S de subliminal


Por: | 19 de abril de 2014
 
Una de las preguntas que más me suelen hacer como sexóloga es si creo que hoy la sociedad está más abierta en lo referente a su sexualidad. La pregunta más bien sería: ¿cómo no estarlo? El sexo está cada día más presente en todo lo que hacemos, en todo lo que vemos. Pero la clave no está en el fondo, sino en las formas.

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Uno de los anuncios sexualmente más impactantes de Tom Ford

Mi madre siempre dice eso de 'somos lo que comemos', pero creo que actualmente la frase podría transformarse en 'somos lo que consumimos'. Y no es poco. Según expertos, si desde el principio de la humanidad hasta 2003 se habían acumulado 5 exabytes de información, actualmente se produce un exabyte casi cada día. Una bomba informativa en toda regla, que a veces no sabemos digerir.
Si analizamos los ingredientes de esta dieta, no es difícil observar que el sexo se lleva un gran porcentaje de la misma. Ya hemos comentado en otros posts su actual incidencia en la literatura o en el cine, pero desde luego, el producto con más altas dosis de sexo hoy en día es la publicidad.
Explícita o implícitamente, los mensajes sexuales nos llegan por doquier, hasta tal punto que a veces ni somos capaces de darnos cuenta. Todos hemos asumido que para vender no está de más unir el producto con el concepto de placer, y es por eso que para promocionar un coche se suele utilizar a una chica sexy, o que para animar a las mujeres a pasarse a las bebidas light, aparece en escena algún muchacho descamisado. El sexo ha vendido, vende y venderá siempre.



Si bien a veces lo sexual se utiliza abiertamente para llamar nuestra atención, y es un juego más o menos limpio con el cliente, no siempre somos conscientes de las imágenes que llegan a nuestra mente. Los mensajes subliminales llevan al receptor a asociar ciertas ideas con los productos publicitados. El objetivo de vincularlos con el sexo es el de conseguir llamar la atención, hacerlos más atractivos, y apelar a nuestros instintos para llamarnos a consumir. Desde la imagen de la mujer desnuda en los cubitos de hielo a gestos que pasan inadvertidos a simple vista, o a veces palabras o números que aparecen casi sin que logremos verlos. Aunque en ocasiones hay imágenes que hablan más que mil palabras.

Publicidad subliminal
Algunas marcas que fueron polémicas por sus 'dobles sentidos', como Gucci, Kappa, o Burger King.

Si bien la publicidad subliminal ha sido objeto de múltiples debates, tanto en torno a si es lícita o no, como si es efectiva o no, la cuestión pasa por el momento en que esos mensajes llegan a todos los públicos sin ningún tipo de discriminación. Hablamos de la publicidad subliminal en los productos infantiles. Más allá de los debates sexistas, que podrían dar para largo, la cuestión es que si muchas conciencias se remueven cuando se habla de implantar clases de educación sexual en los colegios, pocos se plantean los mensajes respecto a la sexualidad que llegan a sus hijos, y sobre todo, con qué fines lo hacen.


Insisto, el debate no es tanto sobre el fondo, sino sobre las formas. Lo negativo no es que el sexo forme de alguna manera parte de aprendizaje de los más pequeños, sino la forma en la que suele hacerlo. Muchas veces no somos ni siquiera conscientes de la existencia de estos mensajes. Además, vivimos en una sociedad donde suele ser difícil controlar lo que se ve y se escucha, sobre todo en la televisión, a cualquier franja horaria. Por tanto, lo que deberíamos plantearnos es qué hacer para conseguir que este tipo de información no sea tan dañina. Es decir, ser conscientes de lo que hay, y buscar soluciones para encauzarlo de la mejor manera posible.

Disney subliminal



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Sexo en el sofá


Por: | 16 de abril de 2014

"Adiós sofá", le dije antes de verlo salir por la puerta, empujado por tres estudiantes italianos. Para muchos, se trata de un mueble que sirve para ver la televisión o para echarse la siesta. Pero yo no hice ni una sola siesta en él (a pesar del tiempo que llevo en España, no domino tal arte). Tampoco veía la televisión, porque no lo tengo. Para mí, mi sofá era lugar para estirarme después de un día largo, o para leer. Pero más importante: era mi lugar favorito para tener sexo.

Venus O'Hara por Lars Koudal
Venus O'Hara por Lars Koudal.

Hay muchos motivos para hacerlo en el sofá: el principal es que ofrece comodidad y mucho más variedad que una cama. Por ejemplo, al ser más bajo y más estrecho que un lecho estándar, en la posición del misionero, la mujer puede situar un pie en suelo y tener mucho más control... Además, la espalda del sofá da mucha estabilidad a la hora de hacerlo a cuatro patas, a pie, o con la mujer encima (si tenéis sugerencias de más posturas en el sofá, serán bienvenidas en los comentarios).

Sexo en el sofá no solo es una alternativa a la cama; muchas veces es preferible. En los años que mi querido sofá y yo llevábamos juntos, vio bastante más vida que mi cama. Además, diría que he vivido unos de los momentos más emocionantes de los últimos años en él. Uno que destaca: la primera vez que estuve con una mujer: una experiencia inolvidable que acabó luego en la habitación.

Pero esto no es lo habitual, considero que la cama es un espacio mucho más íntimo, y para mí, es un lugar para dormir, y sola. Querer tener sexo con alguien no es sinónimo de querer pasar la noche juntos. Además, en mi caso, suelo dormir fatal (no aguanto los ronquidos) y no soy nada productiva el día siguiente. En cambio, en el sofá, se mantiene una distancia emocional y por lo general, después de sexo, uno no se apalanca tanto como en una cama; entonces, resulta mucho más fácil echar a alguien después.
Por ejemplo, un bostezo o simplemente decir "tengo sueño" desde un sofá significa "ya es el momento de irse", mientras que desde una cama se puede interpretar como "apagamos la luz y dormimos". Es más, así no ensucio mis sábanas. Y para proteger el sofá de sudor, manchas, o ADN en general, pongo una tela, que es mucho más fácil de limpiar que tener que cambiar las sábanas cada dos por tres.

Después de una velada de sexo en el sofá, vuelvo a mi cama limpia para dormir sola y siempre me despierto relajada y feliz el día siguiente, acordándome de los acontecimientos de la noche anterior. lo cual me deja con ganas de más, en lugar de agobiarme.

Venus O'Hara


Después de tantos momentos bonitos en mi sofá, sabía que era momento de un cambio. La noche antes de regalarlo a los estudiantes italianos decidí que necesitaba el último sofargasmo para despedirme de él, como se debe. Cuando lo sentí, me cogió por sorpresa total ya que parecía interminable: era como si estuviera consumida por la energía de todos los recuerdos... como si hubiera un espasmo por cada orgasmo que había experimentado ahí. Me pregunto si sus nuevos dueños sentirán esa energía...

Ahora me toca bendecir uno nuevo, y me emociono al imaginar cómo, cuándo y con quién será.

Y a ti, ¿te gusta hacerlo en el sofá?



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En celo


Por: | 13 de abril de 2014
 
Por un efecto de la debilidad de mis jóvenes órganos, me entregué, sobre el tapiz encerado, a la más imperiosa necesidad que afecta a las jóvenes gatas. Honoré de Balzac (Penas de amor de una gata inglesa)

¿Alguna vez te has comprado unos zapatos incomodísimos pero muy sexies o unas bragas de encaje de las que pican y no vas a usar jamás? Yo, sí. Como hito de consumo estúpido tengo en mi haber unos zapatos que me debo de haber puesto tres veces en cinco años y que nunca entendí por qué compré: eran caros, tienen tacones altísimos de esos que hacen que el pie esté en una pronunciada pendiente realmente dolorosa, punta que ajusta todos los deditos y, eso sí, hacen unas piernas de apariencia sexy.

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          Fotografía de Irene Díaz.

Ahora empiezo a entenderlo, mientras leo el libro Química entre nosotros. Amor, sexo y la ciencia de la atracción de Larry Young y Brian Alexander. Sabemos que, "a menudo, el sexo es un móvil oculto de la forma en que gastamos dinero y de la ropa que nos ponemos –por no mencionar su relación con el tipo de conductas que exhibimos", como nos dicen Young, experto en neurociencia del comportamiento social y profesor de psiquiatría, y Alexander, periodista científico.
Pero, y esto sí que arroja luz nueva sobre nuestro consumo inútil: "durante la ovulación, las mujeres aprecian más la pornografía que en otros momentos del mes. Adquieren un sesgo favorable hacia los hombres de una belleza tosca, en vez de hacia los 'buenos tipos' de aspecto agradable. Tienden a evitar a sus padres, consumen menos calorías, y gastan menos dinero en comida que en ropa y en zapatos sexys. Además, las mujeres fantasean más a menudo con hacer el amor con un hombre que no sea su pareja actual", según los divulgadores.
Alguna vez comentábamos aquí que, en esos días húmedos, si uno sabe escuchar a su cuerpo, se dará cuenta de que tiene ganas de sexo con el 70 por ciento de los hombres que se cruza por la calle. Hoy nos enteramos que, impulsadas por los salvajes estrógenos, también nos compramos zapatos incómodos.
Y aunque dudemos de la conveniencia de aplicar a los seres humanos expresión tan basta como "estar en celo" (polémica y políticamente incorrecta por todo lo que hemos asumido sobre la conducta cultural aprendida), no podemos negar que buena parte de lo que pasa en nuestros cuerpos, almas y comportamientos sigue regida por nuestros instintos sin domesticar o, lo que es lo mismo, el modo en que nuestras hormonas trazan el mapa de la química cerebral.

Durante años hemos creído que no había señales detectables de fertilidad en la hembra humana (salvo la mayor untuosidad genital) y es cierto que a las mujeres no les gusta alardear de sus días fértiles como lo hacen sus primas del reino animal, las ratas con 'lordosis' o las gatas que se restriegan. Algunos ginecólogos siguen insistiendo en que nada cambia si uno suprime el ciclo ovulatorio con anticonceptivos. Sin embargo, nosotras sabemos lo que es tener la libido en alza o a la baja: nos notamos el deseo conforme nos acercamos a la ovulación. Quizá lo que no sabíamos es lo que dicen los investigadores acerca de los cambios en nuestra piel, el atractivo del rostro, la ligera modificación de las medidas de cintura y caderas, o cómo afecta la fertilidad al tono de la voz y hasta a los gestos... o cómo te brillan los ojitos o te sonríes, complaciente y dispuesta, con la mirada.
Amplio, entretenido y con explicaciones bien didácticas, el libro de Young y Alexander da cuenta de un experimento realizado con estudiantes a las que les presentan los mismos actores, haciendo el papel de chicos buenos y/o sus gemelos 'malos' (o más pícaros), alternativamente, y con dos semanas de diferencia. Al parecer, durante los días en que están ovulando, las chicas se muestran fascinadas jugando a dejarse convencer por chicos seductores, aunque tengan novio (suelen cambiar la palabra "novio" por "un amigo" en esos días) y, mientras charlan con los 'golfos', ladean la cabeza, juguetean con el lóbulo de la oreja, mueven el pelo, se inclinan hacia delante (dicen los expertos en mercadotecnia que son movimientos destinados a dirigir la atención del hombre a su escote) y sonríen con un placer desinhibido que involucra músculos faciales diferentes a los de las sonrisas cándidas.
Leemos: "cuando una mujer ovula, se produce una sobrevaloración de los 'golfos' como tipos estupendos, pero solo en lo que le atañe a ella (...) Las mujeres que están ovulando a menudo piensan que a los 'golfos' no les interesan en absoluto las demás mujeres".
O sea, nos queremos hacer las tontas porque, mientras nuestros ovarios entran en tan relevante acción para la instintiva causa, lo importante es lo importante.

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          Fotografía de Irene Díaz.

Explica la investigadora Kristina Durante: "Puede que el chico formal sea leal, trabajador y busque compromiso, pero esas calidades resultan atractivas solo para el cerebro racional –esa parte de nosotros que calcula los beneficios derivados de posponer una recompensa en aras de un beneficio a largo plazo–. Ese tipo de cálculos se produce en el córtex, la parte más voluminosa de nuestro cerebro, pero las hormonas han tomado las riendas del resto del cerebro...".
Lo único que cuenta es el corto plazo cuando los estrógenos nos conminan a 'aparearnos', por mera ley evolutiva.
Young y Alexander presentan, incluso, los sorprendentes resultados de un estudio que demuestran el efecto que la carga hormonal tiene en asuntos de sensualidad, a través del seguimiento de las ganancias que dejan un grupo de bailarinas de strip tease en relación con el momento del ciclo menstrual en que se encuentren. Así, los 354 dólares por turno de cinco horas que podían hacer las chicas durante sus días fértiles se reducían a 264 dólares, durante los días infértiles, y a 193 dólares por turno, en el caso de las que tomaban píldoras anticonceptivas.
Se trata, sin duda, de una preferencia real pero inconsciente por parte de los hombres: "cuando se les expone a muestras de olor tomadas de mujeres próximas a ovular, los hombres, igual que sus primos los monos, manifiestan un pico de testosterona". Y la testosterona, se sabe, induce a dejar más dinero en el cortejo.
Más allá de las convenciones sociales y la discreción con que las chicas recatadas y las gatas inglesas llevamos estas cuestiones, la idea fuerza de estos divulgadores, que se suman a una larga lista de antropólogos y neurofisiólogos, es que "durante la ovulación, el cerebro de una mujer fértil la induce a comportarse de una forma que maximice sus probabilidades de aparearse con el varón más apto y más accesible que pueda encontrar". Esto es, los que aparentan ser 'ganadores'.

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           Fotografía de Irene Díaz.

Y para volver al principio, recuperemos la voz de la gata de Balzac: "Lo que los hombres y solteronsas llaman educación es una costumbre que adoptar para disimular las inclinaciones más naturales, y cuando nos han depravado enteramente, dicen que estamos bien educadas".
Esto es lo que le hace decir Honoré de Balzac a su gata inglesa, a quien le presentan a un magnífico angora, inglés de severas costumbres sociales. "Yo, simple e ingenua, le salté al cuello para incitarlo a jugar, pero él rehusó bajo pretexto de que estábamos ante los demás. Entonces me di cuenta de que el par de Inglaterra debía a la edad y a los excesos en la mesa esa gravedad postiza y forzada que se llama en Inglaterra respectability".
"Entonces divisé, sin tener aire de mirarlo, a ese encantador minino francés: estaba despeinado, era pequeño, gallardo, y no se parecía en nada a un gato inglés". Ese "bicho raro sin preocupaciones" cautivó a nuestra gata harta de circunspección, fatigada de solemnidad y de "la pulcritud puramente material" de los gatos ingleses.

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El cuento de la gata inglesa de Balzac formaba parte de un proyecto editorial titulado 'Escenas de la vida privada y pública de los animales', que empezó a publicarse por entregas en 1840. Ilustración de Jean Ignace Isidore Gérard Grandville para el primer tomo de las 'Escenas...'.

El juicio de la sociedad victoriana no se hace esperar. ¡Cómo iba a irse una gata inglesa a las alcantarillas con un gato francés que solo tiene un patrimonio de bigotes y cola! El sarcástico abogado de la contraparte se burla ante el estrado diciendo que ella pretenderá explicar que se fue "a los canalones con un gato francés, para convertirlo a la religión anglicana".
Activista de la precoz causa feminista, la gata decimonónica de Balzac, finalmente, entiende que "la literatura se ha convertido en el asilo de todas las gatas que protestan contra el inmoral monopolio del matrimonio, que resisten a la tiranía de las instituciones, y quieren regresar a las leyes naturales".


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Triángulo roto


Por: | 12 de abril de 2014
Por Eladio Valdenebro(*)

Nada hay tan deshonesto que no pueda contarse con palabras honestas. Bocaccio.

Cuando leí esta frase del ingenuo pornógrafo italiano del siglo 14 - la tomé como un reto. Recordé una experiencia que al fin no concluyó como yo pretendía, la enriquecí con alguna ficción, y escribí esto que sigue, con palabras decentes.
Nochevieja. Concluye el baile a-tres, los tres se separan. El vaho de cannabis se mezcla con olor de whisky regado. Exhausta, desnuda, Odile se deja caer en el centro de la alfombra roja, entre ropas de hombres, entre sus propias ropas. Al borde de la cama matrimonial y en paños menores, Paco se echa para atrás, las piernas dobladas al suelo. No entiende, está su mente turbada, está desconcertado. Pepe, a su vez, sonríe, ahora con un colmado brandy en la mano. Hundido en su sillón se complace con la turbación de su amigo del alma. No le importa lo que piense su amada, casi siempre tan dócil a sus fantasías, aunque siempre reacia a cierta alternativa que a él con frecuencia lo obsesiona.

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Getty.

La lluvia arrecia en las ventanas y opaca la densa música de Chuk Manggione. Un aviso comercial exterior titila sus cambiantes colores acentuando el extraño ambiente.
Pepe recoge a su mujer, susurrándole algo al oído. No entiende ella, pero sí sospecha lo que sigue, lo que quiere su amado. Y acepta, pues un plan travieso se le ocurre en ese momento. El la acaballa con delicadeza sobre el bajo vientre de Paco. Ella ayuda, quiere algo también pues le ha asaltado de nuevo una cierta sospecha. Pepe quita a su amigo la última ropa con aire ceremonial, la coloca con cuidado sobre el equipo de sonido, recoge las otras prendas con igual ceremonia, las dobla, las coloca allí. Ya ordenado el escenario, se instala entonces en su sillón, en el eje de observación perfecta. Sonríe, detallando con su mirada libidinosa esa esquiva alternativa que a él obceca, que a ella tanto humilla con frecuencia.
Odile se desempeña como sabe que su amado quiere, para amarle plenamente su amigo del alma. Y como sabe qué mas quisiera su amado, se inclina así, sobre el pecho de Paco, como jinete en carrera de hipódromo, para despertar también en su Pepe el deseo, aquel deseo que ahora sí quiere complacer. Sus pezones acarician los negros vellos de los pectorales de Paco, mientras le ataca con su lengua la lengua aún tímida. Tiene ella su secreto plan… pretende amar a los dos hombres al tiempo, para que sean algo más que amigos del alma a través de su cuerpo de hembra compartida. Así verificará su sospecha.
Pepe, entusiasmado, procede: por la espalda le llega a su mujer, ya dispuesto. Paco ha entendido: sigue en lo que está… pero con ojos cerrados, no quiere verla, no quiere verlo. Y Odile, a su vez, sonríe para sí: logrará comprobar esa insistente sospecha y se olvida de otras veces en que se sintió envilecida. Se entrega entonces a amarlos al tiempo. De nuevo, en su espalda la caricia de los rubios vellos del pecho de su amado. Pero esta vez con su total consentimiento. Es su plan. Y percibe claras diferencias entre los dos hombres: distintos vigores, distintas turgencias, distintos alcances. Tres diferentes gemidos se entrecruzan confusamente con las ráfagas de lluvia que siguen golpeando las ventanas. Truenos y relámpagos hacen mas confusa la extraña sonoridad de la escena: sexo, jazz, lluvia.
Pronto Odile cree lograr lo que pretende: que los dos amigos, en vías paralelas, se sientan uno a otro a través de sus finas interioridades femeninas. Sí, son algo mas que amigos del alma.
Quiere entonces acentuarles la mutua percepción: sabia, impone con íntimas presiones internas un ritmo binario -Pepe,Pepe, Paco,Paco, Pepe,Pepe, Paco,Paco- y capta que es Pepe quien primero capta lo binario Pepe,Pepe, Paco,Paco. Unos compases después nota que Paco también nota: se están sintiendo. Pepe, Pepe, Paco,Paco. Se aman a través de ella. Entonces, se aquieta, distiende sus suaves, sus fuertes tensiones. Ellos ignoran la repentina quietud y siguen, solos Paco,Paco, Pepe,Pepe, Paco,Paco, Pepe,Pepe. 
Odile siente que sobra, pues, ya quieta, percibe dentro de si dos ansiedades que aumentan. Y decide ausentarse, ella sobra. Pero antes, malévola, experta, retoma mandos: con adecuados ajustes, cambia el ritmo binario a uno simple, a un ritmo urgente, creciente, desbocado: Paco, Pepe, Paco, Pepe, Paco, Pepe y, sabia, calculando el momento oportuno, desliza su cuerpo y huye. Siente que no tratan de retenerla, que la ignoran. Sí, mayor indicio a su sospecha. Cual anguila aceitosa escapando de dos manos afanosas, Odile se escapa de los dos afanosos cuerpos. Que -igual que las manos frustradas por la fuga de la anguila- se entrelazan violentos al momento final: Paco, Pepe, incontenibles; Paco, Pepe, espásmicos. La lluvia ya mengua, no silencia dos diferentes gemidos finales mientras dos ardientes licores viriles se entremezclan entre vientres de recios vellos negros, de finos vellos rubios.
Como dos manos aquietándose luego de restregarse violentas, los dos cuerpos no se sueltan, ya en reposo. Odile, ovillada con perfil fetal en el hondo sillón, sonríe: ha comprobado aquello. Los tres se van adormilando.  


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El orgasmo de mi vida


Por: | 10 de abril de 2014
 
Antes de sentarme a escribir este tema, cierro los ojos y pienso en cuál ha sido 'el orgasmo de mi vida', aquel en el que exploté como nunca, en el que sentí cómo salía de mi cuerpo, ese momento en el que mi mente explosionó y se llenó de color. Ese instante en el que mi pareja era lo único que me ataba a este mundo, porque era más libre que nunca.
Si pienso en los mejores orgasmos que he tenido nunca (y es difícil elegir…), lo que me viene a la mente, quizá, más que el éxtasis en cuestión es el motivo por el que ese momento fue tan especial. Quizá por una circunstancia en concreto, o por la persona con quien lo compartí, fuera lo que fuera, todo encajó de manera que los problemas y los agobios de mi mente desaparecieron. Todo fluyó como nunca.

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Preguntando a mis amigas cuál fue 'el orgasmo de sus vidas', ocurre un poco lo mismo. Cada una lo identifica con una cuestión subyacente en concreto, más que con el arte de la amatoria en sí. Más que nombrar un juego, o una postura, recuerdan una reconciliación, una ruptura, una primera vez… Aunque no solemos coincidir. Todas tenemos cosas en común, pero somos muy diferentes, también en la manera en la que vivimos el sexo.
Sin embargo, cuando leo muchos de los libros más vendidos en ficción erótica me encuentro una y otra vez con los mismos personajes. Con la misma forma de practicar y de sentir el sexo. Chicas perdidas, y sexualmente no del todo expertas, que buscan seguridad y un amor de película en hombres fuertes, poderosos, y dominantes en todos los sentidos. De hecho, suelen ser ellos los que les enseñan cómo disfrutar de su sexualidad.
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'El orgasmo de mi vida' de Lectio Ediciones se presenta el jueves 10 de abril, a las 19.30 horas, en La Casa del Libro de Fuencarral 119 (Madrid), con la presencia de la autora Silvia C. Carpallo, acompañada por Venus O' Hara.

Es entonces cuando me angustio, porque desde luego no creo encajar para nada en ese perfil. Aprendí más bien sola los secretos de mi propia sexualidad y, aunque, en muchas ocasiones, fueron algunos hombres los que me mostraron un mundo por descubrir, en otros casos fui yo la maestra. Y lo cierto es que conociendo las historias y anécdotas de las mujeres que me rodean, podría decirse lo mismo. ¿Es que acaso ninguna da el perfil? ¿Conocemos acaso algún hombre parecido a los de estas novelas?
Estamos casi todos de acuerdo en que la nueva ficción erótica ha supuesto un paso hacia adelante, que ha roto barreras, puesto que ha alejado lo sexual de lo prohibido y ha dado gasolina a nuestra imaginación y a nuestro deseo. Cierto, pero, ¿se puede dar un paso más? ¿Puede servir la ficción erótica para reivindicar un poco más la sexualidad femenina? ¿Y para quitar esa carga injusta a los hombres, a los que seguimos responsabilizando de nuestro placer?
Esas eran las preguntas que me vinieron a la mente cuando me enfrenté al folio en blanco, y mis dedos escribieron, casi solos, un libro de relatos, por y para todo tipo de mujeres.

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Fotografía de J. Retana

El orgasmo de mi vida habla precisamente de eso, de mujeres iguales pero diferentes. De formas de vivir el sexo que son únicas, pero que todas hemos sentido. Solteras, casadas, divorciadas, maduras, jóvenes, adolescentes… Mujeres que reconocen sus inseguridades, sus carencias, sus miedos, pero que también se atreven a superarlos. Mujeres valientes que luchan por lo que quieren, que buscan su propia cima, su gran éxtasis.
Un ama de casa que deja la cocina por la sala de torturas, una ejecutiva que descubre el éxtasis en la boca de otra mujer, el reencuentro con un antiguo romance tras las aventuras del sexo sin amor, el deseo por un hombre prohibido o el descubrimiento del placer por primera vez, a una edad totalmente inesperada. En resumen, sentimientos y emociones como el poder, el deseo, la liberación, o el amor. Temas tan comunes, o tan poco hablados, como el sexo entre mujeres no vinculado a la homosexualidad, las relaciones entre personas con grandes diferencias de edad, los nuevos placeres de la adolescencia o incluso de la menopausia, el sexo con desconocidos, etcétera.
Sin príncipes azules, pero sí con hombres reales. Con morbo, pero sin mitos ya caducados. Un nuevo erotismo basado en el sexo real, en ese sexo explícito con el que sí que nos podemos identificar.
Estas son tan solo algunas historias que yo he querido contar, y que he querido compartir aquí con vosotros/as. Dejo espacio en blanco para conocer las vuestras, y que todos podamos aprender más. ¿Cuáles han sido los orgasmos de vuestra vida?


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Pedacitos de amor que son amor (y nuevas tecnologías)


Por: | 07 de abril de 2014
 
"No me compensa". Escuché la frase referida a un vínculo de amistad cuando llegué a España, y me sorprendió muchísimo. No había imaginado que un verbo para mí tan mercantil pudiera aplicarse a las relaciones humanas, mucho menos al amor. Pero así era: aquí y ahora se conjugan en estos términos el compañerismo o la pareja. Tienen que "compensar" o, lo que es lo mismo, hacer un buen balance entre la columna del 'debe' y el 'haber'

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Fotografía de Irene Díaz

De la relación coste-beneficio llevada al territorio afectivo en estos tiempos "líquidos", sin certezas ni compromisos sólidos, habla el filósofo Zigmunt Bauman en 'Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos' .
El hombre que acuñó la idea de 'lo líquido' para adjetivar esta época sin brújula escribe: "la moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante".
En esta postal, la racionalidad consumista es el marco perfecto o la consecuencia natural (el huevo y la gallina) de la tecnología como centro de la escena. El ligoteo digital que no pasa a la vida real o como preámbulo a una cita única y breve en el mundo de carne y hueso se han popularizado.
El sexo ya no está atado a un modelo de vida productivo (y por lo tanto, tampoco regido por una estricta moral) y se ha vuelto más inseguro (aunque uses tres preservativos superpuestos), porque no hablamos de ninguna enfermedad... Es inseguro emocionalmente por "el espectro de la incertidumbre que todo episodio sexual entraña". En efecto, el sexo puede traer consecuencias afectivas y vitales que no estamos dispuestos a asumir. En síntesis, el sexo puede amenazar la liquidez reinante.

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Fotografía de Irene Díaz.

La tecnología y la vida digital que se hace en (y por) internet conllevan la fragmentariedad y la aceleración de los vínculos. ¿Para qué quedarse en un solo lugar o con una sola persona si las opciones son infinitas?
"Estar conectado es más económico que estar relacionado", escribe Zygmunt Bauman. "Pero también bastante menos provechoso en la construcción de vínculos y su conservación", matiza.
La red sustituye al parentesco. Nos "conectamos" sin parar con los demás, pero con lazos lo suficientemente sueltos como para desatarlos en cuanto tengamos ganas de salirnos. Abandonamos la red, o nos desconectamos, o pulsamos el botón 'suprimir' sin puniciones y para volver a tener la libertad de continuar relacionándonos o, mejor dicho, conectándonos con otros.
No estamos demonizando las redes: ya estamos en ellas y forman parte de nuestras prácticas cotidianas. Sin embargo, va siendo hora de ir entendiendo el recorrido que trazamos.
Somos nodos y seguimos queriendo querer. Fragmentarios y románticos.

La tarea más generalizada y ambivalente de todas, en este mundo de individuación creciente, parece ser la de buscar una relación, porque conlleva, según Bauman, "el placer de la unión" y el pavor al encierro. Parece que con esta búsqueda sostenida de amor en todos los amores estamos empeñados en que ningún vínculo cuaje. Quizá porque ser dos multiplicaría las incertidumbres. '
'Amordio', una bellísima pieza de arte animado de Rafa Galeano
Entre los "temores difusos" de esta búsqueda repleta de conexiones efímeras, "el más aterrador (...) se desprendía de la ambigüedad del encuentro sexual: ¿se trataba de un primer paso hacia una relación o era su coronación y su término? Por esfuerzos que se hagan, ninguna unión de los cuerpos puede escapar del marco social y despegarse de cualquier conexión con los demás aspectos de la existencia social. El sexo, despojado de su antigua posición e implicaciones sociales, cristalizó la terrible y alarmante incertidumbre que habría de convertirse en la mayor pesadilla de la moderna vida líquida".
Aparatos y apps nos ayudan en esta paradójica tarea de estar distanciados y, sin embargo, al alcance desde cualquier lugar, y casi siempre disponibles. Así, "cuando la calidad nos defrauda, buscamos la salvación en la cantidad. Cuando la duración no funciona, puede redimirnos la rapidez del cambio". Al ritmo de la arena actual de la seducción, ya sabemos que siempre podemos apretar la tecla 'delete' o declararnos 'ausentes' (en eterno amarillo o rojo ocupadísimo). El chat permite acciones sin repercusión en el mundo real.
"La finalización a demanda -instantánea, sin inconvenientes, sin pérdidas ni remordimientos- es la mayor de las ventajas de las citas por internet. En un mundo de cambios fluidos, valores cambiantes y reglas eminentemente inestables, la reducción de los riesgos combinada con la aversión a descartar otras opciones es lo único que queda de una elección racional. Y las citas por internet, a diferencia de las molestas negociaciones de acuerdos mutuos, cumple a la perfección (o casi) con los requisitos de los nuevos estándares de elección racional", apostilla Bauman.

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         Fotografía de Irene Díaz.

Lejos quedaron aquellos días en que se cuestionaba a alguien como Daniel Day-Lewis que, en la prehistoria de internet -año 1994-, cortaba por fax su relación con Isabelle Adjani, madre de su hijo Gabriel Kane.
Como dice Bauman que dicen (decimos) casi todos, por ahí, hoy mismo: "nada más fácil que no contestar un e-mail". ¿Quién no se ha despedido con caricias y desayuno de alguien con quien se lo ha pasado genial y que nunca responderá un correo electrónico? ¿Alguna vez hemos sido nosotros los que bloqueamos al otro en el wattsapp sin (necesidad de) dar ninguna explicación?

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La vida de carne y hueso siempre atravesada por la 'proximidad virtual'. Fotografía de Irene Díaz.

Por otro lado, la proximidad virtual tiene el poder de desactivar las presiones que ejerce la cercanía verdadera (sobre todo, en el hogar). En 'Amor líquido', hay un ejemplo que todos conocemos bien: el de nuestros vecinos en el vagón del tren que hablan todo el tiempo por teléfono, informando a sus padres o maridos y esposas de la estación por la que acaban de pasar. "Uno diría que están contando los minutos que los separan de sus seres queridos y que no ven la hora de poder mantener esas conversaciones cara a cara. Pero quizás no haya pensado que muchas de esas charlas por móvil que usted escuchó por azar no eran el prolegómeno de una conversación más sustancial a producirse al llegar, sino un sustituto de ella. Que esas charlas no preparaban el terreno para algo real, sino que eran lo real en sí", apunta. Porque es muy probable que esos hijos, maridos y esposas, una vez todos en casa, estén chateando con otros, amantes o colegas (de nuevo, la 'proximidad virtual').

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         Fragmentariedad. Fotografía de Irene Díaz.

Por momentos apocalíptico, Bauman se redime cuando nos anima a no perder la ilusión: "Eros, podemos estar seguros, no ha muerto. Pero desterrado del reino que le corresponde por herencia, ha sido condenado a merodear y deambular, a vagabundear por las calles en una búsqueda interminable, y por lo tanto vana, de refugio y cobijo. Ahora Eros puede ser hallado en cualquier parte, pero en ninguna se quedará por mucho tiempo. No tiene domicilio permanente: si quieren dar con él, escriban a poste restante y no pierdan la esperanza".
Nada de renunciar o desfallecer, mejor disfrutar; sinceramente creo que esos pedacitos de amor son amor. Sí, amor y nuevas tecnologías.


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El miedo a bajarse los pantalones


Por: | 04 de abril de 2014
 
Odio la percepción de que tener vagina requiere un cuidado especial desde la idea de los productos de higiene íntima para mujeres hasta las revisiones ginecológicas anuales. Estoy a favor de las revisiones, ya que, como bien dicen, la prevención es la mejor cura pero, me pregunto: ¿no estaría bien que los hombres se hicieran una revisión anual también?

La situación de bajarse los pantalones para un médico no es tan común entre los hombres. En mi entorno, conozco a más de uno con este miedo, tanto que han pasado toda la vida padeciendo una fimosis grave con masturbaciones dolorosas, y un complejo que ha resultado en una vida sexual y emocional inexistente. Me da una pena enorme, sobre todo cuando la solución es tan sencilla.

Venus O'Hara


Recientemente me escribió Pepe*, uno de mis seguidores de treinta años, para decirme que debido a motivos médicos iba a abstenerse de mirar mis selfies de los buenos días, durante un mes, puesto que se acababa de hacer la circuncisión. Le propuse una entrevista seis semanas después de la intervención para que me contara sobre su experiencia, con la esperanza de que quizás pueda servir como inspiración para otros hombres que padecen fimosis para solucionarlo de una vez, en lugar de seguir sufriendo, y esto es lo que me contó:

B.E. ¿Por qué decidiste hacerte la circuncisión?

P. Para quitarme un complejo y por motivos médicos.

B.E. ¿Tuviste miedo de ir al médico la primera vez?

P. El momento de ir al urólogo no fue el problema, más problemático fue convencerme primero que que debía hacerlo. Porque la sanidad tal como funciona aquí, te vas un día y te ve el médico de cabecera, le dices: "quiero operarme de fimosis". Ni te mira y te deriva y luego te dan hora para que vayas al cirujano. Y el día que vi al cirujano, aparte de que ya me habían dado la cita como tres meses antes, supongo que ya estaba concienciado y no fue tan problemático. Es lo que te digo: el cirujano le quitó mucho hierro, era muy cercano, me ayudó mucho. Y me dio cita para la intervención.

B.E. ¿Cuánto tiempo tuviste que esperar?

P. Fui un miércoles al urólogo y me querían operar el jueves de la semana siguiente, muy rápido: ¡aluciné!

B.E. ¿Cómo te tuviste que preparar?

P. Pregunté si me tenia que depilar o afeitar… y el médico me dijo que no. Una hora antes de la intervención, me tomé un calmante. Me desnudé y me quedé esperando en bóxer y de ahí a quirofano, y empezó el proceso. La peor parte fue la de la anestesia local: son pinchazos en la zona, y obviamente duele bastante. Después me estiré, me sacaron las gafas y me pusieron una cortina al nivel del pecho para que yo no pudiera ver. Me quedé mirando hacia arriba y empezó a llegar un olor a barbacoa... de quemado...y vi humo. 
La foto (6)
Imagen del libro recién salido del horno que firman la ilustradora Caroline Selmes y la publicista Laura Torné, 'Muerte a los hombres malos', publicado por Lunwerg. Ellas son las 'mujeres despechadas' que sacan (y secan) los trapitos al sol.

B.E. ¿Fue con láser?

P. Fue con un bisturí láser y fue muy rápido. La operación no llega a los diez minutos. Le pregunté al médico: "¿ya hemos empezado?". Me contestó que ya hacía cinco minutos que estaban en ello. Y no me enteré de nada. Me pusieron quince puntos. Me sorprendió: para tanto puntos no tenia yo espacio... También me pusieron una gasa por varios días.

B.E. ¿Y para orinar?

P. Lo haces a través del vendaje por una punta que te dejan en la gasa. La gasa tiene varias capas y, al sacarme el vendaje, unos puntos se habían quedado enganchados en la gasa y…para quitarlo, ¡un drama!

B.E. ¿Y para ducharte?

P. Dicen que los primeros días, ni que lo pienses. Has de estar de reposo absoluto, no te puedes ni tocar. A partir del tercer día te puedes duchar. Pero has de ir con cuidado por los puntos. Cuando lo vi por primera vez me impresionó mucho porque estaba rojo e inflamado. Después del tercer día empiezas con el tema de las curas, y a partir de la primera semana los puntos empiezan a caerse solos, pero para mí, tardó un poquito más. Dicen que es mejor tenerlo al aire para que cicatrice más rápidamente.

B.E. ¿Cuánto tiempo estuviste de baja?

P. Unas tres semanas.

B.E. ¿Qué cambio has notado ahora?

P. Al principio era complicado porque estaba muy sensible: el roce con la ropa interior por ejemplo es bastante doloroso. y el tema de la masturbación es diferente; es extraño.

B.E. ¿Has tenido de cambiar de técnica?

P. ¡Sí! es extraño, todavía estoy en ello. Y ya van casi seis semanas: las primeras cuatro semanas no tenía necesidad, pero a partir de la quinta, todo el día andaba excitado como un adolescente.

B.E. ¿Consideras que ahora tienes más seguridad sexual?

P. Bueno, es la idea. Supongo que sí, estoy trabajando en ello.

B.E. ¿Qué consejo darías a alguien que padece de fimosis?

P. ¡Que se opere! Vale la pena: en mi caso, me ha quitado un peso de encima.



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El dónde también importa, y mucho


Por: | 02 de abril de 2014
 

Tener casa y hacer el amor tranquilamente en la cama los sábados, porque toca, puede acabar siendo rutinario, lo aburrido. Sin embargo, cuando aún vives con tus padres (o con tus hijos), tener una casa a tu disposición es un lujo, el buscar un cuándo, y sobre todo un dónde, es todo un reto.
Si nos ponemos a recordar, puede que el primer beso apasionado fuera en los asientos más escondidos del cine, que los primeros trucos manuales surgieran en el banco de un parque cercano a casa, y que para los orales, buscaseis incluso un arbusto bien frondoso que sirviera como escondite, pero desde luego, el lugar por excelencia para ‘aprender a amar’ siempre ha sido y será era el coche, incluso antes de tener el carné de conducir.

Grease car
Escena en el autocine de la película Grease

Esto de hacerlo en el coche nunca ha sido fácil. La primera complicación que yo recuerdo eran de nuevo los ‘dónde’, empezando por dónde aparcar el coche para que no nos viera nadie. Ya lejos de aquellos tiempos de los autocines, los parkings, los descampados y los polígonos industriales se convirtieron en los nuevos rincones del amor. Una difícil conjunción entre poder estar a solas y sin mirones a la vista pero sentirse suficientemente a salvo por cuestiones de seguridad. Vivimos tiempos difíciles (¡qué les voy a contar!).
Que la batería aguantara para poder poner la calefacción y no morirse de frío en esas oscuras noches de invierno era otra complicación, además de que tirara para dejar la radio puesta, con esas canciones que se convertirían en un elemento más de la relación. Que un coche no sea el lugar más cómodo del mundo no es inconveniente para que el asunto pueda ser increíblemente romántico.
Tras un rato de tonteo, todos los cristales estarían empañados, y por fin os habríais olvidado un poco del mundo exterior y entraríais en faena. El siguiente objetivo era el de buscar una postura en la que nadie saliera herido o, al menos, no mucho. Tras el debate de echar los asientos delanteros hacia atrás, o hacia adelante, según preferencias, y evitar confundir el freno de mano con un invitado más a la fiesta, venía el inevitable número de contorsionismo.


La única diferencia en esto entre los jóvenes de entonces y los jóvenes de ahora es que actualmente existe Internet y, cómo no, Google lo sabe todo, todo, y todo. Y si no Google, sí los libros, que aunque parezca mentira también siguen siendo una fuente de conocimiento, incluso para buscar posturas para hacer el amor a cuatro ruedas.

Más allá de lo cómico y melancólico del asunto, otro punto de vista es el de lo absurdo. Desde la sexología nos cansamos de repetir mensajes como la importancia de tomarse el sexo como algo natural, algo para disfrutar, de experimentar con todo nuestro cuerpo, salir del coitocentrismo… Y lo que no ha cambiado es que nuestra iniciación sexual siempre es a escondidas, con prisas por el miedo a ser pillados, directos al grano, y desde luego, con poco margen para la imaginación y la experimentación en el reducido espacio de un asiento trasero.

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El libro Carma Sutra, de Alex Games y Ester Selsdon, ofrece diversas posturas para 'amarse'en todo tipo de automóviles.

El dónde importa, y mucho, porque a veces marca nuestras formas de hacer, y de crecer sexualmente. Si bien parece que ya hay algunos hoteles que ofrecen sus habitaciones por horas, no es una práctica del todo extendida y mucho menos conocida en España, de manera que esta sigue sin ser realmente una opción alternativa. Tampoco el que tus padres salgan de casa y te guiñen el ojo antes de cerrar la puerta.
Así, cada fin de semana, miles de parejitas siguen dando vueltas y vueltas con el coche, preguntado ese "¿te parece bien aquí?". Hablamos de condones con nuestros hijos, pero no hablamos de la importancia de que disfruten de esas primeras experiencias. Porque al fin y al cabo las recordarán siempre. Quizás despenalizar y facilitar un poco más tampoco sería una idea tan descabellada.

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 Fotograma de una de las escenas más eróticas y míticas de la película 'Titanic', precisamente en un coche. 

Aunque, desde luego, no todo es negativo y puede que nosotros también tengamos una lección que aprender. Que cuando todo era más difícil, complejo, pero también prohibido y morboso, era mucho más excitante. Y que puede seguir siéndolo. Salir de la cama de matrimonio, al menos de cuando en cuando, también importa. Se puede innovar en el ‘dónde’ dentro de casa, o también salir de ella. Recordar lo que disfrutamos de aquella noche en la playa, en la tienda de campaña, de ese escarceo en un baño público y, sobre todo, de esas largas e inolvidables noches en nuestro viejo coche.


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