El introspectivo (o por qué hay hombres de orgasmo tan silencioso)

Por Marla Singer

En la película Frankie and Johnny, ese drama romántico de finales de los años 90, Al Pacino (que todavía era un madurito apetitoso) encarnaba a un cocinero que se enamoraba de Michelle Pfeiffer, camarera de un bar, pero antes de meterse en su cama probaba el resto del menú del restaurante en el que los dos trabajaban.
Cora, una de las chicas que había apostado que podía acostarse con él y ganaba, le contaba después al resto del gremio femenino que él era muy bueno en la cama, pero que había algo raro con su orgasmo. No tenía gesto, sonido, ni un carraspeo. El tipo implotaba. Y eso que ella se había dejado puestos unos altísimos tacones altos -fetiche infalible, en su opinión- y le había dedicado una de sus mejores performances.

FJ
'Frankie and Johnny'.

"La verdad, no pareció que hayas acabado. Es decir, normalmente un hombre gime o algo así. Tú ni siquiera aclaraste tu garganta", le decía ella, textualmente, mientras se quitaba los tacos inútiles. El comentario podía responder al orgullo herido ("no lo excité lo suficiente"), al mero código civilizado del sexo casual ("podría al menos haber fingido, ¿no?") o a un tercer motivo, mucho peor: el tipo se devora el placer antes de que brote, lo suprime.
Sin estadísticas más que la mera experiencia o algunas charlas de chicas, sabemos que algunos hombres tienen el síndrome aún-vivo-con-mis-padres o el de no-despertemos-a-los-niños/vecinos/compañeros de piso. Años de sexo silencioso pueden causar estragos en los hábitos de cualquiera, pero que el modo mute continúe en hombres adultos que se revuelcan en una casa vacía en la que nadie puede oírlos no deja de ser extraño.
Y en alguna ocasión te pasa. La primera vez queda una sensación extraña. Pero cuando vas a la cama varias veces y el hombre en cuestión sigue siendo un Buster Keaton sin siquiera capacidad gestual, te preguntas, le preguntas, cosas como: "¿acabaste?", y el chico te dice que sí, mientras miras con desconfianza el preservativo buscando datos fácticos. "¿Seguro?", insistes, y él te responde que sí, que si alguien en este mundo sabe cuándo tiene un orgasmo es él mismo. Y entonces te queda preguntar "¿Lo has pasado bien al menos? Porque sonido no hay" y él dice que "genial", que él es así, que tuvo un orgasmo delicioso, pero que no suele notarse.
Te quedas pensando en que qué raro es todo. Que es como esa gente que pone gesto reflexivo , sonríe apenas y asegura que pensó algo divertido pero que se está riendo para sus adentros. Y uno piensa: o no tienen sentido del humor, o tanta gracia no les causó. Bien vale entonces esa clásica frase de maestra: "Dilo en voz alta, así nos reímos todos".
No queremos un Tarzán histriónico que se golpee el pecho al grito de gol cada vez que eyacula, pero que la única expresión sea un mínimo espasmo, más que una mezquindad con el otro parece una imposibilidad de compartir el goce. Y siempre existe el severo riesgo de ahogarse de placer. Por cierto, en una época hubo un grupo en Facebook (para todo hay un grupo en Facebook) titulado "No a los orgasmos silenciosos". No sé si todavía existe, pero "me gusta".

0 comentarios:

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...