El dónde también importa, y mucho


Por: | 02 de abril de 2014
 

Tener casa y hacer el amor tranquilamente en la cama los sábados, porque toca, puede acabar siendo rutinario, lo aburrido. Sin embargo, cuando aún vives con tus padres (o con tus hijos), tener una casa a tu disposición es un lujo, el buscar un cuándo, y sobre todo un dónde, es todo un reto.
Si nos ponemos a recordar, puede que el primer beso apasionado fuera en los asientos más escondidos del cine, que los primeros trucos manuales surgieran en el banco de un parque cercano a casa, y que para los orales, buscaseis incluso un arbusto bien frondoso que sirviera como escondite, pero desde luego, el lugar por excelencia para ‘aprender a amar’ siempre ha sido y será era el coche, incluso antes de tener el carné de conducir.

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Escena en el autocine de la película Grease

Esto de hacerlo en el coche nunca ha sido fácil. La primera complicación que yo recuerdo eran de nuevo los ‘dónde’, empezando por dónde aparcar el coche para que no nos viera nadie. Ya lejos de aquellos tiempos de los autocines, los parkings, los descampados y los polígonos industriales se convirtieron en los nuevos rincones del amor. Una difícil conjunción entre poder estar a solas y sin mirones a la vista pero sentirse suficientemente a salvo por cuestiones de seguridad. Vivimos tiempos difíciles (¡qué les voy a contar!).
Que la batería aguantara para poder poner la calefacción y no morirse de frío en esas oscuras noches de invierno era otra complicación, además de que tirara para dejar la radio puesta, con esas canciones que se convertirían en un elemento más de la relación. Que un coche no sea el lugar más cómodo del mundo no es inconveniente para que el asunto pueda ser increíblemente romántico.
Tras un rato de tonteo, todos los cristales estarían empañados, y por fin os habríais olvidado un poco del mundo exterior y entraríais en faena. El siguiente objetivo era el de buscar una postura en la que nadie saliera herido o, al menos, no mucho. Tras el debate de echar los asientos delanteros hacia atrás, o hacia adelante, según preferencias, y evitar confundir el freno de mano con un invitado más a la fiesta, venía el inevitable número de contorsionismo.


La única diferencia en esto entre los jóvenes de entonces y los jóvenes de ahora es que actualmente existe Internet y, cómo no, Google lo sabe todo, todo, y todo. Y si no Google, sí los libros, que aunque parezca mentira también siguen siendo una fuente de conocimiento, incluso para buscar posturas para hacer el amor a cuatro ruedas.

Más allá de lo cómico y melancólico del asunto, otro punto de vista es el de lo absurdo. Desde la sexología nos cansamos de repetir mensajes como la importancia de tomarse el sexo como algo natural, algo para disfrutar, de experimentar con todo nuestro cuerpo, salir del coitocentrismo… Y lo que no ha cambiado es que nuestra iniciación sexual siempre es a escondidas, con prisas por el miedo a ser pillados, directos al grano, y desde luego, con poco margen para la imaginación y la experimentación en el reducido espacio de un asiento trasero.

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El libro Carma Sutra, de Alex Games y Ester Selsdon, ofrece diversas posturas para 'amarse'en todo tipo de automóviles.

El dónde importa, y mucho, porque a veces marca nuestras formas de hacer, y de crecer sexualmente. Si bien parece que ya hay algunos hoteles que ofrecen sus habitaciones por horas, no es una práctica del todo extendida y mucho menos conocida en España, de manera que esta sigue sin ser realmente una opción alternativa. Tampoco el que tus padres salgan de casa y te guiñen el ojo antes de cerrar la puerta.
Así, cada fin de semana, miles de parejitas siguen dando vueltas y vueltas con el coche, preguntado ese "¿te parece bien aquí?". Hablamos de condones con nuestros hijos, pero no hablamos de la importancia de que disfruten de esas primeras experiencias. Porque al fin y al cabo las recordarán siempre. Quizás despenalizar y facilitar un poco más tampoco sería una idea tan descabellada.

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 Fotograma de una de las escenas más eróticas y míticas de la película 'Titanic', precisamente en un coche. 

Aunque, desde luego, no todo es negativo y puede que nosotros también tengamos una lección que aprender. Que cuando todo era más difícil, complejo, pero también prohibido y morboso, era mucho más excitante. Y que puede seguir siéndolo. Salir de la cama de matrimonio, al menos de cuando en cuando, también importa. Se puede innovar en el ‘dónde’ dentro de casa, o también salir de ella. Recordar lo que disfrutamos de aquella noche en la playa, en la tienda de campaña, de ese escarceo en un baño público y, sobre todo, de esas largas e inolvidables noches en nuestro viejo coche.


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