Volver con el ex es como comer recalentado


Por: | 30 de mayo de 2014
 
Podría haber puesto la sentencia del título entre signos de interrogación pero, no sé, algo de verdad hay en ella como para dejarla así de taxativa... y luego abrir el debate, claro.
¿Volver con el/la ex es como comer comida recalentada o precocinada? Sin muchas vueltas, esto es lo que le espeta Xavier (Romain Duris), el protagonista de Nueva vida en Nueva York, a Martine (Audrey Tautou), apenas acaban de hacer el amor, muchos años después de su ruptura y cuando la relación ya parecía definitivamente reciclada hacia la amistad sin roce.

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Ya sabemos las mujeres que el sexo (especialmente con penetración) activa en nosotras un mecanismo de apego que está exactamente en las antípodas de las ganas de huir del macho tras la eyaculación. Así es que si flirteamos con un ex y si, además, dormimos otra noche con él, es muy probable que volvamos sobre la idea de la pareja, en ese mismo instante, tal como le sucedía a Martine en la película. Porque ser buenos amigos parece alcanzar en ese preciso momento...

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En mi caso, efectivamente, las fugaces intentonas nostálgicas por convertir un recuerdo en amor presente han resultado bastante decepcionantes. La Historia no suele absolvernos (¿recuerdan el alegato de Fidel Castro?), al menos no al punto de que la ilusión nos devuelva el brillo (y la fe) de aquella vez.
El beso verdadero no es el que nos hizo deleitarnos a solas, recordándolo; no nos provoca la misma cosquillita; no podemos eludir los flecos que ahora le aparecen al galán reciclado ni volver a creer que ese pretendido primer desnudarnos y tocarnos transcurre en versión original. Intentamos recuperar sensaciones, porque hay complicidad y ternura, pero pronto nos damos cuenta de que el momento presente no nos estimula y solo estamos esforzándonos para que Eros resucite con el combustible de la memoria.
Y las fantasías que nos alimentaron tantas noches después de cortar o dejar de vernos antes de tiempo se desvanecen y hasta el orgasmo se pone cuesta arriba. 
Yo creo que en esos raptos de nostalgia por el/la ex que nos dan -y en esto caemos tanto hombres como mujeres-, hay al menos dos (o tres) de estos atenuantes:
  • una pequeña gran dosis de comodidad (¿para qué seguir trabajando la seducción con desconocido/as si con este/a podemos volver al sofá y las chanclas?);
  • un tiempo sostenido de estar solos/as y de asistencia perfecta a las poco excitantes reuniones de amigos emparejados que hablan de "la obra" y los albañiles que tienen en casa o de las actividades extraescolares de sus hijos;
  • una cierta tranquilidad por la confianza que hay en la cama, esto de "sabemos lo que a cada uno le pone";
  • un largo periodo de miles de aventurillas que ya no nos causan tanta gracia como al principio de la soltería; 
  • ilusión romántica algo desteñida (o excesivamente realista) por variadas causas: entre ellas, la experiencia neurótica propia y ajena, mucho leer sobre ciencia y hormonas y animales en celo, o mucho leer filosofía y buena literatura (y no best-sellers de sadomaso y cupcakes), por mucho ver buen cine sobre las delicias de la vida conyugal, etcétera;
  • cariño, sí, por supuesto;
  • melancolía, también, por lo que pudimos ser y no conseguimos, y la resultante loca idea de emparchar aquello o de retomar un camino trunco (como si no fueran a aparecer las facturas impagas de debajo de la alfombra);
Solo a veces, muy a veces (y digan lo que digan las comedias románticas made in USA), hay en estas repescas verdadera llama fundante y fundente de amor.
La pasión resulta apenas un recuerdo cómplice (ya lo hemos dicho, ¿no?).



Tráiler de 'Nueva vida en nueva York' de Cédric Klapisch (la tercera parte de la trilogía que integran 'L'auberge espagnole' y 'Las muñecas rusas').

Como mujer, he estado del lado de desalentar al ex que espera una nueva ronda clasificatoria aunque a ti no te apetezca (y, por tanto, te aguantas sus mudos rencorcillos cada vez que te lo cruzas) y también he estado del otro lado, del de 'la nueva' a la que anuncian: "me he reencontrado con mi ex y creo que lo vamos a reintentar" (y se queda con cara de boba esperanzada).
Entonces, mirándolos de nuevo un poquito, intuyo que las razones de ellos para volver con sus exes son diferentes a las nuestras y, en eso, leo algo que me deja bastante convencida: ¿Será verdad que las mujeres somos territorio para los hombres y por eso nunca se les quita esa iracundia cuando los hemos 'desalojado' del terreno?

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"Al igual que el amor tiene sus raíces evolutivas neuronales en el circuito de vinculación madre-hijo en las mujeres, Larry está convencido de que, para los varones, las mujeres son territorio", escribe Brian Alexander refiriéndose a la opinión del experto en Neurociencia Larry Young, en Química entre nosotros.
Lo que argumentan estos científicos es que el vínculo que el hombre establece con la mujer "afecta a unos sistemas neuronales que originalmente evolucionaron para regular el comportamiento territorial". No sugieren que ese sea el único componente del vínculo, "pero el instinto territorial desempeña un papel importante".

Dibujo   Esto es especulación científica sobre la base de años de experimentación indagando en las circunstancias hormonales que moldean nuestro cerebro amoroso: "para los varones, el sexo, el amor y la agresividad están inextricablemente mezclados en el cerebro. Tiene sentido, a la luz de la teoría de Larry, según la cual el papel de la vasopresina en las conductas territoriales y de apareamiento se ha adaptado en el ser humano, de forma que las mujeres se convierten en una extensión del territorio en el cerebro masculino", escriben los divulgadores. 
Por supuesto, nada de lo dicho o escrito debería desanimar a nadie a procurar avivar algún fueguito lejano, porque seguro que hay honrosísimas excepciones: en mi caso, la excepción es un ex con el que la llama sagrada no se extingue. Gracias al incombustible Eros que nos protege, siempre es la primera vez.








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Gemidos propios y ajenos


Por: | 29 de mayo de 2014
 
Muchas veces me comentáis que no cuento nada personal, aunque en realidad casi todo lo que escribo, de una forma u otra lo es. Pues bien, hoy he decidido hacer una excepción y haceros una confesión. En el sexo soy un poco gritona. Bueno, un poco bastante, para qué nos vamos a engañar. No sé si es un defecto o una virtud, pero lo soy. El caso es que el otro día, leyendo por aquí a Venus comentar que ella gritaba más de la cuenta en los hoteles, me dio por pensar en la de veces que nos hemos echado unas risas entre amigas comentando el tema de los gemidos, de los propios y de los ajenos.

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Ya se han cumplido 25 años desde que Harry encontró a Sally, y todos disfrutamos del famoso orgasmo de Meg Ryan

Si hay algo en lo que las chicas solemos estar de acuerdo es que, cuando no se gime, no es lo mismo. Es evidente que no siempre puede "hacerse ruido", ya que a veces la situación requiere de cierta discreción y, de hecho, el hacerlo en silencio también tiene su parte de morbo. Pero, seamos claras: cuando una se siente libre de dejar salir todo lo que lleva dentro durante un buen orgasmo, la experiencia es, si cabe, más intensa. Es como sazonar un plato que ya de por sí nos gusta, y darle un sabor más especial.
Aunque gemir no solo nos ayuda a liberarnos, también nos sirve para marcarnos el camino. Es mucho más sencillo aumentar la intensidad del gemido o disminuirla para indicar si nuestro amante acierta o va desencaminado que romper la magia del momento con un "eso sí", "por ahí no". Igualmente, si lo que buscamos es inspiración, o aumentar la excitación, no hay nada que enloquezca tanto como oír a nuestro compañero o compañera de cama gemir a rabiar. A mí, desde luego, me sube el ego, y me anima a echar más leña al fuego, y no creo ser la única. Quizás por eso a algunas -y a algunos- les dé por sobreactuar, y aunque quizás no finjan del todo, sí fuercen un poco más de la cuenta, aunque su intención no sea otra que la de excitar.



Sobre eso, los gemidos ajenos, ya hay mucho más que hablar. Quizás todo depende de lo ajeno que sea el gemido. Claro está que no es lo mismo la motivación que te supone escuchar escaparse el placer en la boca de tu pareja, que en la de tus vecinos. Bueno, puede que también dependa de quiénes sean los vecinos.
Supongo que tampoco es lo mismo escuchar a los que podrían ser tus padres mientras intentas estudiar, que a una pareja sexy mientras estás sola en casa, y optar por dejarte llevar e imaginar qué pasaría si te dejaran participar.
Lo cierto es que hoy los gemidos dan hasta para hacer arte. Primero empezamos con algunos videos, como aquellas mujeres que leían mientras eran estimuladas por debajo de la mesa hasta llegar al orgasmo. Se trataba del proyecto Hysterical Literature de Clayton James Cubitt, del que ya nos habló aquí Joan G. Pero ya se sabe, con esto de renovarse o morir, en la red han surgido nuevas iniciativas para jugar con los gemidos. La última la de grupo holandés ADAM, que ha grabado a algunas de sus componentes (rubia, morena y pelirroja) cantando su tema Go to go, al ritmo de las vibraciones de un dildo (que no podemos ver). Así, mientras aumenta el ritmo de la canción, aumenta la intensidad de su placer. Por supuesto, ya han surgido parodias al respecto.



Los gemidos han demostrado tener múltiples y variados usos. Y es que si han sido motivo de denuncia, por algún que otro vecino demasiado escandaloso, también han sido utilizados como modo de denuncia. Gemir para criticar. Eso es lo que ocurrió hace ya algunos años durante una de las subastas de Sotheby’s. Mientras se subastaban por precios extratosféricos algunas obras de arte, un grupo de manifestantes, al más puro estilo FEMEN, pero con más ropa, irrumpieron la sala para dejar que los allí presentes se impregnaran de sus gemidos, que utilizaron como método de protesta por aquella "orgía de riqueza".



Lo cierto es que si siempre tenemos ese debate sobre si los hombres son más o menos visuales que las mujeres, está claro que en lo referente al sentido del oído, todos somos igual de sensibles, y es que un gemido, sea para bien o para mal, sigue consiguiendo captar toda nuestra atención. Por eso, antiguos amantes, vecinos, amigos, lo siento, mi intención nunca fue molestar, simplemente es que a veces hay cosas que no sé como callar.



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Ellas hablan, escriben y sueñan con sexo


Por: | 26 de mayo de 2014
 
El sexo siempre había sido una cuestión de hombres. Hasta ahora. Vivimos un momento en el que lo femenino parece estar en auge, hay más mujeres en la universidad, en el arte, en la política, y desde luego, también en el mundo del sexo. Ya no son sujetos pasivos, y es que además de tomar las riendas de su sexualidad, ahora son ellas las que hablan, escriben y casi incluso sueñan con sexo.
Alguna vez nos preguntáamos, en este mismo espacio, por qué somos mayoritariamente nosotras las que hoy escribimos sobre sexo: ¿será porque no cargamos con el mandato social de ser expertas?

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Y hemos hablado del boom de la literatura erótica, o incluso del interés desde el punto de vista de ciencia por la sexualidad femenina, como muchas veces ilustra Pere Estupinyá, desde 'Apuntes científicos desde el MIT'. Pero en esta ocasión queríamos acercarnos a los pensamientos, deseos y secretos de algunas de las mujeres que, como las autoras de este blog, dedican su vida y su profesión a que todo el mundo pueda conocer algo más sobre esa palabra de cuatro letras, que aún causa tanto revuelo.
Valérie Tasso es una de las pioneras, y es que tras su libro Diario de una ninfómana no ha parado de publicar. No solo por ella, sino también por sus lectores, que le piden que "siga dando guerra". También porque intenta ver en el sexo algo más, algo incluso divertido. Así lo hace en su último libro, El método Valérie (Plaza&Janés) que, según su autora, "es un intento de aunar el humor con el sexo, porque como decía aquel escritor: ‘el humor es la distancia más corta entre dos personas’. Si alguien tiene ganas de reírse un poco de sí mismo y de los demás, este es su libro". Valérie es la primera en reconocer que, actualmente los temas relacionados con el sexo son, en general, más tratados por mujeres, y su explicación es pura lógica. "Quizá se debe a que, durante siglos, no nos han visto como ‘seres sexuados’, nuestro deseo siempre ha sido una gran incógnita (y lo sigue siendo), y la sexualidad siempre ha sido explicada desde un punto de vista masculino”.
Está de acuerdo con ella otra de las figuras que ahora mismo causa furor en medios y redes sociales, Roser Amills: "Nuestra sexualidad es menos evidente, genitalmente, por ejemplo, y por eso necesitamos más información especializada, ya que no basta con la simple observación". Roser, que se atreve incluso a enseñar el trasero en los baños públicos en una reivindicación de "ser como somos", explica que el reto de ser mujer y escribir sobre sexo pasa por "hacer oídos sordos a esos mensajes negativos que indican lo que una mujer debe hacer, y hacer todo lo contrario”, es decir, “expresarnos con ganas, aunque nos digan que no estamos siguiendo el llamado buen camino”. Si bien, la autora de más de 15 libros, reconoce que "nos falta ser un poquito más valientes y atrevidas, todo se andará". Ella, al menos, lo está intentando, y ejemplo de ello es su libro Me gusta el sexo (Paidós), que Roser Amills define como "el más sinceramente sexual de todos los que he escrito. Es un ensayo autobiográfico en el que desgrano cuanto he aprendido sobre sexo a lo largo de mi vida".

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Valérie Tasso, Núria Jorba y Roser Amills. 

La que se ha atrevido a darle un toque 'gourmet' al sexo, para sibaritas en el arte sexual, es Núria Jorba, quien opina que las mujeres "somos, por regla general, mucho más imaginativas, sensibles, emocionales y le damos un peso muy importante a los matices, por eso nos sale de forma natural hablar de sexualidad". Aunque, desde su perspectiva como sexóloga, el reto de ser mujer y escribir sobre sexo radica en "lidiar con la posible etiqueta que puedas obtener de tu entorno, que no se llegue a mezclar la parte personal con la profesional".
Núria es, además, una de las mayores expertas en coaching sexual en España, materia en la que, por cierto, también están interesadas principalmente mujeres, "aunque sí que me doy cuenta que poco a poco está aumentando el interés masculino por querer salir de la rutina". En su libro, Sexo Gourmet (Random House Mondadori), su objetivo no es otro que el de "intentar que mis lectores disfruten del sexo de la misma manera que lo hacen con un buen menú gastronómico", y es que "a partir de los libros de sexualidad se llegue a una aceptación mucho más liberal de los gustos y preferencias de cada uno, se consigue que uno mismo busque cuáles son las cosas que le gustan a través de la experimentación, no limitarnos y, sobre todo, aprender a querer".

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Las portadas de los últimos libros relacionados con el sexo que han publicado estas tres autoras

Por su parte, Válerie Tasso también cursó un máster de Sexología en INCISEX y, desde entonces, tiene su propio mensaje, el que no se cansa de repetir: "El sexo es un valor, no un problema; sin embargo, se sigue tratando como tal". Se une al mismo Roser Amills que, sin pelos en la lengua, apunta que "hay que reivindicar que se hable mucho más de sexo en las familias, en las camas y en la tele. Pero hablarlo de veras, con lo que es y no con el circo estilizado de la ropa interior falsa".
En definitiva, todas ellas son ejemplo de un cambio, de un avance, de un paso hacia delante, en el que seguramente esperan que las acompañen sus iguales, los hombres. Porque ellos todavía tienen que contarnos mucho acerca de su sexualidad.

¿Quién más habla, escribe y sueña con sexo?



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Erótica electoral


Por: | 22 de mayo de 2014
 
Andar por lo no transitado es el único camino al erotismo. Lo dicen los terapeutas sexuales, pero también los filósofos, los que intentan entender la política más allá del instante electoral. La filosofía es la traducción de Eros a Logos, apunta nuestro pensador contemporáneo de cabecera, el coreano-alemán Byung-Chul Han. Algo así como impregnar de amor la razón, ¿no?
Dicen que Sócrates era convincente porque sus palabras tenían la fuerza erótica de la seducción. Filosofía erótica, sí.
La política actual, en cambio, no suele traducir más que mezquindad encorbatada o caverna. Eso, hasta que aparece un uruguayo en alpargatas al que en su pueblo llaman filósofo y todos se piden uno así para presidente de su propio país. José Mujica, el estadista en boga, es capaz de ir más allá del oportunismo electoral y decir cosas que se parecen a la verdad y en la verdad está el amor, claro.

En la vieja Europa, erótica electoral parece que hay poca. Y fantasía, ninguna, si uno piensa en las máscaras institucionales europeas (despojadas de la sugerencia del antifaz de nuestra infartante Venus), sobre una escenografía de Bruselas o Estrasburgo que ya no tapa el agujero negro del escenario del poder verdadero.
Cama y desacuerdo político, hmmm, eso sí suele haber.

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'Viva la libertá' o cuando el político se despeina. 

Por cierto, a propósito del estreno de la película Viva la libertá, que bien podría transcurrir en París, La Haya o Madrid y que habla justamente de lo ligada que está esta política de oficina a la falta de libido y de atrevimiento vital, a ver quién osa hoy reírse de los italianos y sus políticos.
Dicho esto, y a cuatro días de las elecciones menos ilusionantes de los últimos años, ¿alguien se siente atraído por algo que diga en los carteles o por alguien que semi-sonría para la foto en los carteles? ¿O vamos a ir a votar con una pinza en la nariz, rapidito y solo porque muchos sabemos lo que es una dictadura y todavía nos impulsa esa nostalgia de alguna democracia?
"La acción política como un deseo común de otra forma de vida, de otro mundo más justo, está en correlación con el Eros en un nivel profundo –sugiere Han–. La política actual, que además de carecer de valentía se desarrolla por completo sin Eros, se atrofia para convertirse en un mero trabajo. El neoliberalismo lleva a cabo una despolitización de la sociedad y en ello desempeña una función importante la sustitución del Eros por sexualidad y pornografía".

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Tom Servillo y Valeria Bruni Tedeschi, y algo que todavía ha quedado flotando de aquel amor, en 'Viva la libertá'.

A años luz de Sócrates están nuestros candidatos de este domingo (para reírse un rato en lugar de llorar, recomiendo escuchar el Todo por la radio dedicado a las elecciones europeas). Si Eros es la condición del pensamiento, la pornografía es la falta de tacto, viene a decirnos Han, sobre estos tiempos en que la razón está debilitada porque le falta el amor: "El Logos carece de vigor sin el poder del Eros".
Oportunísimo, entonces, el estreno de Viva la libertá, la película del italiano Roberto Andó, con el actor del momento Toni Servillo y con Valeria Bruni Tedeschi (no confundir con Carla, su hermana, y ex primera dama de la República Francesa), que narra con buen sentido del humor un rato de miseria política italiana y sugiere una posibilidad de resurrección, a través de la locura, o de la verdad de la locura. Y allí queda claro también que lo que hace resucitar la pasión política también activa la libido (la consiguiente creatividad), la espontaneidad y la posibilidad de amar. O, de otro modo: el único que puede representar a su pueblo con sinceridad es quien se atreve a la vida, a los afectos y, por supuesto, a tener un cuerpo, a sentirlo y a usarlo.


Tráiler de ‘Viva la libertá’ de Roberto Andó, con Toni Servillo.

Hay en esta película una escena en que una niñita con mucho desparpajo le cuenta al político narcisista, acabado y deprimido, que ha visto El último tango en París de Bertolucci, aunque agrega que seguro que a él eso del sexo no le va nada.

Lo mismo pensaba el otro día, mientras -desde el autobús por La Castellana de Madrid- observaba los gestos de los carteles y el primer plano tan de mentira de los candidatos a representarme. Pensaba: "este señor, de sensaciones de vida verdadera, poco". Y es que hasta en la mueca de escayola se les ve el cálculo.

"El Eros que, según Platón, dirige el alma, tiene poder sobre todas sus partes: deseo (epithymia), valentía (thymos) y razón (logos). Cada parte del alma tiene su propia experiencia del placer e interpreta lo bello de forma propia en cada caso. Hoy (…) las acciones pocas veces están impulsadas por el valor (…) Sin Eros degenera también el logos (la razón), que se convierte en un cálculo dirigido por datos, sin capacidad de prever el acontecimiento, lo incalculable. El Eros no ha de confundirse con el deseo. Es superior no solo al deseo, sino también a la valentía. Lo incita a producir bellas acciones. El thymos es el lugar donde puede existir contacto entre el Eros y la política", escribe Han.

Solo Eros escapa al cálculo. Por eso, muy de vez en cuando, las mujeres, como si hubiéramos dado con una fórmula matemática imposible, cuando nos enamoramos y nos sentimos correspondidas exclamamos: "el amor existe" (y sabemos que eso amplía significados y nos saca de la especulación prosaica). Y por eso algunos hombres, como André Breton, son capaces de reconocer que "el único arte digno del hombre y del espacio, el único capaz de conducirlo más allá de las estrellas (…) es el erotismo".



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La máscara de Venus


Por: | 20 de mayo de 2014
 
Recuerdo cuando descubrí el placer y el poder del sexo con mi primer novio. Estaba locamente enamorada, multiorgásmica y me moría de ganas de contarlo todo a mis amigas, principalmente porque explicarlo era como vivirlo de nuevo. Sin embargo, encontré que mis amigas no tenían la misma fascinación con el sexo que tenía yo, y parecía como si les hablara en otro idioma cuando les explicaba mis aventuras. Me preguntaba si era la única que lo disfrutaba tanto o si era la única a la que no le daba cosa hablarlo... Por algún motivo, desde siempre yo necesitaba hablar, leer y escribir sobre el sexo.

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Portada del libro La máscara de Venus de Venus O'Hara (Ed. Planeta).
Para leer sobre el tema, al principio recurrí a revistas femeninas. Quería informarme lo máximo que pudiera. En particular, a la revista More!, una publicación quincenal que causó mucha polémica en el Reino Unido, en esa época, por su alto contenido sexual, y esto a mí me motivó más para comprarla.
Gracias a More!, aprendí todo lo que necesitaba saber sobre el sexo, las cosas que estaban prohibidas en mi educación sexual oficial en un instituto católico, así como acerca de los anticonceptivos, la masturbación y el orgasmo, los preliminares y, algo destacado, la "postura de la quincena", que era la sección más conocida de la revista.

Fue durante esa época que empecé a escribir un diario que sirvió como una manera de desahogarme, ya que escribí sobre mis aventuras, mis deseos, mis emociones y, básicamente, cualquier cosa que me viniera a la mente, pero jamás fue mi intención compartir estos escritos. De hecho, tenía tanto miedo de que alguien los leyera que escribí en una mezcla de inglés y francés, además de inventar mi propia taquigrafía, para que el texto resultara incomprensible.

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Foto: Venus O'Hara Zapatos por Ainsley-T

Volviendo a la lectura, con el tiempo y la experiencia, me interesaba más leer una narrativa erótica, que los artículos sobre técnicas sexuales (aunque siempre hay cosas nuevas para aprender). Entonces dejé de comprar revistas y las reemplacé por la literatura erótica. Unos libros que me marcaron cuando estaba descubriendo mi sexualidad fueron Fanny Hill, El amante de Lady Chatterley y sobre todo La Venus de las pieles,porque descubrí algo nuevo: a pesar de ser una obra cargada de erotismo, curiosamente no había ni sexo ni orgasmos. Esto me resultó tan intrigante que deseé descubrir más sobre esta manera de vivir el sexo.

A pesar de mi amor por la ficción erótica, y por La Venus de la pieles, en particular, mi género preferido siempre ha sido el de las memorias eróticas: me encanta leer textos primer persona, me siento más cerca del protagonista y, sobre todo, me fascina leer sobre situaciones vividas, y sobre todo emociones y sensaciones reales y no imaginadas, por eso considero que la realidad supera a la ficción. Algunos que he disfrutado mucho son: The Intimate Adventures of a London Call Girl de Belle de Jour, Cien cepilladas antes de dormir de Melissa P, Diario de una ninfómana de Valérie Tasso, La vida sexual de Catherine M, Soy un sueño de Dómina Zara y Diario de una sumisa de Sophie Morgan.

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Foto: Venus O'Hara

En la historia de las memorias eróticas, a menudo se considera un acto escandaloso revelar las cosas íntimas con el mundo. Incluso muchos de sus propios autores lo hacen en secreto, para después desvincularse de su libro... es decir, revelarse y luego esconderse. Pero yo creo que hay cosas mucho mas escandalosas que escribir unas memorias eróticas, desde luego. Solo hace falta ir a la portada para ver que no faltan noticias de cosas terribles que están pasando en el mundo. Además, como vegetariana, debo decir que personalmente me resulta mucho más chocante que la gente coma carne.

Cuantas más memorias eróticas leí y más experiencias eróticas tuve, más inspirada me sentí y más quise compartir mis propias memorias eróticas. Tengo la sensación inexplicable de que era algo que tenía que hacer. No sé por qué. Entonces, volví a leer mis diarios, escuché música del pasado, y me puse a recordar, revivir y narrar, y el resultado es La máscara de Venus (Ed. Planeta).

No pretendo cambiar el mundo con mi libro, pero si algunos lo pasan bien leyéndolo, me haría mucha ilusión.



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De muñecas rotas a mujeres resistentes


Por: | 15 de mayo de 2014
 
Parece que no acaban de acabar los tiempos de las 'muñecas rotas'. Creíamos que habría herencias que a esta altura dejaríamos de recibir de nuestras madres o de nuestras abuelas, pero en uno u otro rincón del mundo, en alguna habitación del edificio o en alguna esquina de la propia vida, volvemos a convertirnos en depositarias de la ancestral herida femenina.

"Estoy en el centro                                                        "I stand in the ring
de una ciudad muerta                                                    in the dead city
y me anudo las zapatillas rojas...                                  and tie on the red shoes....
No son mías.                                                                    They are not mine.
Son de mi madre.                                                             They are my mother's.
Y de su madre.                                                                 Her mother's before.
Transmitidas como una herencia,                                 Handed down like an heirloom
pero escondidas como cartas vergonzosas.                but hidden like shameful letters.
La casa y la calle que les corresponden                       The house and the street where they belong
están escondidas y todas las mujeres también            are hidden and all the women, too,
están escondidas..."                                                     are hidden...."

 Anne Sexton, Las zapatillas rojas/ The red shoes

Con la poesía de Anne Sexton abría la semana pasada la muestra 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia (Dones: territoris artístics de resistència)', en el Centro Cultural La Nau de la Universidad de Valencia. En el marco de esta exposición, que estará abierta al público hasta el 7 de septiembre, la artista Diana Coca exhibe su serie 'La ciudad de las muñecas rotas' ('The city of the broken dolls'), un proyecto inspirado en las mujeres de la China contemporánea.

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Obra de Diana Coca que integra la muestra 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia'. Abierta al público en La Nau de la Universidad de Valencia, hasta el 7 de septiembre.

La exposición, comisariada por Irene Ballester, está integrada por una selección de obras de mujeres artistas que eligen mostrarse como "sujetos de poder" y hacer presente lo invisible. Para ello destierran -dicen ellas- "la estética normativa, contenedora del deseo sexual y paradigma de la estética Occidental", y dan voz a lo que desde aquí no se ve, ni se oye.
Diana Coca presenta 'La Ciudad de las Muñecas Rotas', un proyecto con el que propone a las mujeres chinas que se levanten a desafiar los mandatos familiares y culturales que, como losas, las aplastan desde hace demasiado tiempo ya. "Ni en el ámbito artístico local chino existen espacios para mostrar, reflexionar y criticar el silencio dominante. Pekín es la ciudad de las muñecas rotas. Me interesa el cuerpo profanado, con residuos de violencia, restos de heridas, vestigios de dramas emocionales y, en general, situaciones de insatisfacción respecto al modelo establecido, que a veces desemboca en lo obsceno y lo impúdico", explica Coca.
Para abonar este diálogo a miles de kilómetros de distancia, Coca nos comenta que "hasta hace poco, se daban masivamente en adopción a los bebés de sexo femenino y el aborto estaba muy extendido, sobre todo en las mujeres que sabían que iban a parir a una niña. La política del hijo único tiene consecuencia devastadoras y, por otro lado, las chicas que están en la treintena tienen tanta presión para casarse y tener un hijo (porque, si no, nadie cuidará a los abuelos)... Por supuesto, la única que cuida de los mayores es la hija o la esposa".
"Las mujeres en China realizan una impecable performance de dulzura y sumisión -continúa la artista plástica- para no ser rechazadas. Creo que sería reparador para ellas que sacaran el espíritu salvaje que llevan dentro. Tras esa apariencia delicada, son mujeres bravas pero que ocultan y reprimen esas cualidades. Tienen que casarse prontísimo para que no las acosen llamándolas 'solteronas', como en España antiguamente, pasan a depender económicamente de ellos y su rol en la casa es el más tradicional. Ya sabemos que la independencia económica da libertad en todos los sentidos, incluyendo la sexual".
Con todos estos corsets puestos en el cuerpo y  en el alma milenaria, la sexualidad es, según Coca, "aburrida, poco trabajada, poco hablada, poco examinada, poco disfrutada, poco gozada...". Nos cuenta esta performer que pasa buena parte de su vida en el Lejano Oriente que "la pornografía estaba prohibida hasta hace muy poco tiempo y el único acceso que se tenía a las imágenes de cuerpos desnudos eran unas revistas con imágenes light que los profesores de universidad utilizaban para dar clases de bellas artes. En el espacio público, la sexualidad es un tema inexistente. Lo más cercano sería la iconografía del mundo de la moda... Pekín me parece una ciudad muy poco sexual. Sin embargo, creo que la nueva generación de chinos, los que ahora transitan la veintena, se rebelarán y cambiarán todo esto. Ellos y ellas".

THE CITY OF THE BROKEN DOLLS II
De la serie 'La ciudad de las muñecas rotas' de Diana Coca.

¿Cómo podrían 'las muñecas rotas' sanar esa sexualidad hecha de parches sobre más parches y viejas lastimaduras?, le preguntamos. "Les iría muy bien ser más ellas mismas, indagar en lo que les pide su interior y lo que dice su intuición, para poder ser y existir con plenitud. Ahora mismo, si te alejas del modelo establecido por la dictadura, eres un marginado, un ser fronterizo... También les iría genial hacer piña con otras mujeres, y mirarse con empatía y espíritu de colaboración, en vez de mirarse con recelo. Se han creído la estupidez de que compiten entre ellas, cuando en realidad una solo compite consigo misma".
Escribe Coca: "Hay algo en la ardiente y destructiva esencia que combina la vehemencia con la sabiduría en la mujer que ha bailado la danza maldita, que se ha perdido a sí misma y ha perdido la vida creativa, que se ha precipitado al infierno y que, sin embargo, se ha mantenido aferrada en cierto modo a una palabra, un pensamiento, una idea hasta que, a través de una rendija, pudo escapar a tiempo de su demonio y vivir para contarlo".
Por último, otra recomendación sobre mujeres resistentes: en este caso, dibujadas por hombres que ponen en duda la utilidad de las viejas costumbres masculinas, en paso de comedia teatral y con título de aires paradójicos, entre la sensualidad y el pecado. Ben Zahra, un actor marroquí aficado en España desde hace dos décadas, ha escrito y lleva a escena una obra de microteatro llamada 'Carne halal', en el Foro de Creadores de Madrid. Con buen sentido humor y apuntes verosímiles sobre el cruce de culturas y el cruce de deseos, dos chicos de estos tiempos y este lugar llamado Occidente discuten sobre la poligamia. Lo que al menos uno de ellos no tiene muy en cuenta es que las que deciden son ellas. Las que decidimos somos nosotras.


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Dejarlo o no dejarlo, he ahí la cuestión


Por: | 13 de mayo de 2014
 
Vivimos en una sociedad consumista donde las cosas, cuando no funcionan, se tiran a la basura. Puede que con esto de la crisis vayamos más al zapatero a hacer un apaño, pero hay algo que nos sigue costando intentar arreglar: nuestra pareja. Hemos aprendido que la vida es corta, que hay que pensar en uno mismo, que hay muchos peces en el mar y que a veces es más fácil pasar página que enredarse en una misma línea. Pero también, y sin darnos cuenta, hemos empezado a creer que el amor puede ser un producto de usar y tirar.

A la basura

El problema, una vez más, pasa por qué entendemos por amor. Muchos lo confunden con la palabra 'enamoramiento'. Es decir, con esos suspiros tontos, las mariposas en el estómago, el ir cantando canciones tontas por la calle (estando contigo, contigo, contigo, de pronto me siento feliz) y contar los segundos de las horas que faltan para ver otra vez a esa persona. Pensémoslo: si viviésemos en esa etapa para siempre, seríamos seres incapaces de centrarnos en cualquier otra cosa, y simplemente no sobreviviríamos.
El amor no es enamorarse. Es lo que queda cuando conoces realmente a la otra persona, y decides convertirlo, por y pese a todo, en tu compañero de viaje. Claro que cuando uno viaja vive muchos y diversos momentos. Momentos de felicidad y de ilusión cuando se descubre algo nuevo o especial, de risas, de noches geniales, pero también de cansancio, de hastío y de agotamiento. Tener pareja es un largo viaje, y por ello, habrá momentos para todo.
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Una de las imágenes del trabajo de Murad Osmann, de las que ya nos habló aquí JoanG. 

No es de extrañar que si entendernos a nosotros mismos ya es difícil, entendernos con el otro lo sea mucho más. Sobre todo cuando el tiempo pasa, y hay más confianza. Porque eso que antes te parecía entrañable, ahora te saca de quicio, y lo que antes te callabas, ahora lo sueltas en cuanto puedes.
Cuando el tiempo de la seducción y el coqueteo ha pasado, y ya sabemos lo que es entrar uno después del otro al baño, la cosa cambia. Somos nosotros mismos, y lo somos para poder entregarnos en cuerpo y alma al otro, pero también para mostrar nuestros defectos, y atacar los suyos. Quizás es por eso que con la persona con la que más discutimos en este mundo (más que con nuestras madres, incluso) es con nuestra pareja.
Porque, lo siento mucho: las parejas discuten. Unas más, otras menos, cierto; pero discutir, discuten todas. No solo es normal sino necesario. Alivia tensiones, permite avanzar, aprender de los errores para mejorar, y a veces brinda grandes reconciliaciones. Es imposible que existan dos personas que coincidan en todas sus opiniones, que no tengan ningún roce de convivencia, o que alguna vez no metan la pata en algo. Y si las hay deben de ser de lo más aburridas y deben acabar discutiendo por puro hastío. La pregunta es, ¿y si discutimos demasiado, deberíamos dejarlo?

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Imagen vía 'Cuanta Razón' 

De hecho, y si lo pensáis, ese es el argumento que muchas parejas dan para finalizar su relación: “es que discutíamos mucho”. Es cierto que en ocasiones hay temas que son irreconciliables (por ejemplo si no se está de acuerdo en tener o no tener hijos), relaciones en las que nos damos cuenta de que somos del todo incompatibles, u ocasiones en las que nos hemos aportado ya todo lo que nos teníamos que aportar. Pero en muchas otras, incluso diría que una gran mayoría, el problema es que nos hemos vuelto cómodos. No nos gusta trabajar, ni luchar por conseguir las cosas, y nos rendimos fácilmente. Preferimos revivir la magia del principio con una nueva persona, sin tener en cuenta que, a la larga, los problemas siempre terminarán por aparecer de nuevo.
Tener pareja es de las cosas más bonitas del mundo, pero también es de las más difíciles. Si creemos que encontrar a nuestra media naranja es complicado, no sabemos que el verdadero reto será mantenerla a nuestro lado. Que siempre habrá malas rachas, o momentos en el que alguno de los dos, o los dos, quieran dejarlo todo, pero que a veces son solo eso: rachas, momentos.  Hay problemas que vas a tener siempre con cualquier pareja, pero hay relaciones que te aportan lo que puede que no te vuelva a dar otra.
Es complicado. A veces se entra en ese círculo complejo en el que vemos todo lo negativo y nos cuesta ver lo positivo. Pero si apostaste por esa persona es que lo positivo existe, y sería injusto decidir sobre una relación solo con algunos elementos sobre la balanza. A veces es necesario entender que una relación es una carrera de fondo, y no pasa nada por parar un momento, respirar, beber agua y coger fuerzas, para volver a lanzarse a correr de nuevo.


Si decidís daros un descanso, mejor dejar claro desde el principio si es un tiempo de reflexión o si estaréis abiertos a otras personas, para que luego no haya malentendidos, como esa eterna frase en 'Friends'.

Quizás entonces seamos capaces de verlo todo con más perspectiva, para valorar realmente lo que tenemos o no tenemos. Ya que en realidad nunca podremos tenerlo si no nos involucramos realmente. Cuando encontramos a una persona que de verdad merece la pena es de locos darse por vencidos a la primera.
Nadie sabe cuánto dura el amor, ni si esa pareja estará con nosotros toda la vida. Pero sí que hay personas por las que merece la pena hacer uno y mil remiendos antes de probar con una prenda nueva, que puede que nunca nos siente tan bien como aquella.


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Ludópatas del sexo


Por: | 10 de mayo de 2014
 
Por Guillermo Ortiz

Una vez escribí una novela sobre un montón de tíos que se tiraban a la misma chica sin darse cuenta de que era ella la que se los iba tirando a ellos. Nadie quiso publicarla. La novela contaba muchas más cosas, por supuesto: de entrada, era una novela sobre juegos y creo que en la introducción, que era muy breve, se decía algo así como "en este sitio lo importante no es saber con quién estás jugando sino contra quién".

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Del proyecto 'Medianoche' de @Rafael Arocha.

Una buena filosofía de vida.

La frase en cuestión ni siquiera era mía, sino de Hache. Yo a Hache le estuve robando frases durante un buen tiempo hasta que directamente le robé su cara para ponerla en la portada de un libro. Era una chica brillante y probablemente en su caso también todos creíamos que nos la habíamos tirado y era ella la que, mantis religiosa, nos había ido follando uno por uno, abusando de su estética 'Miss Carrusel'.
En cualquier caso, la chica de mi novela no era Hache y las dos frecuentaban bares distintos. Podría decir que hubo un tiempo en mi vida en el que los bares lo fueron todo para mí pero eso sería una exageración tremenda: hubo unos cuantos meses en los que un bar en concreto ocupó demasiadas noches y creo que con eso ya es suficiente. Un bar con encanto, bullicioso, en el que, efectivamente, todo el mundo jugaba y las balas te pasaban silbando junto al oído, sin saber quién demonios había disparado o qué pretendía al hacerlo, si herirte o avisarte...
Era divertido, sí, aquel juego era divertido pero muy probablemente no habría sido tan divertido sin el sexo de madrugada. El sexo entendido como ficha de parchís que llega a la última casilla, peón que se convierte en dama. El sexo como premio, si se quiere, fin y no medio. El sexo de las cuentas por mes, cuántos, cuántas y de qué manera. Sexo de gallitos pero sobre todo de gallitas. Un psicólogo me dijo una vez que mi sexualidad era muy femenina y yo le di la razón sin saber a qué demonios se refería.

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No sé lo que quieren los demás hombres pero sé lo que quieren algunas mujeres. Jugar y follar está en su lista. No sé si buscamos príncipes y princesas o si buscamos a alguien que nos permita huir de la idea de príncipes y princesas. El sexo como huida, entonces. Eso tiene sentido. Perderte en el sexo. Follar para contarla, que diría el Nobel. Por las noches, cuando esperábamos el autobús, yo le decía: "Vamos a liarnos, total, así al menos tendremos algo que escribir mañana".
Y ella decía que no, claro. O decía que sí. El juego es aburrido cuando las reglas son siempre las mismas y a la vez el juego sin reglas se convierte en cualquier otra cosa: una carrera de ratas enjauladas. De aquella época recuerdo lo que nos cundía un polvo. A todos. A ella también, por supuesto. Parecíamos una canción de Pereza. A veces jugabas tan bien que ni siquiera querías ganar, que te parecía una horterada, una falta de elegancia. Estética ante todo. Si uno no se permite algo de estética en un bar, ya me diréis dónde.

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Lo importante era no juzgarnos. En cuanto nos juzgábamos —a nosotros mismos, a los otros...— la cosa se iba a pique inmediatamente. El amor y el arrepentimiento. Sacar el tablero equivocado. El sexo en mi vida, desde los tiempos de aquel documental de Chus Gutiérrez, tiempos de adolescencia grunge persiguiendo a la 'Chica Langosta' por el barrio de Malasaña, ha sido sobre todo algo que se cuenta o, más bien, algo que los demás cuentan y yo escribo. Una vez dije aquello de "follar no es tan distinto de tomar un café" y la ciudad se llenó de Starbucks.
La chica de la novela al final se volvía a Barcelona porque quería cerrar un círculo. Huir de la huida. Si allí siguió jugando a los espejos, lo desconozco, nunca he pensado en ello. Supongo que sí porque en el fondo era tan ludópata como cualquier postadolescente que se precie. La adrenalina de la noche perdida. Por supuesto, hay algo mágico en el orgasmo pero qué triste el orgasmo sin narrativa, ¿no creéis? Un orgasmo fugaz, de tercera, que se acabe en sí mismo sin alguien que nueve años después lo recuerde en el blog de un periódico de tirada nacional.


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Vida y muerte en el crudo erotismo con un desconocido


Por: | 07 de mayo de 2014
 
Podría decir que me lo contó una amiga, pero no. Me pasó a mí, una vez, una noche lejos, en un país otro, y sola. A las pocas horas de llegar a aquella ciudad de la que ignoraba casi todo, entré a un bar y un chico perturbadoramente sexy me miró fuerte y sostuvo la mirada. Yo seguí el juego y aposté doble: me cambié de sitio y me ubiqué a su lado. Así, nos saludamos, y él aprovechó los rudimentos de su castellano. Se ganó mi confianza sin mucho esfuerzo (porque su mero existir me erizaba la piel), entonces salimos a la calle en cuestión de media hora. Entre dos coches, me besó y diría que me desarmó, pero no es verdad: ya estaba desarmada.  Pasamos como de trámite por otros dos bares, otras dos cervezas bebidas a medias, y ya.

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La fotografía forma parte del proyecto 'Medianoche', de Rafael Arocha, en el que explora cómo el instinto y el deseo condicionan nuestros comportamientos y cómo se manifiestan nuestras fantasías de seducción durante la vida nocturna.

Por supuesto, es imposible que a solas con un desconocido, en un lugar desconocido, uno no cavile. Claro que dudé, pero mis ganas de estar con él eran infinitamente más fuertes que el miedo, así que al cabo de un par de titubeos, bromeé para mis adentros: "si me descuartiza, solo yo sabré que ha valido la pena" (¿hay que advertir que no había indicio alguno de violencia en aquel buen hombre?).
"El impulso vital, incrementado y afirmado hasta el máximo, se acerca al impulso de muerte. El Eros es el medio de incrementar la vida hasta la muerte", sostiene el filósofo Byung-Chul Han. Y describe el estado de cosas en la sociedad neoliberal, que demoniza todo rasgo de negatividad: "El amor se positiviza dejando de lado todas sus consecuencias negativas y limitándolo a sus aspectos agradables, domesticado para convertirlo en una fórmula de consumo, como un producto sin riesgo ni atrevimiento, sin exceso ni locura".
Eso, sin contar con que a las mujeres nos han enseñado a temer y a sospechar, y debemos cumplir con el ritual cultural del miedo al desconocido porque es lo que sabemos hacer, o lo que nos deja tranquilas con el mandato tradicional. También nos han enseñado que no es bueno que nos dejemos tocar -ojo con la imagen pecaminosa de una dama que goza con roces non-sanctos- y sin embargo nos encanta fantasear con que él nos toquetea. Como sea, en aquel momento me alegré del humor de mi monólogo interior y decidí que me entregaba al disfrute, porque valía la pena.
Cesé el debate conmigo misma y me perdí (y me encontré) en él, sin deberes, orgullos ni vanidad. 
Al cortar la transmisión de mi diálogo interior, aligeré el peso del severo yo y me dejé llevar hacia el más crudo erotismo con un encantador desconocido. Por supuesto, no solo no me descuartizó el encantador desconocido sino que pasé una de las mejores noches de aquel año, con uno de los hombres más bellos que he encontrado en mi vida (hermoso física y afectivamente, halagador y de una turbadora y a la vez tierna firmeza en el deseo).
De todo esto me acordé, días atrás, leyendo el ensayo La agonía de Eros del lúcido Byung-Chul Han, este filósofo alemán de origen coreano que se las trae:  "La negatividad de la muerte es esencial para la experiencia erótica. ‘El amor no es , o es en nosotros, como la muerte’ (dijo Bataille). La muerte se dirige sobre todo al yo. Los impulsos de vida eróticos lo inundan y deshacen los límites de su identidad narcisista-imaginaria (…) Tanto la renuncia a la identidad imaginaria del yo como la supresión del orden simbólico, al que el yo debe su existencia social, representan la muerte, una muerte más importante que el final de la mera vida".
Han habla de la "mera vida" como la pura supervivencia sin riesgos, llena de seguridades y contrapuesta a la "vida buena", en el sentido en que la concebía Aristóteles: "algunas personas suponen que es una función de la administración doméstica el incrementar la propiedad y viven continuamente bajo la idea de que es un deber salvaguardar sus haberes monetarios o incrementarlos hasta una cuantía ilimitada. La causa de esta actitud de la mente está en que sus intereses están puestos en la vida, pero no en la vida buena" (Política).

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Han da un paso más allá del que dio Zigmunt Bauman cuando acuñó el concepto del amor líquido (tema al que dedicamos un post hace algunas semanas), para decir que no es solo que las posibilidades tecno-multiplicadas en la oferta actual de amor y de sexo nos impiden quedarnos con alguien, sino que estos tiempos en que todo está "aplanado para convertirse en objeto de consumo" han creado un sujeto narcisista. Este sujeto actual está sometido, en el orden social del neoliberalismo, al dictado del rendimiento y el éxito y, por tanto, el otro ha desaparecido. Sin la alteridad  –o con "el otro suplantado por el confort de lo igual– no hay deseo: "el Eros se dirige al otro en sentido enfático, que no puede alcanzarse bajo el régimen del yo. Por eso, en el infierno de lo igual, al que la sociedad actual se asemeja cada vez más, no hay ninguna experiencia erótica. Esta presupone la asimetría y exterioridad del otro".
Explicándolo un poco más: "El eros como exceso y transgresión niega tanto el trabajo como la mera vida (…) Esta preocupación por la mera vida , por la supervivencia, despoja a la vida de toda su vivacidad (…) Lo meramente positivo carece de vida. La negatividad es esencial para la vivacidad: ‘Por lo tanto, algo es viviente solo cuando contiene en sí la contradicción y justamente es esta fuerza de contener y sostener en sí la contradicción’(según Hegel, en Ciencia de la lógica)”.

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Vuelvo a mi adorable desconocido para poner en vida verdadera estos conceptos filosóficos del valor erótico de otro diferente a este yo y sostengo:  nada hay más erotizante que escuchar en el cuerpo el deseo de nuestro compañero que expresa, como decía más arriba, lo que ansía, con una turbadora y a la vez tierna firmeza. Digámoslo de una vez: a las mujeres no nos ponen los que solo nos complacen sino aquellos que nos hacen sentir su hambre de esta piel y nos piden y gozan cuando les damos placer, y así gozamos, también nosotras, en la alteridad.
"El poder de Eros implica una impotencia en la que yo, en lugar de afirmarme, me pierdo en el otro o para el otro, que me alienta de nuevo”. Porque, y cita Han a Marsilio Ficino: "amor también significa morir en el otro".



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Sexo en hoteles


Por: | 05 de mayo de 2014

"Estás más gritona hoy", me dijo alguien recientemente en medio del acto. "¿Más de lo normal?", me pregunté... Pensé en el orgasmo que acababa de experimentar un par de minutos antes, y efectivamente, había sido mas ruidosa y no solo era debido a las ganas que sentía, sino que además era porque estaba en un hotel. Porque el dónde también importa, y mucho, como decía Silvia por aquí hace un par de semanas.

Venus O'Hara

Pero no solo el volumen de mi éxtasis sexual sube en un hotel. Hay algo que sucede nada más cruzar la puerta de la habitación: siento ganas de ser más desordenada, y, a menudo, más atrevida de lo normal. Volviendo al tema del ruido, sé que es porque no me preocupa lo más mínimo quien me puede escuchar, porque no me conocen. Por lo tanto tampoco tengo que preocuparme por cruzarme con alguien en el ascensor, o durante el desayuno el día después, que no ha podido dormir en toda la noche por culpa de mis gemidos, porque sé que no les veré más en la vida.
Incluso para las parejas que llevan muchos años juntos, ir a pasar la noche en un hotel es perfecto para romper la montonía y hacerlo en un entorno diferente. Para los infieles, los hoteles por hora son ideales para encuentros ilícitos con el tiempo limitado, aunque normalmente esos límites no los suelen imponer los hoteles, sino los compromisos de la vida oficial. Según un amigo mío infiel, es justo ese límite de tiempo que hace que se aproveche de cada segundo a solas con su amante, simplemente porque es la única oportunidad que tienen para la intimidad. También son ideales para personas que todavía viven con sus padres, en pisos compartidos, o que no disponen de un coche.
Sean cuales sean las circunstancias de hacerlo en un hotel, no todos los establecimientos tienen el mismo sex appeal. Está claro que los de lujo ponen mucho más que los baratos, y ahora que estamos en crisis, tener el antojo de hacerlo en hoteles no se trata de un hobby económico, desde luego. Pero si eres como yo, y te importa más la calidad del lugar que el destino, siempre hay buenas ofertas en los hoteles de lujo en zonas industriales o en los que se encuentran cerca de los aeropuertos, durante los fines de semana.

Venus O'Hara hoteles

Hay personas que sueñan con despertarse con su pareja o amante en París o en Venecia, u otro destino romántico, pero yo últimamente estoy soñando con despertarme en un lugar como Hospitalet de Llobregat. Además, para cenar se puede ir a un bar auténtico para unas tapas y después pasar por la tienda de alimentación para una botella de vino o cava u otra de agua para evitar tener que tomar del mini-bar que siempre sale caro.
Aunque no se puede negar que tener una habitación con vistas tiene mucho encanto, la verdad es que me gusta tanto hacerlo en hoteles que si tuviera que escoger entre una habitación de uno barato con vistas al mar o uno de lujo con vistas a un patio de luz oscuro, siempre escogería la segunda opción. Pero en cualquier caso, hacerlo allí para mí es la garantía de que seré más gritona de lo normal.
Y a ti, ¿te gusta hacerlo en hoteles?


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Imaginación al poder


Por: | 03 de mayo de 2014
Por Encarni Arcoya (*)
¿Juguetes sexuales? Son el día a día de las parejas, los solteros y las solteras. Ya no hay tanta censura en el placer, el deseo, la lujuria o el sexo, como antaño pasaba. Hoy, tener un juguete erótico es lo normal, la moda; da igual si eres hombre o mujer, si eres experto o no.
Desde que se crearan los vibradores como un instrumento "de salud" para tratar la "histeria femenina", son muchos y muchas las que hablan abiertamente de su sexualidad, de los juguetes que tienen o quieren y, por qué no decirlo, de trucos, fetiches y demás asuntos en torno al sexo.

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Bambu productions/Iconica (Getty).

Sin embargo, si has sido o eres una persona imaginativa, no tienes por qué pensar en tu presupuesto mensual ni en tomarte horas decidiendo qué tipo de vibrador o juguete erótico sería el más acertado. ¿Y por qué? Pues sencilla y llanamente porque en el hogar hay muchos objetos que pueden ser utilizados con un objetivo diferente para el que fueron diseñados. De hecho, pasaré a darte algunas ideas para desatar tu imaginación (y de paso mirar las cosas desde otra perspectiva).
Cubiertos. Dentro de ellos, los tenedores y las cucharas son los mejores instrumentos para disfrutar de ellos, ya sea solo o sola, o en compañía.
La cuchara, por ejemplo, puede tener dos usos, uno en frío y otro en calor. Prueba a meter una cuchara en el congelador y otra en una jarra con agua caliente. El cambio de sensaciones entre frío y calor puede ser un estímulo intenso en tu propio cuerpo o en el de tu pareja.
Y, siguiendo con los cubiertos, también tendrías el tenedor, eso sí, usado con suavidad. Pasarlo por el cuerpo de tu pareja estimulará esas zonas erógenas dejando las terminaciones nerviosas a flor de piel para un beso, una caricia o lo que se te ocurra. Si no me crees haz la prueba; además, no tiene por qué ser en una zona concreta o más erótica (como los pechos o los órganos sexuales) sino que zonas como el cuello o las plantas de los pies (con las cosquillas que solemos tener en esas regiones) pueden valer. Todo es pensar dónde se puede tocar para incentivar el deseo.
Accesorios de ropa. Y con ello me refiero, entre otras cosas, a la corbata o el cinturón. Ya sabes la gran acogida que tuvo la trilogía escrita por E.L. James, 50 sombras de Grey, donde el protagonista, dominante y experto en BDSM (según la trama de ese libro), utilizaba varios instrumentos, entre ellos la corbata.
Pues eso es lo que puedes proponerle a tu pareja, o bien plantearte tú si te gusta sentirte restringidoa en tus movimientos. La corbata, además, no hace tanto daño como la cuerda y, en caso de problemas, es más fácil de liberar. Una bufanda, un fular o similar también te pueden valer.
¿Y el cinturón? ¿Te imaginas para qué puede servir? Pues sí, para aquellos a los que las nalgadas los excitan. No hay que golpear demasiado fuerte al principio y, lo bueno, es que es más fácil de controlar que un látigo, flogger u otro instrumento de estos (que te costaría mucho más) para obtener el mismo placer).
Chicles. No, no es que te vaya a pedir que los mezcles con el de tu pareja. Pero un chicle te puede servir para hacer un anillo para el pene a tu pareja. Eso sí, tienes que dejar que se endurezca un poco para conseguir la sensación de presión que hará mejorar la erección y el tiempo de esta.
Mango de la ducha. Este es más para las mujeres pero también los hombres, en los testículos, pueden encontrar un momento agradable.
En el caso de la mujer, desde pequeñas aprenden que la alcachofa de la ducha puesta en lugares estratégicos, puede otorgar un dulce y placentero baño. Si no lo has probado ya puedes hacerlo, sola... o con compañía.
Cepillo de dientes. Son muchos los que conocen las ventajas de un cepillo de dientes eléctrico para la salud dental pero también la salud sexual se puede ver beneficiada por ello. Así que ya puedes estar poniéndole un preservativo y descubriendo que no te hace falta ningún vibrador.
Si solo usas el cabezal para esa zona íntima puedes quitarle el condón y usarlo para "acariciar" el clítoris o la punta del pene. El resultado es sorprendente.
Otros "vibradores" caseros podrían ser la lavadora o el propio móvil (además de que existen aplicaciones que convierten a este aparato en un vibrador con varios modos de juego).
Verdura. ¿Quién dijo que la verdura era aburrida y cansaba? Zanahorias o calabacines son dos ejemplos que pueden convertirse, lavándolos un poco, y con un preservativo, en todo un consolador (dependiendo del grosor puede ser un "gran consolador" que nada tendrá que envidiarle a otros cuya utilidad es solo esa).
Estos no son, ni mucho menos, los únicos que hay. La menta, para el sexo oral, un cepillo del pelo, unas pinzas, un bastoncillo de los oídos, unos palillos, unos alfileres, algo de hielo... todo eso y más pueden convertirse en herramientas eróticas muy deseables y placenteras pero, ahora, te toca a ti disfrutar de ellos y descubrir otros más.
¿Te atreves a mirar las cosas desde el lado más erótico?



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El secreto del deseo


Por: | 28 de abril de 2014
 
O el deseo en secreto. Hemos hablado de la necesidad de espacio y misterio que necesita el deseo sexual. Y de cómo lo apagan la cercanía, la total visibilidad o, lo que es lo mismo, las rutinas y el ambiente ‘familiar’, por poner un adjetivo que todos vamos a entender.
A nuestra lúdica vida en sombras queremos dedicarle este post. Porque casi todo el mundo esconde algo en la trastienda, todos tenemos o hemos tenido secretos traviesos y, si no, los deseamos, para ensoñarnos en los pocos momentos en que escapamos de esta convención llamada realidad.

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Dos directores de cine se regodean (sin perder un ápice de sensibilidad) en la zona secreta de las mujeres de dos familias de París: una habita los distritos de la clase acomodada y otra, el digno suburbio de los trabajadores e inmigrantes de clase media. En ambas hay hijas adolescentes provocando respuestas y madres que no las tienen, y se contradicen (como todas las madres y las hijas, y los padres y los hijos de este mundo en el que siempre adolecemos).
Dos cineastas llegan casi juntos a las salas con sus últimas y notables obras de otro 'cine familiar', y nadie debería ignorarlos. El pasado lleva la firma el iraní Asghar Farhadi (ganador del Oscar por La separación), un orfebre de los conflictos conyugales pre y post-divorcio. Joven y bonita es la última peli del prolífico François Ozon, el francés que a veces juega a Fassbinder y a veces al kitsch más sureuropeo para contar historias chiquitas con gran angular, de tal manera que lo doméstico impregna y se amplifica en lo social, y nos deja perplejos, pensando en qué estaremos haciendo mal.

"¿Podemos querer lo que ya tenemos? ¿Por qué una buena intimidad no garantiza buen sexo? ¿Cuál es la erótica prohibida? (…) El sexo no es una metáfora de la relación de pareja; es una narración paralela. Nos gustaría pensar que discurren juntas, pero cuando amor y deseo se emparentan, hay conflicto. El amor se desarrolla en una atmósfera de reciprocidad, protección y congruencia. El deseo es más egoísta. De hecho, a veces, los elementos que nutren el amor –confort, estabilidad, seguridad, por ejemplo– pueden extinguir el deseo", enfatiza la terapeuta Esther Perel , en un artículo que titula ‘El sexo necesita espacio’. Espacio y misterio, oscuridad, y a veces transgresión. Tal la fórmula magistral del deseo sexual. Porque si todo se visibiliza, si la carne se vuelve totalmente explícita, o se pone la cosa muy aburrida (como suele suceder en los matrimonios cuando lo más intrépido es la duda sobre si cambiar o no el cepillo de dientes… o el mercado lo convierte todo en una feria de vanidades y plásticos de colores, como buena parte de la pornografía actual y, en general, la industria del sexo.

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Marina Vacth en 'Joven y bonita', de François Ozon.

"El capitalismo agudiza el proceso pornográfico de la sociedad en cuanto lo expone todo como mercancía y lo entrega a la hipervisibilidad. Se aspira a maximizar el valor de la exposición. El capitalismo no conoce ningún otro uso de la sexualidad", escribe el filósofo Byung-Chul Han (en La sociedad de la transparencia).
Abro paréntesis: en este contexto de la exposición de apetecibles mercancías, todo el mundo quiere algo y una chica de 17 años del barrio más burgués de París ve normal prostituirse para tener un bolso de Prada -como lo deja caer Ozon en su filme- y una de 13, da besos de lengua por 5 euros (eso en París, aunque por ese precio, en Buenos Aires o alguna otra ciudad latinoamericana, seguramente puedes obtener una felación de una compañerita del cole en el bus hacia la discoteca). Cierro paréntesis.
"Lo erótico presupone la negatividad del misterio y de la reconditez. No hay ninguna erótica de la transparencia. Precisamente allí donde desaparece el misterio a favor de la total exposición y del pleno desnudamiento comienza la pornografía", explica Han, profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín.


Tráiler de ‘El pasado’, del director iraní Asghar Farhadi (ganador del Oscar por ‘La separación’), con Bérénice Bejo , Ali Mossafa y Tahar Rahim.

No hay erótica en la transparencia, y de eso hablan Ozon y Farhadi en sus películas sobre familias, secretos y otras obscenidades.

En sus películas, las adolescentes, como no puede ser de otra manera, se mueven entre la moral purista como dique de contención frente a cualquier duda y la subversión de todas las reglas. Casi de un día para el otro y sin paso intermedio, en el mundo en que todo se compra y se vende con total facilidad, el mismo en que cualquiera espía y reenvía correos electrónicos ajenos o pone un anuncio para que un señor se dé el gusto de penetrarte ( tan ‘joven y bonita’), después del Viagra, por 300 euros.

En sus películas no hay malos ni buenos: al fin, todos estamos buscando caricias, incluso los torpes.


Tráiler de ‘Joven y bonita’ de François Ozon, con Marine Vacth.

Las chicas parecen llegan más lejos que sus madres en esto de transgredir límites morales, pero sus madres tampoco pueden vivir alimentándose solo de ser buenas madres, trabajadoras y esposas. ¿Quién no esconde subversivos instantes románticos en el extramuros de la familia ejemplar? Roces furtivos o e-mails sugerentes nutren las fantasías eróticas y el duermevela de las madres (y los padres) que así soportan la vida cotidiana de maridos y esposas dirimiendo los asuntos domésticos y alcanzando los niveles más altos de aventura a la hora de decidir qué casa alquilar en la próxima temporada de esquí.
La chica de 17 años que se prostituye por dinero sin necesidad de dinero dice que casi no siente nada en el momento en que está con el tipo en el hotel, dejándose hacer o cumpliendo sueños efímeros del otro y, sin embargo, recordarlo en su casa o en el instituto la hace volver a desearlo. He aquí la oscura e inexplicable naturaleza del deseo.
Hagamos un recuento de deseos no políticamente correctos, de esos que pasan como flashes sin reflexión por nuestra vida diaria, o de situaciones prohibidas cuya sola evocación nos erotiza. Y volveremos a tener secretos, pícaros, inconfesables.



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