamente una señal de que alguien quiera dejar su relación oficial: puede ocurrir simplemente porque alguien desea tener lo mejor de ambos mundos; es decir, la estabilidad de una relación y la emoción de vivir una aventura ilícita. Sea cual fuere el motivo, una vez que se ha tomado la decisión –o que se ha presentado la oportunidad– para ser infiel, yo creo que hay cosas que los infieles no deberían hacer nunca.

Venus O'Hara by Yuky Lutz 2

La primera norma del protocolo para infieles es usar protección siempre. Esto debe ser obvio, pero lo cierto es que muchas parejas deciden abandonar el uso de los preservativos después de estar juntos durante tiempo, creyendo que están en una relación monógama. Está muy bien confiar en tu pareja, pero hacerlo con su salud es muy arriesgado, sobre todo dada la tasa elevada de infidelidad. Por ello, conviene utilizar preservativos, porque si pillas alguna infección, sería totalmente inaceptable exponer a tu pareja a ella.

Si vas a ser infiel, es aconsejable serlo con alguien que tu pareja no conoce. Entonces deben quedar prohibidos los líos y aventuras con familiares o amigos de tu pareja, simplemente porque en este caso la traición sería doble.

No debes tener relaciones con tu amante en el lecho conyugal nunca. Por ejemplo, volver a casa y encontrar la pareja en medio del acto con otra persona es una escena muy vista en muchas películas, ya que es posiblemente la manera más impactante de descubrir una infidelidad. Pero en la vida real, estoy segura de que debe ser aún más dramático. Tener relaciones con tu amante en la cama que compartes con tu pareja no solo se debe evitar porque es posiblemente la peor manera de ser pillados, sino porque yo creo que se trata de un lugar especial que no se debería compartir con otros (salvo si es un trío consensuado, claro). Además siempre puede quedar alguna huella, un olor a colonia, pelos, o incluso artículos olvidados con la prisa de vestirse después... Si de todos modos lo haces, es aconsejable cambiar las sábanas después (por lo menos).
Venus O'Hara by Yuky Lutz

Hay que ser discreto siempre, no solo para reducir posibilidades de ser pillado sino por respeto hacia tu pareja oficial. La discreción es primordial en lugares públicos, así que nada de muestras de cariño o besos en la calle, ni para fotos que podrían acabar publicadas en Facebook. Incluso si lo estás haciendo lo mismo (y más) detrás de puertas cerradas, no todo el mundo tiene que enterarse de ello. Además, debería quedar prohibido presentar tu amante a todos tus amigos como tal, y que acabe siendo un secreto abierto que todos los saben, menos tu pareja.

No llames a tu amante por su nombre verdadero. Siempre es mejor cariño, cielo, guapo/a, etc. Así es menos probable que llames tu pareja por el nombre equivocado en un momento inoportuno.

Y, por último, si tienes uno de aquellos días en que te has levantado con tu pareja y luego por la tarde quedas con el / la amante, como mínimo ten el detalle de ducharte antes de volver a acostarte en a cama con la pareja por la noche, sobre todo si tu pareja se anima para tener relaciones. También procura ducharte siempre con la misma marca de gel de ducha que usas en casa, para no levantar sospechas.

Estoy segura que hay muchas más normas que un infiel debería seguir, ¿qué opinas tú?


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El día en que fui mujer


Por Rubén García Sánchez 

El día 8 de marzo yo me sentía mujer. Me desperté como todos los días, lo único que hice diferente fue salir a la calle con mis compañeras para reivindicar la igualdad de oportunidades y de derechos. Como me sentía mujer, pude cantar con propiedad aquello de Mi coño, mi decisión o Fuera los rosarios de nuestros ovarios.

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Habrá quien niegue que yo el 8 de marzo fui una mujer más en la calle. Quizá mi apariencia les llevaba a etiquetarme como hombre pero, en realidad, nadie me preguntó. Decidme, por ejemplo, ¿todas las mujeres tienen vagina? ¿todos los hombres llevan barba? ¿todas las mujeres se pueden quedar embarazadas? ¿todas se sienten atraídas por los hombres? ¿solo las mujeres se pueden maquillar o llevar el pelo largo? Considero que nada de esto tiene algo que ver con la identidad de género; esto es, sentirse hombre o mujer.
Mi identidad es un traje a medida en el que caben infinitas posibilidades. Salvo el 8 de marzo, el resto del año soy un hombre porque me siento así, forma parte de mi identidad. No soy un hombre porque piense o actúe como hacen los demás (rol de género), o porque me parezca al resto (estereotipo), ni siquiera me considero hombre por tener genitales masculinos. Mi identidad de género es fruto de mi experiencia y mi elección. Lo que significa ser hombre para mí es una cuestión personal, una definición propia construida a mi medida y que evoluciona conmigo.
¿Qué hay dentro de mi identidad? La manera en que soy hombre, los modelos de conducta que tengo (da igual de qué sexo sean), la actitud que tengo hacia la igualdad o incluso mi erótica. En este sentido, no hay nada más intransferible y hecho a mi medida que mi erótica, esto es, mi manera de amar y de relacionarme sexualmente. En mis fantasías sexuales, no hay detalle que me excite más que el cariño y el respeto que me muestra mi acompañante. Se aceptan todo tipo de juguetes, luces, ropas, aromas y música, pero no notaré erección alguna si no hay sinceridad en la mirada y una actitud percibida, aunque sea escondida y de soslayo, de cuidado y atención hacia mi cuerpo. A partir de ahí podemos sumar.

¿Y esta erótica es de hombres o de mujeres? ¿mi erótica pertenece más a la cultura masculina o a la femenina? ¿acaso necesitar esa mirada en mi acompañante me hace ser menos hombre? ¿es que todas las mujeres necesitan sentirse amadas para tener relaciones sexuales?
Tener cosas en común con los tópicos no me hace sentirme más hombre. Simplemente me hacen ser un hombre más común, más en la media, de acuerdo con los valores que se mantienen en esta sociedad. Pero el "parecer ser un hombre más", nada tiene que ver con mi identidad.

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La manera en que nos relacionamos con las demás personas, la manera en que vemos representada nuestra realidad más cercana, la manera en que tratamos y dejamos que traten a nuestro cuerpo… Todas estas cosas son cuestiones de vital importancia, al igual que nuestra identidad. En todas ellas ocurre un mismo drama: aun siendo nosotros/as los/las protagonistas, no tenemos la capacidad de elegir cómo queremos ser, no tenemos la libertad suficiente para elegir. La sociedad, su cultura y las instituciones que la representan mantienen unos mandatos, valores y creencias sobre cómo deben ser los hombres y las mujeres para cumplir un orden establecido.
Bajo esta premisa se actúa, por ejemplo, estableciendo leyes que coartan nuestra libertad para manejar nuestro cuerpo y también se mantienen costumbres y tradiciones que tumban nuestra diversidad y la igualdad entre todos y todas. Así entendemos que desde el Gobierno se dicte una ley que regulará la maternidad, la reproducción, el aborto y, en definitiva, nuestra sexualidad. También así entendemos que las mujeres sigan cobrando menos ejerciendo las mismas labores o que sigan ostentando en menor proporción los puestos de poder en las empresas e instituciones. O que aquellas personas que tienen identidades que no cumplen con la norma (por ejemplo, sentirse hombre con un cuerpo de mujer), tengan que pasar por un proceso tan invasivo y patológico hasta poder alcanzar su bienestar.
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Me pregunto, entonces, si la identidad es realmente una cuestión tan personal e íntima, ¿por qué nos obligan a cumplir con sus patrones y nos enjaulan con normas que no hemos elegido? Está claro que era un ignorante al pensar que habíamos alcanzando la madurez frente al Estado, sin atender a diferencias de sexo, raza, religión o lugar de nacimiento. Si el Estado nos tratara como adultos/as, nos daría completa libertad para poder elegir y construir identidades diversas que enriquecieran la sociedad. Pero tenemos un Estado que nos trata como niños/as y nos obliga a acatar sus normas, visibles e invisibles, sujetas a su propia moral. En este caso, la libertad para construir nuestra propia identidad habrá que ganársela.
¿Entendéis ahora por qué el 8 de marzo yo me sentía mujer?


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Pros y contras de ser 'la otra'

Por: | 14 de marzo de 2014
 
Antonio Alcántara le ha sido infiel a su 'milano' y, desde entonces, España está conmocionada. Claro, todos entienden que Ariadna Gil era una gran tentación pero, sin desmerecer a Inmanol Arias, pocos se han planteado qué es lo que lleva a una mujer a enredarse con un hombre casado. 'Ser la otra' no es ni mucho menos algo que solo pase en la ficción, y es que ya se sabe "prohibir es despertar el deseo".

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Una escena de la serie española 'Cuéntame como pasó'

Quizás cuando lo conociste no sabías que tenía pareja. O ya te gustaba tanto que pensaste que te daba lo mismo. Incluso puede que eso nunca fuera un inconveniente para ti. Aunque lo ideal sería que pensasemos en aquello de "no hagas lo que no quieras que te hagan a ti", hay que admitir que vivimos en un mundo muy individualista, en el que solemos pensar más en nosotros mismos, que en cómo afectan nuestras decisiones a los demás.  Por eso, el "yo no estoy engañando a nadie, es él quien tiene pareja" es una afirmación que puede tener su lógica si no pensamos en que, a veces, nos estamos engañando a nosotras mismas.
Reconozcámoslo: ser la amante, inicialmente, puede tener sus ventajas. Todo es juego, sexo y seducción. Contigo pasa los ratos divertidos, y el hecho de que 'esté mal' lo hace excitante. El verse a escondidas tiene su morbo, para qué lo vamos a negar. Ser la otra puede, incluso, llegar a suponer una especie de reto personal. Saber que pese a tener una mujer en su vida, arriesga cosas por estar contigo, sin duda, sube la autoestima a cualquiera, y no es una cuestión tan baladí como parece.
Aunque, desde luego, lo que resulta llamativo es que es una relación 'fácil'. Nadie exige nada a nadie, no hay compromiso, ambos sabéis las reglas del juego, y simplemente os dedicáis a jugar al mismo. Lo dicho, al principio.



Si la cosa ha quedado en un par de encuentros, no suele dar para más, pero si la historia continúa es cuando la madeja se empieza a enredar. Sobre todo, porque empezamos a pensar. Puede que no busques nada más con esa persona, que creas que congeniáis sexualmente, pero que nunca tendrías nada serio (y, por eso, ese tipo de relación en el que la existencia de una pareja impide que la cosa vaya a más, te parezca perfecta). Eso, si no piensas en que hay alguien que sí está perdiendo con todo esto. Es cierto que es él quien la está engañando, pero en algún momento te pondrás en el lugar de ella. Y entonces todo cambiará.
Claro que internet tiene solución para todo, incluso para esto. Existen páginas que dan consejos sobre cómo sobrellevar mejor lo de 'ser la amante bandida', que pasan desde empezar a pensar en 'grises' y no en que todo es blanco o negro a consejos de autoayuda tales como ponerse delante del espejo y repetirte que no eres mala persona.

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La otra opción es que pase una de esas cosas inevitables, que el roce haga el cariño... Que te canses de tener que irte a un lugar apartado para no encontrar conocidos, de disimular cuando te lo encuentras por casualidad, de contar mentiras a tus amistades por miedo a cómo reaccionen si les cuentas la verdad o de verle con ella de la mano en algún restaurante (que se parece más bien poco al hostal donde os soléis citar). Puede que, con el tiempo, aquello que empezó como algo fácil, acabe por ser más que complicado. Si en el momento en el que empezó todo, no te costó tanto decir "sí", ahora que ya estás con los dos pies dentro del charco, decir que "no" se hace mucho más difícil.
Entonces empiezan las dudas, las falsas promesas, las mentiras. Los "te prometo que en cuanto encuentre un buen momento la voy a dejar", el "dame un poco más de tiempo" y, por supuesto, el "sabes que tú eres la única para mí". Y sin darte cuenta, ya no la engaña solo a ella, sino que ahora también te engaña a ti. Porque al fin y al cabo, tú te llevabas los ratos divertidos, pero ella siempre fue su chica.


La tercera opción es que lo que surja sea mutuo. No vamos a presuponer que todos los hombres son de una manera ni que todas las historias tienen los mismos finales. A veces los motivos que nos llevan a una relación así pueden ser mucho más complejos que una simple mentira, o la necesidad de sexo sin compromiso. El deseo, el miedo a perder un estatus de vida, un amor que no sabes si realmente te conviene, etcétera. Él seguramente tiene el mismo torbellino mental que tú.
Puede que lo que haya surgido entre vosotros sea realmente especial, que si al principio empezasteis sin arriesgar demasiado, al final os decidáis a dar el todo por el todo. La pregunta entonces será: ¿podrás confiar realmente en él? Después de haber sido partícipe de su engaño, y de haberle visto mentir tan bien, de conocer esa parte de él, ¿puedes lanzarte a algo más partiendo de cero? Quizás entonces te pares a pensar que si lo vuestro no hubiera empezado así, si lo hubierais hecho bien desde el principio, no solo no hubiera salido herida su novia o su mujer sino que no hubierais salido heridos de muerte vosotros, y vuestro posible futuro.
Entonces volverás a ese momento. Al día en que os acostasteis por primera vez, en el que os besasteis, o quizás, al día en que os conocisteis, y pensarás en que ojalá pudieras volver atrás. Pero no todo es en balde, porque de todo de aprende.

elpais.com/eros

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Los peligros del cibersexo

Por: | 12 de marzo de 2014
 
Una vida sin riesgos sería muy aburrida. Sin embargo, a veces, en según qué cosas, cuesta protegerse sin comprometer el placer. Para el sexo real hay preservativos pero, ¿cómo podemos protegernos en una sesión de cibersexo? Es cierto que el cibersexo no conlleva el riesgo de infecciones de transmisión sexual, está claro, pero sí que existen otro tipo de peligros: el más grande es que nuestro chat privado  deje de ser privado.

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Hace unos años trabajaba de consultora fetish para varias compañías de webchat. Me resultó un sector fascinante, sobre todo cuando me dieron crédito para charlar con las chicas webcam, con el objetivo de entender cómo funcionaba el negocio. La verdad es que me sentía como una voyeur mientras me 'formaba', porque yo las veía a ellas, pero ellas no me veían a mí (y me imagino que pensaron que era un hombre más masturbándome mientras escribía con una sola mano). Sin duda, fue muy entretenido observar todos los trucos que tenían para mantenerme conectada, porque se cobraba por minuto de conexión, y todas sin falta prometían ser mucho más atrevidas si pasábamos a una charla privada, que era mucho más cara.
Curiosamente, las que más facturaban no eran las que más mostraban. Al contrario, las que más facturaban eran las mujeres fetichistas de pies, de tacones o de uñas que ni siquiera enseñaban la cara. Estas mujeres cobraban entre cuatro y cinco dólares el minuto por mostrar su tacón a la cámara, o introducir sus uñas largas en una manzana por ejemplo, y había muchos clientes dispuestos a pagar más para ver menos. Naturalmente, al mirar las cifras de facturación, la empresa vio una oportunidad comercial en ampliar la categoría del fetichismo.

Durante mi tiempo ahí tuve una compañera cuyo trabajo era espiar a las chicas webcam durante sus sesiones. No podía creer que existía tal cosa cuando me lo explicó, pero aprendí que la misión principal de su trabajo era comprobar que las chicas estaban cumpliendo con las normas de la empresa... por ejemplo, que no estaban consumiendo drogas durante la sesión, entre otras actividades prohibidas. Me preguntaba si las chicas eran conscientes de esto, o si quizás era algo que aparecía en la letra pequeña de su contrato. Entonces, el mero concepto de un videochat privado era un engaño total.

Venus O'Hara by Lourdes Ribas Inglés para pervertidos

Después de esta experiencia laboral, no me sorprendió mucho leer la noticia en The Guardian sobre el descubrimiento que la inteligencia británica había interceptado y almacenado imágenes de webcam de más de 1.8 millones de cuentas de usuarios de Yahoo a nivel mundial, incluyendo una gran cantidad de comunicaciones con contenido sexual explícito.

Está claro que es difícil –o imposible- reducir el riesgo de ser espiados por terceros durante una sesión de cibersexo, sin embargo a veces el peligro puede venir de la persona con quien estamos charlando. Para reducir estos riesgos, aquí hay cuatro consejos para tener cibersexo de una manera un poco más segura:

-No tener cibersexo con desconocidos (aunque es cierto que los conocidos, a veces, tampoco son de fiar).
-No mostrar la cara.
-No muestres más de lo que deseas mostrar. Si te sientes presionado, probablemente no es una buena idea continuar con la charla.
-Asegúrate de que no haya un grupo de desconocidos mirándote sin tu consentimiento.

A pesar de los riesgos evidentes del cibersexo, no pienso parar. Así que, Sr. Skype, o quien sea, si me estás observando la próxima vez que haga cibersexo, ¡que disfrutes el show!


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Ocho motivos para masturbarse

Por: | 02 de marzo de 2014
 
Nunca entendí por qué la hermana Mary Margaret, una monja del instituto, insistía tanto en que durmiéramos con los brazos encima de la manta cuando íbamos de excursión. No tenía sentido, sobre todo con el frío de Inglaterra. Creo que cuando se apagaba la luz, todas volvíamos a bajar las manos al calor de la cama. Tardé años en entender por qué esto estaba prohibido, pero cuando por fin caí en la cuenta del motivo, no puedo negar que me hizo cierta gracia: me pareció tan ridículo.

Venus O'Hara por Lourdes Ribas 2

Me sorprendió que este truco de dormir con las manos encima de la manta fuera omitido del artículo de consejos para evitar este acto de autoamor, publicado en ABC hace un mes. Igual que Anne Cé. yo me preguntaba ¿Para qué evitar la masturbación?

Después de recibir una educación católica en un instituto de monjas, se puede decir que he ido de un extremo a otro. Pero yo tengo claro que Dios me dio un clítoris por algo, y no considero que sea pecado disfrutar de este gran regalo cuando estoy sola. Al contrario. Por eso, hoy quería hablar de los motivos para masturbarse.


1. Es placentero

Posiblemente la razón más obvia. Sin embargo, por desgracia para algunas personas, el hecho de masturbarse les despierta sensación de culpabilidad. Sabemos que no debe ser así: masturbarse es perfectamente sano y natural.

2. Conocer mejor tu cuerpo

A través de la masturbación, podrás identificar todos tus puntos de placer y aprender cómo te gusta estimularlos. Además, mirar y tocar el cuerpo regularmente es necesario para mantener la salud en general, para notar anomalías enseguida.

3. Explorar tus gustos sexuales

La masturbación no solo sirve para conocer tu cuerpo sino también para descubrir tus fantasías. ¿En qué piensas cuando te tocas? O, ¿qué te gusta mirar? Sin duda, es una manera excelente de explorar tus deseos y tus fantasías.

4. Mejora tu vida sexual en pareja

Para poder comunicar a tu pareja los puntos que más te excitan, y cómo tocarlos. Es más, una persona que está conectada con su cuerpo sexualmente, inevitablemente disfrutará más con una pareja.

5. El orgasmo

Muchas veces, ese el objetivo principal para masturbarse. Para algunos, puede ser la única manera de llegar al clímax. Y ¿qué hay mejor que un orgasmo? Para celebrarlo, he querido incluir este video de Beautiful Agony con imágenes de caras y gestos durante el orgasmo, aunque en este caso, no están limitados a la masturbación.

vimeo

Y después del orgasmo:

6. Alivio sexual

Aunque es temporal... Gracias a un estado de alivio y tranquilidad sexual, se puede uno concentrar en otras cosas no tan excitantes, pero igual de necesarias e importantes como el trabajo, la familia, la salud y los recados, pero con menos distracciones. ¿Me pregunto si los que pretenden que la masturbación es algo que debemos evitar están continuamente en un estado de excitación?

También puede ayudar a evitar la eyaculación precoz en los hombres, por ello es muy útil hacerlo antes de salir a una cita.

7. Beneficios terapéuticos

El orgasmo proporciona alivio al dolor, al estrés, al aburrimiento e al insomnio. En lugar de estar en la cama dando vueltas y preocupándose por el día después, masturbarse en una manera excelente de distraer la mente y relajar el cuerpo, y lo mejor es que es natural.

8. Mejora la economía

Aunque se cree que la masturbación es una actividad gratuita, no es exactamente cierto. Sobre todo si se utilizan juguetes sexuales, porque no solo cuestan dinero sino que además gastan pilas o luz si son recargables. Además, si utilizas lubricante y un preservativo para los juguetes que introduces, o pornografía de pago para inspirarte, o Kleenex para limpiar después, la realidad es que cada masturbación cuesta dinero. Por lo tanto, las farmacias, los supermercados, las tiendas eróticas y las compañías de luz facturarán más como resultado. Por todo ello, estoy convencida de que juntos podemos levantar la economía del país, gracias a la masturbación.

Estoy segura que hay muchos motivos más para masturbarse, ¿cuál es el tuyo?

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Uno de cada tres españoles admite haber sido infiel


Por: | 27 de febrero de 2014
 
¿Uno de cada tres españoles ha sido infiel alguna vez? No sé si necesitábamos constataciones estadísticas. Pero, por las dudas, el llamado 'Observatorio de la infidelidad' del instituto europeo IFOP ha publicado los resultados de un estudio para el que hombres y mujeres confiesan sus aventuras en aras del recuento nacional.
Promovido por un sitio web de encuentros extraconyugales ("pensado por mujeres"), Gleeden.com, el estudio que se ha hecho público hoy, pretende -según sus impulsores- desvelar las tendencias y la evolución de la infidelidad en Europa.

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O en España se guardan muy bien las apariencias o los españoles son los más "santos" y están a la cola de Europa en cuanto a adulterio se refiere.
De los países en los que se ha hecho la consulta, Alemania e Italia son los más infieles, ambos con un 45 por ciento de la población que admite deslices extraconyugales. España se encuentra en penúltimo lugar de la clasificación, con un 39 por ciento, por delante únicamente del Reino Unido.
¿Es que, como dicen los especialistas, el romanticismo ha entrado en crisis con el deseo?

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Imagen que forma parte de la muestra 'Videocolección erótica privada del rey Alfonso XIII' en el Museu de l'erótica de Barcelona. 

"El deseo es una expresión de nuestra individualidad, de nuestra libre elección, de nuestras preferencias; de nuestra identidad; se ha convertido en el objeto central como parte del amor moderno y las sociedades individualistas", escribe Mireia Darder en su libro Nacidas para el placer.
Entre el tener y el querer...
Según la encuesta con la que abrimos este post, España es de las últimas también en cuanto a igualdad entre hombres y mujeres, o de las más aplicadas en respuestas 'politicamente correctas': una de cada cuatro mujeres (28 por ciento) admite haber sido infiel alguna vez, mientras que los hombres casi doblan esta cifra, con el 50 por ciento que confiesa haber sido adúltero. Esta gran brecha de 22 puntos, solo es superada por Francia, con una diferencia de 23 puntos (55 por ciento para los hombres y 32 por ciento para las mujeres).

 Gleeden
Estudio realizado por el instituto IFOP de 7 al 9 de enero 2014, sobre una muestra de 4.879 personas de más de 18 años de España, Francia, Italia, Bélgica, Alemania y el Reino Unido.

Otra de las insólitas conclusiones del Observatorio Gleeden es que el sentimiento de culpa tras una infidelidad no es la norma sino la excepción. Solamente una de cada tres personas que ha tenido otras relaciones (36 por ciento) siente remordimientos a posteriori.
Dicen sus promotores que la encuesta también demuestra que el amor no es incompatible con la infidelidad, ya que dos de cada tres españoles creen que se puede querer a la pareja aun teniendo una aventura. Y aquí es donde se abre el turno a las interpretaciones y para esto nada mejor que echar mano de una especialista como Mireira Darder, cuyo interesantísimo libro Nacidas para el placer acaba de publicarse. Uno de los epígrafes del ensayo de esta psicóloga, cofundadora del Instituto Gestalt de Barcelona, habla, justamente, de "la dificultad de mantener el modelo familiar".
"Para asegurar el mantenimiento de las posesiones (propiedades e hijos), el patriarcado ha escogido como modelo el matrimonio (...) Este modelo está mostrando unas grietas cada vez más amplias. ¿Qué le pedimos a la pareja? ¿Cómo podemos mantener la pasión a lo largo de los años tal y como es nuestro ideal? ¿Por qué el buen sexo se desvanece aún en parejas que continúan amándose uno al otro tanto como siempre? ¿Y por qué una buena identidad no garantiza buen sexo?", se pregunta Mireia.
"El romanticismo ha entrado en una crisis del deseo", sostiene la especialista.
"¿Qué sostiene el deseo y por qué es tan difícil mantenerlo? -continúa- Porque en el corazón del deseo sostenido hay que saber reconciliar dos necesidades humanas fundamentales. Los humanos tanto deseamos seguridad, predictibilidad, dependencia, confidencialidad y permanencia -es decir, todo aquello que nos ancla al hogar- como tenemos sed de aventura, novedad, misterio, riesgo, peligro, de lo desconocido (...) Y eso es algo que difícilmente puede asegurar una misma persona al mismo tiempo".
"En el amor hay un verbo: tener. Y en el deseo es querer. En el amor anhelamos que la brecha entre yo y el otro sea mínima, queremos cercanía y neutralizar las tensiones, mientras que en el deseo tendemos a no visitar de nuevo aquello que ya hemos visitado, lo predecible no mantiene nuestro interés. Queremos pasar a la zona roja. El deseo necesita espacio y no se lleva bien con el 'cuidado'", reflexiona Darder en línea con la terapeuta Esther Perel. Recordaréis que a Perel la hemos traído aquí en otra oportunidad, preguntándonos si de veras creemos que un affaire es una señal de que las cosas van mal en la pareja.

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Fotografía de María Fernanda Guerrero. De su serie 'Furores íntimos'.

"El amor trae consigo la abnegación, mientras que el deseo requiere una cierta cantidad de egoísmo en el sentido de permanecer conectado con el propio yo en presencia del otro", enfatiza Darder, que recomienda para la pareja lo que ella misma practica: negociar el marco de la relación posible, "sin pactos de fidelidad".
Pero esta confesión será motivo de otra entrada, en diálogo con la propia Darder.
¡Salud y menos culpas!



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