¿Para qué cuidar tanto esa flor?


Por Silvia Quispe Ramírez 

"El hombre promete hasta que la mete", decían con aire de sabiduría nuestras abuelas. "Cuida tu flor, hijita", repetían nuestras madres con cierto timbre de mandato cuando salíamos con un hombre por primera vez. Cuidar de nuestra virginidad era la consigna.

Leandro lamas

Conversaba con un amigo sobre este juego del "tira y afloja" que debemos cumplir las mujeres para captar el interés del hombre que nos gusta antes de entregarnos en la intimidad. Desde mi humilde experiencia (propia y ajena) le argumentaba a él que nosotras tenemos que demorar lo más que se pueda el primer encuentro sexual para que el hombre no se la lleve "fácil". Sustento esta idea basándome en la teoría de que el varón es un cazador por naturaleza y por ello es necesario que nosotras no seamos "presas fáciles"; pues de serlo, ellos –dice la teoría- pierden rápidamente el interés y se van en busca de otra presa.
Él me refutaba diciendo que eso solo sucede cuando el hombre es un ser machista con mentalidad troglodita (léase, pensamiento arcaico). Para mi amigo, que se define como un hombre de mente abierta, no hay momento adecuado para tener sexo por primera vez porque el hombre siempre está pensando en acostarse con la chica desde el primer día que sale con ella. Él piensa que si ambos tienen ganas, para qué esperar.
Siguiendo la conversación, le pregunté qué opinaba de las mujeres que quieren llegar vírgenes al matrimonio. Muy sorprendido y con los ojos bien abiertos me respondió: "eso no es sano. Reprimir la sexualidad va contra la naturaleza del ser humano", me increpó.
Vivo en un país latinoamericano donde hablar de sexo no es algo que se haga abiertamente y la mujer todavía es juzgada por vivir su sexualidad. Cuando menciono esto de "vivir su sexualidad", hago referencia tanto a aquella chica que no tiene reparos en disfrutar del sexo a plenitud, como a quien ha decidido esperar a casarse para entregarse al ser amado.
En la sociedad machista que aún existe en estos tiempos de globalización aún se juzga mucho el comportamiento de la mujer. Lo lamentable es que las críticas no solo vienen del bando masculino; muchas veces los comentarios más duros llegan desde el lado femenino. Nos criticamos duramente entre nosotras.
Vivir la sexualidad con convicción es lo que vale. Si tú, mujer, has decidido experimentar con tu cuerpo, descubrir tus zonas del placer y disfrutar del sexo plenamente, hazlo con seguridad y responsabilidad, sin remordimientos ni cargos de consciencia.
Si aún no sabes nada del sexo, busca información objetiva y veraz. Conversa con un ginecólogo, es la persona más capacitada para despejar tus dudas y miedos. Iniciarse en la vida sexual requiere de responsabilidad, solo así podrás experimentar con seguridad y sin temor.
En caso hayas decidido esperar hasta casarte para vivir tu primer encuentro sexual, está perfecto. No te sientas como un bicho raro por haber tomado esa decisión. No hagas caso de los comentarios de la gente que te dice que estás fuera de moda o que –como menciona mi amigo– es antinatural no querer tener relaciones sexuales hasta después del matrimonio. Mientras esta sea una idea en la que crees por convicción y no por imposición, defiende tu punto de vista con orgullo y sin vergüenza.
Basta ya del "tira y afloja" en las relaciones hombre y mujer. No hay un tiempo exacto para iniciar la vida sexual. Si ambos se atraen y saben lo que esperan el uno del otro, basta de jueguitos, deja eso para los adolescentes. Los hombres y las mujeres que saben lo que quieren van por ello y lo toman. Punto.
Si te critican por ser directa, es problema de los demás. Si te juzgan por ser conservadora, son personas intolerantes. Aprópiate de tu sexualidad, disfruta del sexo a tu manera. Si te ven feliz y complacida, tal vez los que te juzgan querrán experimentar un poco de tu dicha. Sé tú misma.



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