Dejarlo o no dejarlo, he ahí la cuestión


Por: | 13 de mayo de 2014
 
Vivimos en una sociedad consumista donde las cosas, cuando no funcionan, se tiran a la basura. Puede que con esto de la crisis vayamos más al zapatero a hacer un apaño, pero hay algo que nos sigue costando intentar arreglar: nuestra pareja. Hemos aprendido que la vida es corta, que hay que pensar en uno mismo, que hay muchos peces en el mar y que a veces es más fácil pasar página que enredarse en una misma línea. Pero también, y sin darnos cuenta, hemos empezado a creer que el amor puede ser un producto de usar y tirar.

A la basura

El problema, una vez más, pasa por qué entendemos por amor. Muchos lo confunden con la palabra 'enamoramiento'. Es decir, con esos suspiros tontos, las mariposas en el estómago, el ir cantando canciones tontas por la calle (estando contigo, contigo, contigo, de pronto me siento feliz) y contar los segundos de las horas que faltan para ver otra vez a esa persona. Pensémoslo: si viviésemos en esa etapa para siempre, seríamos seres incapaces de centrarnos en cualquier otra cosa, y simplemente no sobreviviríamos.
El amor no es enamorarse. Es lo que queda cuando conoces realmente a la otra persona, y decides convertirlo, por y pese a todo, en tu compañero de viaje. Claro que cuando uno viaja vive muchos y diversos momentos. Momentos de felicidad y de ilusión cuando se descubre algo nuevo o especial, de risas, de noches geniales, pero también de cansancio, de hastío y de agotamiento. Tener pareja es un largo viaje, y por ello, habrá momentos para todo.
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Una de las imágenes del trabajo de Murad Osmann, de las que ya nos habló aquí JoanG. 

No es de extrañar que si entendernos a nosotros mismos ya es difícil, entendernos con el otro lo sea mucho más. Sobre todo cuando el tiempo pasa, y hay más confianza. Porque eso que antes te parecía entrañable, ahora te saca de quicio, y lo que antes te callabas, ahora lo sueltas en cuanto puedes.
Cuando el tiempo de la seducción y el coqueteo ha pasado, y ya sabemos lo que es entrar uno después del otro al baño, la cosa cambia. Somos nosotros mismos, y lo somos para poder entregarnos en cuerpo y alma al otro, pero también para mostrar nuestros defectos, y atacar los suyos. Quizás es por eso que con la persona con la que más discutimos en este mundo (más que con nuestras madres, incluso) es con nuestra pareja.
Porque, lo siento mucho: las parejas discuten. Unas más, otras menos, cierto; pero discutir, discuten todas. No solo es normal sino necesario. Alivia tensiones, permite avanzar, aprender de los errores para mejorar, y a veces brinda grandes reconciliaciones. Es imposible que existan dos personas que coincidan en todas sus opiniones, que no tengan ningún roce de convivencia, o que alguna vez no metan la pata en algo. Y si las hay deben de ser de lo más aburridas y deben acabar discutiendo por puro hastío. La pregunta es, ¿y si discutimos demasiado, deberíamos dejarlo?

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Imagen vía 'Cuanta Razón' 

De hecho, y si lo pensáis, ese es el argumento que muchas parejas dan para finalizar su relación: “es que discutíamos mucho”. Es cierto que en ocasiones hay temas que son irreconciliables (por ejemplo si no se está de acuerdo en tener o no tener hijos), relaciones en las que nos damos cuenta de que somos del todo incompatibles, u ocasiones en las que nos hemos aportado ya todo lo que nos teníamos que aportar. Pero en muchas otras, incluso diría que una gran mayoría, el problema es que nos hemos vuelto cómodos. No nos gusta trabajar, ni luchar por conseguir las cosas, y nos rendimos fácilmente. Preferimos revivir la magia del principio con una nueva persona, sin tener en cuenta que, a la larga, los problemas siempre terminarán por aparecer de nuevo.
Tener pareja es de las cosas más bonitas del mundo, pero también es de las más difíciles. Si creemos que encontrar a nuestra media naranja es complicado, no sabemos que el verdadero reto será mantenerla a nuestro lado. Que siempre habrá malas rachas, o momentos en el que alguno de los dos, o los dos, quieran dejarlo todo, pero que a veces son solo eso: rachas, momentos.  Hay problemas que vas a tener siempre con cualquier pareja, pero hay relaciones que te aportan lo que puede que no te vuelva a dar otra.
Es complicado. A veces se entra en ese círculo complejo en el que vemos todo lo negativo y nos cuesta ver lo positivo. Pero si apostaste por esa persona es que lo positivo existe, y sería injusto decidir sobre una relación solo con algunos elementos sobre la balanza. A veces es necesario entender que una relación es una carrera de fondo, y no pasa nada por parar un momento, respirar, beber agua y coger fuerzas, para volver a lanzarse a correr de nuevo.


Si decidís daros un descanso, mejor dejar claro desde el principio si es un tiempo de reflexión o si estaréis abiertos a otras personas, para que luego no haya malentendidos, como esa eterna frase en 'Friends'.

Quizás entonces seamos capaces de verlo todo con más perspectiva, para valorar realmente lo que tenemos o no tenemos. Ya que en realidad nunca podremos tenerlo si no nos involucramos realmente. Cuando encontramos a una persona que de verdad merece la pena es de locos darse por vencidos a la primera.
Nadie sabe cuánto dura el amor, ni si esa pareja estará con nosotros toda la vida. Pero sí que hay personas por las que merece la pena hacer uno y mil remiendos antes de probar con una prenda nueva, que puede que nunca nos siente tan bien como aquella.


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