El sexo de 'El príncipe'


Por: | 24 de marzo de 2014
 
Mañana llega el séptimo capítulo y el interés no decae. El príncipe, la serie de Telecinco, está resultando un éxito de audiencia que no sé si alguien se esperaba. Hay morbito por el descubrimiento de unos márgenes desconocidos para la mayoría peninsular (aun con algún estereotipo non sancto) y morbito también por las relaciones cristiano-musulmanas que van subiendo de tono: en Ceuta, un grupo de agentes del CNI se infiltran en la policía para descubrir al 'topo' aliado con una célula terrorista. Resulta ciertamente oportuna una trama de amor y balas en la frontera africana de España, en días en que las horribles vallas, la represión y el tema del regreso de combatientes de la guerra en Siria abren casi todos los informativos y webs de periódicos.

Faruq y leila
Faruq y Leila son marido y mujer en 'El Príncipe'. 

Cuando me contaron de qué iría la serie, yo pensé que sería una especie de Homeland a la española: en la serie norteamericana, un marine retornado de Irak (y convertido al islam) le da 'dolores de cabeza' a la CIA, especialmente a una eficiente agente (Carrie/magnífica Claire Danes), que está convencida de que él está integrado a Al Qaeda y ha vuelto a su país a cometer atentados. Entre tanto, como no podía ser de otra manera, la tensión sexual entre Carrie y Brodie (Damian Lewis) nos contagia una cierta agradable inquietud de este lado de la pantalla. Nada más sexy que aquella escena primera de amor en una cabaña, lejos de las cámaras de la CIA. ¿Se acuerdan? Fue cuando, en plena mutua complacencia post-cama, ella mete la pata y él se da cuenta de que ella lo está investigando: "¿Cómo sabes cuál es el té que bebo?".

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El amor prohibido de 'Homeland' entre la agente de la CIA y el sospechoso marine retornado de Irak y convertido al islam.

Todo esto para decir que nos 'ponen' las historias de suspense donde el erotismo se cuela en territorio del deber. Pero, no, El Príncipe no es Homeland, porque es un policial, sí, pero mucho más virado a la telenovela que hacia el thriller político, aunque no faltan la sangre a borbotones, las corridas y los estruendos.
"A ver si alguna vez me toca otro papel además del de terrorista o del moro que pasa haschís", me decía un actor marroquí, hace no mucho tiempo. Pero, bueno, hacer el yihadista da trabajo y ya sabemos que hasta los intérpretes canarios o andaluces reclaman este encasillamiento que sufren en la ficción ibérica.

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Morey y Fátima (o Álex González e Hiba Abouk): en la tele o en Ceuta, un  beso cristiano-musulmán.  

Decíamos, entonces, que más allá de algunos grupos humanos aplanados por el peso del prejuicio o del cómodo lugar común, la serie funciona muy bien como un folletín de los de toda la vida. O atrapa como un Shakespeare en trazos gruesos, donde en lugar de Capulettos y Montescos hay musulmanes (marroquíes y también españoles, por cierto) y cristianos que se gustan y se enamoran, se encuentran y se desencuentran, entre explosiones, sospechas y familias que se llevan las manos a la cabeza, porque "esto no estaba previsto" y porque "no te criamos para que nos decepcionaras".
También hay sexo entre musulmanes, como la primerísima escena hermosa y contagiosamente erótica de la serie, aquella entre el derrite-glaciares Faruq (convincente Rubén Cortada) y su bella Leila (María Guinea). Por cierto, sé de primera mano que la escena generó alguna incomodidad entre el numeroso público del país vecino, porque "la gente no está acostumbrada a ver momentos tan hot "en la tele, a la hora de la cena, y en familia".
A propósito, he escuchado en las calles de alguna ciudad marroquí, con cierta ironía, "está bien que los norteamericanos y los europeos tengan sexo en pantalla; pero nosotros, no". Y es que muchos marroquíes prefieren no verse reflejados en la intimidad recreada por el cine o la TV.

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Morey y Fátima, con Ceuta entrando por la ventana. 

Sea para criticarla o para disfrutar con los romances -los legales o los escondidos- en una telenovela donde todos tienen algún amor prohibido (desde Faruq, el narco musulmán, hasta Fran/José Coronado, el policía corrupto, todos tienen mujer legal y líos), parece que somos muchos los que sabemos de qué va la trama. Y la seguimos a pie juntillas, porque no queremos perdernos ningún festival de contoneos (con o sin velo), desnudos cuerpos tersos, besos sin inhibición y roces (con) infieles (a la religión). Confesado queda.


Carrie/ Claire Danes que, como Morey (A. González) no saben si es el amor o el deber lo que les lleva a buscar tanto ese  otro cuerpo.

Párrafo aparte merece la historia de amor central, la de Morey (Alex González) -policía/agente del CNI- con Fátima (Hiba Abouk), hija de una familia ceutí atravesada por el dolor de un hijo desaparecido (al parecer, captado por una célula de Al Qaeda) y otro hijo narco, el mentado Faruq. Ella es maestra, solidaria con los niños pobres del barrio de El Príncipe y está prometida con Khaled, un buen chico tangerino, pero sufre hasta por los codos... y, por tanto, se merece todo el goce que hoy le propone esta historia romántica y prohibidísima con el cristiano que acaba de llegar a Ceuta. De él se sabe poco, ni siquiera podemos asegurar si hay verdadero amor o solo deber (y ambición profesional) en ese cortejo a Fátima.
Desde aquella primera vez en que él le quitó suavemente el velo a ella y, en una metáfora de todos los tabúes que derribaba, besó su pelo, y lo olió, las escenas de sexo entre ellos han sido profusas (nos anuncian que las veremos repetidas en los próximos capítulos, por el chantaje del que serán objeto). Hemos visto con bastante detalle los contornos generosos de la voluptuosa Hiba (española hija de libio y tunecina) y el trabajado torso de González... aunque al acabar de hacer el amor, ella le pida a él si puede darse la vuelta, para vestirse sin ser mirada.
He escuchado a alguna gente criticar por inverosímil el hecho de que una chica (supuestamente) virgen, musulmana y prometida se metiera, diligente, en la cama del hombre que la llama por teléfono y por toda pregunta le espeta: "¿vienes en una hora a mi apartamento?"... Y ella: "vale".
¿Es lo que queremos creer? ¿Queremos creer que las chicas musulmanas no tienen deseo sexual o que todas se resisten en su fortaleza de virtud a disfrutar del amor y del erotismo con el chico que les pone más que nada en el mundo?

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Irresistible Faruq, también para la compañera de trabajo de su hermana. 

Lo que no nos cuentan (y no creo que ningún guionista de TV vaya a meterse tan hondo en lugares de verdad conflictivos) es qué tipo de sexo se supone practican Morey y Fátima. Sabemos que, empujadas por las tradiciones árabes, hay bastantes chicas que prefieren preservar su himen intacto para mostrárselo al futuro marido y, hasta la boda, practican exclusivamente sexo oral y anal. ¿Se sienten de verdad vírgenes o se adaptan como pueden a un hostil mundo de apariencias? De estos corsets culturales habla precisamente la escritora Shereen El Feki, autora de Sex and the citadel.Intimate life in a changing arab world, y es que efectivamente muchas cosas se están moviendo en el mundo árabe, pero esto es motivo de otra entrada.
Volviendo a los guionistas de El príncipe: lo que sí se permiten es la gracia de una secuencia en que Fátima, la misma del tórrido romance con el policía, le abre la puerta al bueno de Khaled, su prometido, y le dice: "No puedes pasar, estoy sola en casa". Y es que eso parece tan humano y tan femenino, y casi una verdad de perogrullo; es decir, poner excusas al que no te gusta y dejar pasar al que te gusta, más allá de cualquier dogma y promesa social o divina.
Por fin, damos por descontado que no se le puede pedir verosimilitud o naturalismo a una serie de tiros, flagelos y muertos de a ramilletes por capítulo (es de admirar la capacidad para recuperarse de los duelos que tienen los personajes en esta telenovela). Pero sí podemos gozar con algunas escenas sexies y bien construidas, por no decir, disfrutar del placer voyeur de erotizarse con el apetecible vientre o la mirada arrogante que derrite del cubano Rubén Cortada. Bromeamos con un amigo (abusando de los tics y clisés con que carga cada nacionalidad): imposible no decirle a Faruq Cortada un "Uaja, miamol' (uaja es la fonética del "OK, de acuerdo" en árabe).


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