Cuando la vagina se vuelve santa " e intocable "

Por:
 
Por Laura Cámara Roca

Hace poco leía en un libro del sexólogo Antoni Bolinches algo que no deja de sorprenderme, pues nunca antes me lo había planteado. Y nunca se me ha dado el caso, aunque no deje de tener cierto sentido. Bolinches sostiene que los hombres pueden experimentar una falta de deseo sexual después de asistir al parto de sus hijos. Explica que esto puede deberse a que el hombre deja de ver la vagina de la mujer como algo relacionado con el placer y el disfrute para pasar a considerarlo un lugar que ha albergado el nacimiento de su hijo.
Yo lo veo algo así como la beatificación de la vagina, que hasta el momento del parto representaba el placer carnal.


Soy matrona y sexóloga, así que el tema me llamó poderosamente la atención. El mismo Bolinches reconoce que el asunto no está exento de polémica.
¿Resulta, entonces, que los hombres que acompañan a sus mujeres, a quienes yo, a su vez, acompaño en sus partos, pueden tener luego problemas de deseo sexual? No pude evitar sentir cierto desconcierto, pues yo siempre he pensado que la presencia de los padres en los nacimientos es totalmente beneficiosa. Ahora me cabe cierta duda de si, después de tal momento, la vida sexual de esa pareja se verá afectada en sentido negativo.
¿Cómo influye en un hombre asistir a un acto tan real, tan animal, tan puro, pero tan impresionante como es un parto? Un alumbramiento en estado puro, con su gemidos, con su dolor (que no siempre sufrimiento), con su distensión y apertura, con sus 3 kilos de bebé saliendo por aquel orificio que hasta ese momento se consideraba lugar de placer, de calor y humedad, de otro tipo de gemidos...
¿Puede alguien presenciar el nacimiento de su hijo sin que cambie su percepción de la vagina? ¿Se corre por eso el riesgo de dejar de tener a la vagina en el podio del placer sexual (que es donde ellos la ubican, normalmente)? No tengo respuesta al ciento por ciento, así que sería mejor preguntárselo a hombres y padres.
¿Nos ponemos en situación?
Antiguamente, los hombres no colaboraban en las tareas del parto: ni asistían ni les interesaba estar presentes durante el nacimiento de sus hijos. Aquello se consideraba "cosa de mujeres", con lo cual, ellos se dedicaban a esperar. Esperaban en el campo, en el sofá, en el pasillo del hospital, seguro que alguno esperaba jugando la partida en el bar... En fin, sin bromas... todo, según la época, tipo de hombre y situación de pareja. Los cuidados de los partos eran transmitidos por mujeres que ya habían tenido hijos y por parteras o matronas. Primero, rurales y, después, hospitalarias.
Esto cambia en el contexto actual de la necesaria igualdad de roles y buscando siempre la mayor participación masculina en la crianza, el fortalecimiento de los lazos de la pareja y el aumento del instinto paterno.
Pero ahora, según el citado libro, resulta que los hombres pueden ver afectada su libido por asistir a los partos. ¡Pues mal arreglo estaríamos haciendo entonces!
Obviamente yo veo adecuado que los padres acompañen a sus mujeres a los partos. Pero siendo abogada del diablo me planteo si la libido de la pareja con hijos puede soportar otra herida más. ¿No es suficiente con esos roces y distracciones que generan la crianza, la lactancia, la conciliación de la vida laboral y familiar, la rutina sexual, el cansancio y la supuesta falta de deseo que produce el natural paso del tiempo, que ahora debemos añadir otro temor y otra losa?

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                Dibujo a domicilio

Dicho esto, no deja de parecerme extraño pensar que si una mujer es capaz de vivir un parto en primera persona, de recuperarse de sus secuelas, de volver a ser mujer (deseosa o deseable) además de madre, no pueda hacerlo un hombre. Pero ese es otro tema.
Siguiendo con el lado masculino. Como sexóloga, no he vivido una consulta por este motivo. Y, realmente, me gustaría saber si vosotros, hombres parejas con hijos, padres que habéis asistido en primera fila al nacimiento de vuestros hijos/as podéis corroborar lo mencionado por Bolinches.
-¿Sueñas con esa cabeza saliendo de la vagina de tu mujer, estirando tejidos y amoratando la vulva?
- ¿Miras con ojos de cordero degollado sus genitales cada vez que os disponéis a tener sexo?
- ¿Se te han quitado las ganas porque has dejado de ver a tu mujer como diosa del sexo, para verla como madre sufridora?
No sé exactamente qué voy a tener que hacer a partir de ahora. ¿Tendré que preguntar seriamente a los padres que quieran asistir a los partos: "Oye, hay un riesgo de que nunca vuelvas a ser el mismo después de esto, que pierdas el deseo sexual hacia ella. ¿Serás capaz de superarlo?"
¿Tú que crees que contestarán los futuros papás? ¿Tu que contestarías? ¿Arriesgarías, si fuera cierto, tu deseo sexual por ver a tu bebé llegando al mundo?
También se me ocurre, compañeras matronas, que cuando las parejas realicen la educación maternal, incluyamos un nuevo ítem en los puntos a tratar: 'Estudio de la vagina y sus funciones' (para que el tema no coja desprevenido a nadie).
Y tú, mujer, ¿sigues queriendo que tu pareja te acompañe al parto, si luego alguien te sugiere que va a perder la lujuria, o mejor llamas a tu hermana?

 elpais.com/eros 09 de mayo de 2015

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