Sexo, trabajo e identidad: la otra frustración de 'los de abajo'


Por: | Por Luis Luna (*)

Acaso no sean las imágenes del amor, la pasión y el sexo más que un cúmulo de estrategias de dominación y de consumo elaboradas a través de los siglos y de las distintas etapas históricas por las élites dominantes. Esta afirmación surge de la lectura meditativa de algunos textos de Matías Escalera Cordero, un escritor y poeta de la corriente de la conciencia crítica, según la acertada denominación de Alberto García Teresa.
En sus textos queda claro que la pertenencia a la clase trabajadora (o "los de abajo", como diría Mariano Azuela: un término que viene usándose de nuevo) determina una manera de pensar en las relaciones amorosas y sexuales distinta, que choca frontalmente con esas imágenes ideales de los señores que provocan inevitablemente frustración y dolor a partes iguales.
¿Quién, en su sano juicio, después de haber trabajado 10 ó 12 horas puede cumplir con las exigencias amatorias que nos marcan la publicidad, el cine o determinadas producciones artísticas? ¿Quién, acaso, después de haber cuidado de sus hijos, verse exasperado por la crisis, por la falta de recursos, puede adaptarse a la imagen de tierno enamorado?

Dibujo a domicilio
Amar es, ante todo, aceptar lo que somos y lo que queremos realmente cuando cortamos los hilos que nos sujetan. 'Dibujo a domicilio.

Se trata de conjugar cansancio y hastío con una serie de falacias intencionales que han marcado la configuración sexual y amorosa durante siglos. Para Escalera Cordero, este sinsentido debe acotarse de raíz, buscando e ideando un imaginario nuevo. En ese nuevo imaginario debe entrar el paso del tiempo, la lógica y deseable metamorfosis de los seres humanos a través de sus distintas etapas, el reconocimiento y el respeto mutuo, más allá de estereotipos a menudo cambiantes y configurados desde el poder para mantener a los individuos en una perpetua frustración consumista.
Se trata, por tanto, de establecer relaciones de liberación y comprensión que redunden en beneficio de las partes implicadas. Tantas formas de amor y de belleza hay como individuos, resultando grotescos y vacíos, a menudo, los modelos amatorios (y sus formas) impostados por la tradición. De la conversación con Matías Escalera se deduce inmediatamente el alivio que sienten los asistentes a sus recitales cuando comprenden que no deben 'amar como' sino 'amar para'. Esa preposición es importante no solo para la dinámica de grupos y las exigencias sociales, sino para el amor. Ese 'para' se resuelve en cada pareja. Debe ser ella y solamente ella, de una manera plural y abierta, la que consensue su forma de relacionarse.
Sin embargo, esa construcción tiene un tiempo deconstructivo, un tiempo de señalamiento de estas falacias en sus distintas manifestaciones. ¿Qué es la pasión?, ¿un asunto de lenguaje? ¿O es tal vez un instrumento de dominación, como ya hemos apuntado? Escalera parece decirnos que es todo eso y más, porque la pulsión eros es uno de los motores más fuertes del ser humano. Un aspecto de vulnerabilidad que el poder ha sabido instrumentalizar durante siglos. Así lo describe el autor en un relato titulado Las rebajas (de Historias de este mundo) donde una pareja fatigada por el tiempo de convivencia resume todo su aislamiento en acudir a un centro comercial donde se anuncian rebajas. Ese consumismo salvaje e intencionado les salva de hablar, de mantener relaciones sexuales, de compartirse.
En otro relato, Escalera Cordero incide también en este tema, estableciendo el consumismo como una alternativa a la relación, consumida hace tiempo por la insatisfacción de no reconocerse en el otro. Y es que ese es el gran peligro del consumismo: la creación de unos modelos inalcanzables, dentro de una lógica de la insatisfacción que dispara, por ende, el consumo de lo inalcanzable. Es ahí donde entran en juego las relaciones de poder.
Si el poder que se detenta proviene de la economía, será ese mismo poder el que provoque los modelos amorosos y la pasión, estableciendo una cadena de siglos en la que el arte –en la medida en que viene propugnado por unos mecenas que desean vender sus productos– deja que este perverso juego siga estableciendo por turnos quién y cómo se satisface. La imitación hace el resto, después. Y así nos encontramos presos de una falacia completamente intencional.





Consumir o hacer lo que hay que 'ser' como alternativa a compartirse, a amarse. Quizá poder liberarse de los cordeles del "esfuerzo" para convertirnos en lo que esperan de nosotros. Imperdible 'Todos queremos lo mejor para ella' (2013), de Mar Coll,  con las inmensas Nora Navas y Valeria Bertucelli.

Salir de ese yugo no es sencillo. Para ello debe haber pensamiento crítico, búsqueda de una realidad otra, basada en la comprensión y en la autoaceptación. Y esa es tal vez una revolución sexual pendiente para todos. En esto es en lo que insiste Escalera Cordero en cada uno de sus textos sobre el tema. Hacerse adulto es también hacerse crítico, construir la realidad que nos rodea para modificarla. Decir un sonoro "no" a lo impuesto, a lo establecido durante siglos de sumisión a unos modelos que no son nuestros. Y salir de la rueda de la insatisfacción perpetua que es la que promueve un sistema asfixiante y salvaje. Se trata, por tanto, de dejarnos sentir, sin más. Cuando y donde podamos. Y tener en cuenta que el otro es, en realidad, alguien a quien amamos no a quien poseemos o frente a quien debemos demostrar nada.
Los textos de Escalera Cordero buscan esa verdad tras los espejismos de lo que nos esclaviza. Saber amar es, ante todo, una forma de empoderamiento, una forma de aceptación de quiénes somos y de qué queremos realmente cuando cortamos los hilos que nos sujetan.

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